El pensar distinto, ¿dejó de ser un derecho?
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailSeñor Director:
Ya van casi ochenta días del conflicto entre el Gobierno y el campo y lo único que nos queda al resto de la población es escuchar las noticias y esperar para saber cómo se resuelve. Pero esta situación ha ido cambiando los sentimientos en la gente y a mí, por lo menos, lo que me genera ahora es tristeza y sensación de desprotección.
Estuve atenta escuchando la palabra de De Angeli cuando vino a la ciudad y realmente sentí que hablaba desde el corazón. Y no me pareció en absoluto un mensaje revolucionario o político como algunos sectores lo quieren catalogar, por el contrario, sus dichos apuntaban al bienestar de la sociedad, a la unión, a la defensa del trabajo y a la aceptación de las normas que deba imponer el Gobierno, que siempre son necesarias, si no, viviríamos en anarquía.
Ahora, lo que da tristeza es la indiferencia del Gobierno, que no termina de demostrar qué tipo de democracia está ejerciendo, porque dentro de este sistema también se encuentra la instancia del diálogo y la negociación que, de ningún modo es el arreglo o coima, es el acuerdo para que nos favorezca a todos.
También escuché a otro dirigente del sector de la carne diciendo que él había formado su patrimonio trabajando duramente y no cortando rutas o desabasteciendo a la población. Creo que está bueno aclararle que la gente de campo no tiene este modo de actuar frecuentemente y hasta podría decir que se lamenta de no poder estar en su tierra trabajando y viendo cómo crece su siembra. El trabajo de campo es muy sacrificado, hay que saber mucho para que rinda, hay que trabajar horas, hay que resignar ganancia cuando el tiempo no acompaña y en época de cosecha no se conoce el descanso.
Me animo a decir que la gran alegría del productor agropecuario es ver cómo rinde la cosecha y cómo se llenan los camiones de cereal o vegetal tan esperado. Tampoco el agricultor especula con el dinero ni tiene una cuenta en el exterior, sólo se alegra de poder pagarle al peón y refaccionarle la casilla donde pasa la noche. Este es al menos el hombre de campo que yo conozco, el que pasó el amor por el oficio y por la tierra de generación en generación. Por supuesto que hay algunos adinerados que sólo dirigen la gran industria y lo manejan con un testaferro, pero a éstos no les dedicaré mi tiempo.
Me gustaría saber qué participación tiene la dirigencia política local que apoya al Gobierno. Quizás sea bueno que transmitan a las autoridades nacionales todo el descontento que hay en el interior. Y de esto surge mi sensación de desprotección.
Parece que la Presidenta no deja de recordar en cada discurso que el pensar distinto es sinónimo de enfrentamiento y oposición. Algún allegado le puede decir que el pensamiento opuesto se aprende y se repiensan las decisiones a tomar. No hay que tomar todo como una contra. ¿O será que ellos antes de ser gobierno lo planteaban así?
Y lo peor es que citan a los derechos humanos como su gran motivación de lucha y se olvidan que pensar distinto también es un derecho, apoyar a un sector que se manifiesta también lo es y una violación al mismo es amenazar con suspender alguna norma o no aprobar algún subsidio en caso de aparecer públicamente respaldando al sector en conflicto. Si esto no es chantaje, ¿qué es? ¿Alguien lo podrá explicar? Tenemos derecho a pensar distinto y no por eso seremos golpistas o queremos destituir al Gobierno.
Es una democracia rara, porque la minoría desaparece completamente y se convierte en un gobierno absolutista con el poder concentrado en dos personas que justamente son casados, porque ¿quién le ve la cara a los ministros? ¿los conocemos?
No me gusta decir que a veces siento miedo, así que diré que es desconcierto. Me acuerdo de otras épocas en que pasaba lo mismo, éramos una nación aletargada sin muchos proyectos porque no se sabía con qué cambio nos íbamos a encontrar al día siguiente. Me parece que la mayoría deseamos que el Gobierno, sea éste o el próximo, nos dirija a todos, y aceptamos los momentos de austeridad y celebramos los de riqueza, pero no queremos más la palabra autoritaria ni la indiferencia ante nuestros reclamos porque es tan cruel la soberbia de la pesada bota militar, como la del elegante zapato de taco aguja.
Claudia Sivo
DNI 20.673.091
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios