El pino centenario
Por Ana Pérez Porcio, de esta Redacción
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email
La fisonomía de la Plaza Independencia es, de tan distinta, un motivo de atracción para los citadinos y también para quienes han venido de afuera con sus familias; de modo que uno de los puntos a visitar es la Iglesia Matriz con su Museo Religioso que queda allí nomás, a mano.
La Plaza si bien está iluminada como siempre parece más oscura, tal vez por el panorama que para algunos se avizora bastante negro; sin embargo los jóvenes aprovechan a hacer el amor sobre los bancos porque total nadie repara en ellos, que siguen festejando la primavera como el primer día, bastante ajenos a lo que sucede.
Dentro del Municipio –se dijo anoche- que al Hombre se le fugó una lágrima que limpió rápidamente con la mano cuando descubrió tras los vidrios que las llamas del fuego para asar el cordero estaban elevándose demasiado, casi tocando las ramas de un pino centenario. Afuera, mientras iban poniendo la carne al asador, los transportistas hablaban con la gente, trataban de explicar sus razones: “Estamos cansados de que nos acusen y hablen desde la ignorancia”, comentó uno de ellos mientras cortaba la carne y explicó que mañana (por hoy) la plaza quedaría sin una sola señal de que allí se había hecho un asado.
Pensamos nosotros: “Le están pegando donde más le duele”, justo enfrente de su casa, le están haciendo fuego al lado del monumento a Los Desaparecidos, bajo las ramas del pino centenario que comienza a estremecerse porque las llamas se elevan como los ánimos, como la intransigencia, que a través de los tiempos ha sido un común denominador para que los miembros de una sociedad no dialoguen sino que se enfrenten como si en vez de hermanos, fueran enemigos.
La Plaza si bien está iluminada como siempre parece más oscura, tal vez por el panorama que para algunos se avizora bastante negro; sin embargo los jóvenes aprovechan a hacer el amor sobre los bancos porque total nadie repara en ellos, que siguen festejando la primavera como el primer día, bastante ajenos a lo que sucede.
Dentro del Municipio –se dijo anoche- que al Hombre se le fugó una lágrima que limpió rápidamente con la mano cuando descubrió tras los vidrios que las llamas del fuego para asar el cordero estaban elevándose demasiado, casi tocando las ramas de un pino centenario. Afuera, mientras iban poniendo la carne al asador, los transportistas hablaban con la gente, trataban de explicar sus razones: “Estamos cansados de que nos acusen y hablen desde la ignorancia”, comentó uno de ellos mientras cortaba la carne y explicó que mañana (por hoy) la plaza quedaría sin una sola señal de que allí se había hecho un asado.
Pensamos nosotros: “Le están pegando donde más le duele”, justo enfrente de su casa, le están haciendo fuego al lado del monumento a Los Desaparecidos, bajo las ramas del pino centenario que comienza a estremecerse porque las llamas se elevan como los ánimos, como la intransigencia, que a través de los tiempos ha sido un común denominador para que los miembros de una sociedad no dialoguen sino que se enfrenten como si en vez de hermanos, fueran enemigos.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios