El plebiscito por las sierras y el emotivo encuentro entre ?La Nena? y ?La Nona? italiana
Con su frescura de estudiante con mucha fuerza y ganas de servir a la comunidad, Belén Bilbao se anotó para colaborar en el plebiscito por las sierras.
Y a las poquitas horas, contaba entusiasmada que en un domicilio se encontró con una señora mayor, próxima a cumplir 93 años.
?Mientras le explicaba a la abuela de qué se trataba, ella me escuchaba con mucha atención:
-?Quiero apoyar, anotalo a nombre de toda la familia?, me dijo.
-?No puedo, se trata de una consulta individual, con todos los datos de cada persona. Me tendría que decir su nombre y apellido, número de documento y luego firmar?, le respondí.
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?Y esta señora -sigue relatando Belén- salió caminando despacio rumbo a su habitación. Volvió a donde yo estaba, con una carterita pequeña que dejó arriba de la mesa. Enseguida la abrió y extrajo su documento, para ponerlo a mi disposición y permitir que yo pudiera copiar el número?.
?Mientras cumplía ese trámite, ella me hablaba de las sierras, me decía que teníamos que cuidar la naturaleza. Me dijo que muy prontito va a cumplir 93 años. Y que nació en Italia. Yo me emocioné, pero ella también. Y mucho. La Nona italiana firmó la planilla y siguió hablando un poquito más conmigo. Al despedirse me dijo:
-?Que tengas suerte, nena?.
Y le noté lágrimas en sus ojos. Que, por supuesto, me las contagió.
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La Nona italiana nació allá por 1916. El 12 de octubre de ese año, asumía la primera presidencia don Hipólito Yrigoyen. El primero en ser elegido por el voto popular. Que sin embargo no fue del todo universal porque todavía no votaban las mujeres. Pero fue obligatorio y secreto.
Todavía éramos la Argentina opulenta. El granero del mundo. El emporio de la mejor carne vacuna.
Italia, en cambio, estaba complicada. Pocos meses antes de nacer esta abuelita tana, su país le declaraba la guerra a Austria, en el marco de la primera gran guerra mundial, que se había desatado el 28 de junio de 1914.
Esos enfrentamientos fueron crueles, como todos, pero despiadados como ninguno hasta entonces, por la cantidad de víctimas, cerca de 10 millones de muertos y varios millones más de heridos.
Esa guerra finalizó cuando nuestra Nona tenía apenas un par de añitos de vida.
Al igual que los demás países protagonistas, Italia se empobreció. Y mucho.
Al poco tiempo, nuestra abuelita, con su familia, se instaló en Tandil. Como lo venían haciendo tantos otros, desde bastante tiempo atrás.
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Quien escribe estas líneas, tuvo oportunidad de entrevistar, en el transcurso de muchos años, a buena cantidad de inmigrantes europeos. De diferentes naciones. Y todos coincidieron en que se quedaron aquí cuando descubrieron este paisaje que les recordaba sus respectivas tierras de origen. También fueron cautivados, por supuesto, por la fertilidad del suelo y las posibilidades de crecimiento personal y social.
El propio fundador Martín Rodríguez lo había advertido en el acta inaugural del 4 de abril de 1823, casi dos siglos atrás. Tras advertir que ésta sería algún día ?ciudad populosa y rica?, escribió:
“Lo bello de las alturas de la pequeña cordillera,
lo regular de su volumen con lo particular de su figura (?),
el cincel de la naturaleza se esmeró en su regularidad
y hermosura: todo allí es agradable
y todo atrae las miras del cultivo”.
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Así, prontamente, Tandil se transformó en un crisol de razas. Como en muy pocos lugares del país.
Y aquella abuelita de la primera guerra mundial sintió que -barco de por medio- había encontrado aquí su segunda patria. Su lugar en el mundo.
Aquí vivió, y vive, sus días mejores. Dejó atrás las heridas de su gente, los harapos y la hambruna de su pueblo, y quiso a este Tandil como si ella misma hubiese parido a esta tierra virgen y brava. Que supo de pioneros y de hazañas.
La Nona que a los 93 años firmó en defensa de las sierras, llegó aquí cuando todavía estaba vivo el recuerdo de la Piedra Madre que recién se había precipitado al vacío.
Ella, como nueva hija de este Tandil, se sintió nieta directa de esa Movediza de pasiones y de milagros.
La Nona italiana bien pudo haber vibrado, aquí, con los tangos cantados en vivo por don Carlos Gardel, en algunas de las tantas visitas.
Habrá sufrido la desolación y la tristeza de la tragedia de las aguas allá por 1951.
Y habrá derramado alguna lágrima de emoción, como todos, cuando la selección de fútbol llegó desde Mar del Plata, exultante y campeona, en 1960.
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Todo eso y mucho más habrá pasado por su lunga memoria aquella tarde en que le abrió las puertas de su casa a Belén Bilbao.
-?Yo te firmo, nena. Y que no destruya el hombre lo que Dios creó con tanto trabajo durante tantos siglos?.
Y le quedó tiempo para desearle suerte a Belén.
Y las dos, la Nona y la Nena, se despidieron empapadas por dos lagrimones verdes de naturaleza y esperanza.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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