El poder de los salamines
Muchas veces recorrer el ciberespacio nos depara algunas sorpresas. Sorpresas que nos llevan a repetirnos una vez más, ¡que los salamines tandilenses vuelven loco a cualquiera!
En una nota de un chapucero capitalino de las letras, pretendido periodista, abonado a las regalías del ex fracasado e irresponsable conductor del boxeo tandilense, proponía -probablemente para asegurarse una provisión estable de chacinados y las invitaciones con hotel y comida gratis (para desgracia del hotelero)- que si hubiera un premio Firpo de los que otorga Uperbox (ni siquiera es socio) para el interior, sería muy bueno que se lo concedieran a Ricardo Ledesma. Nada menos que al mayor tránsfuga que ha pasado por el boxeo tandilense, borrado luego de que se destapara una olla que olía a excusado. Sería más o menos como darle el premio Nobel de la Paz a Robledo Puch o la Secretaría del Menor a Santos Godino, ?El Petiso Orejudo?.
Lo anterior es una anécdota, pero lo sucedido hace unos días es verdaderamente un acto de supina irresponsabilidad propio del insensato e inconsciente ex dirigente que, gracias a los que quieren al boxeo, debió poner pies en polvorosa con dignidad cero. El reglamento de la FAB dice que los menores entre 12 y 14 años solamente pueden hacer prácticas dentro de su gimnasio no pudiendo competir entre sí. Con motivo de realizarse en el club Rivadavia la Expo Tandil Sport, entre otras disciplinas se incorporó al boxeo. Para darle color al espectáculo se hicieron algunas exhibiciones, entre ellas las de algunos pibes que no sabemos si tienen doce o quince años, si tienen licencia o no, si estaba el médico o no y qué prevenciones se habían tomado, toda vez que la práctica del boxeo entraña en sí misma un riesgo constante e imprevisible.
Pero aun estando todos esos detalles en regla, como podemos ver en la foto, uno de los púgiles, menor de edad, estaba expuesto a los golpes de su adversario sin el obligatorio cabezal, ¡aberrante! Una transgresión que traspasa todos los límites de la audacia y que no fue escondida, sino divulgada por el propio Ricardo Ledesma, que creía contar todavía con la protección de quien, sorpresivamente en forma telefónica, dio instrucciones a quienes lograron su destitución para que la salida fuera por presión del grupo y evitar así que las denuncias llegaran a la Secretaría de Desarrollo Social, cosa que no logró.
Acá viene lo institucional. Según lo afirma también el propio Ledesma, asistieron a esa insólita demostración tres enviados de la Federación Argentina de Box, Gerardo Poggi, Henán Salvo y Pablo Beneventano quienes provienen de la Escuela de Arbitros y Jurados de esa entidad, sin poner ninguna objeción a las más grosera de todas las infracciones al reglamento que se hayan visto en Tandil, superando ampliamente aquella donde se permitió pelear a un boxeador suspendido, que encima tenía sus cuatro últimos combates perdidos por nocaut. ¿Será el efecto desmielinizante de los salamines en el nervio óptico?
¿Para qué se hizo una ordenanza municipal? ¿Para qué se gastó tanto dinero y molestias en traer gente de la Escuela de la FAB y hacer los cursos de capacitación? ¿Para qué se formó una Comisión Municipal de Box? A la ordenanza se la ha respetado como se puede respetar el reglamento de un burdel. Por suerte los cursos dejaron enseñanzas que supieron capitalizar los hermanos Villarruel y Fassi, que por propio empeño lograron su licencia nacional. La Comisión de Box fue una ilusión, de a uno se fueron desengañando de las intenciones de Ledesma y renunciaron. Ante esta situación el director de Deportes prefirió quedarse con el más oprobioso dirigente y dejó irse a aquellos que dieron muestras de sentir en la sangre el boxeo y no el color del dinero o las ideas estrafalarias para su propio autobombo. Quien debió ser el custodio de los valores que se pretendieron recuperar para la dignidad de este deporte no supo, no quiso o acompañó esta vergonzosa debacle moral de un dirigente al que protegió hasta que el agua, o mejor, el barro, por no decir una grosería, lo tapó.
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