El puerperio de las mamás reales

El Eco

Por Luciana Barrueco (*)
barruecoluciana@gmail.com

El puerperio, desde un punto de vista fisiológico, comprende al período de tiempo que transcurre desde el nacimiento del bebé, hasta el reacomodamiento del aparato reproductor femenino, aproximadamente a las 5 ó 6 semanas posnacimiento.
Desde el punto de vista emocional, es más complejo definirlo, ya que es un período íntimo, particular y subjetivo para cada mujer. Suele describirse como de “crisis vital” porque se debe integrar una nueva identidad y dar lugar al maternaje. Implica sufrir cambios, renuncias y aceptación de que “parir a un hijo” es “parirse como madre”, requiriendo tiempo, adaptación y trabajo interno.
Continuamente en los medios de comunicación y redes sociales circulan imágenes, noticias de modelos o actrices que a los pocos días de dar a luz ya recuperaron su peso, su figura, su vida. Parecen lucir espléndidas, felices con sus bebés en brazos.
Contrariamente a lo que muestran estos medios es frecuente que las mujeres lo transiten de otra manera. Y es importante visibilizar lo que a las mamás les podría suceder durante su puerperio, para aliviar sentimientos de culpa (por no vivenciarlo como ese ideal)… y para que cada una pueda atravesarlo desde “su realidad”, que será diferente en cada caso, dependiendo del contexto y circunstancias, redes de apoyo, su propia historia, sus recursos y fortaleza interna.
Lo que predomina, en la mayoría de los casos, es el cansancio físico y emocional, que se traduce en agotamiento, por dolores o molestias, no poder dormir, bañarse, alimentarse, ordenar, como lo hacía antes o hacerlo con varias interrupciones, por tener que satisfacer las necesidades de un bebé que está conociendo.
Los cambios o alteraciones en el estado de ánimo, que están comprobados por la influencia hormonal (ganas de llorar sin motivo aparente, sentimientos de tristeza, angustia, irritabilidad) suelen aparecer en la primera semana post nacimiento y perdurar hasta la tercera. Si bien tienen una intensidad variable y transitoria, pueden ser tan intensos que generan, en muchos casos, la incomprensión de la pareja o entorno por lo que sucede (“no es para tanto”, “tenés que estar feliz, tenés un bebé sanito y hermoso”, “ya va a pasar, ahora tenés que estar bien por tu bebé”), ocasionando sentimientos de culpa, vergüenza, temor. Como así también sentimiento de desconocimiento de sí misma o hacia el bebé (“no sé qué me pasa”, “no sé qué le sucede a mi bebé”)…
Los cambios en la relación de pareja (desencuentros, problemas de comunicación, quejas o reclamos) que tendrá que reestructurarse y configurarse a partir de la nueva realidad. Ambos padres inauguran una nueva identidad de “ser padres”, que irán construyendo día a día, a partir de conocerse, interpretar y conectarse con las necesidades y demandas de su bebé; proceso que difícilmente se logra de un momento a otro, sino que es el resultado de una construcción diaria.
Ahora bien, ¿qué es importante tener en cuenta durante éste período?
Es un tiempo para reconocerse y encontrarse con su propia historia de maternidad y crianza, que resurge en este momento y las atraviesa.
De fusión y conexión emocional con su bebé.
Es una etapa de enormes cambios, posibles dificultades, incertidumbre por saber si se podrá estar a la altura de las circunstancias como madres y padres, pero de enorme aprendizaje y felicidad.
De buscar acompañamiento, pedir ayuda a la pareja y familia en la colaboración de las actividades cotidianas, en el cuidado y atención de sus propias necesidades para poder dedicarse al bebé y hermanitos (en caso de tener más hijos).
De armar red con otras madres que estén atravesando la misma etapa, para sentirse acompañadas, compartiendo experiencias y vivencias entre todas.
De comenzar a aceptarse, abrazarse y ser benévolas consigo mismas; registrando lo que les pasa, comprendiendo que ya “no serán las mismas”, que algunas cuestiones/autoexigencias pueden esperar, porque el puerperio será un período transitorio que, al mismo tiempo, inaugurará una nueva etapa, la más importante, en nuestras vidas.

 

(*) Psicóloga y Puericultora.

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