El Pulso
La semana transitó por asuntos intensos que marcan de alguna manera las relaciones políticas pero también las responsabilidades institucionales de nuestros representantes.
Otra vez el gobernador Daniel Scioli y el intendente Miguel Lunghi se mostraron desprejuiciados, a sabiendas de que la exposición genera fastidios, enconos y hasta planteos de rupturas de quienes hasta ayer se mostraban aliados.
Una sintonía por cierto que los lleva casi a una relación por momentos empalagosa por la exposición elegida, que tendrá que ver con conveniencias y gratitudes recíprocas.
Nadie puede negar que semejante relación no hace más que traer réditos para con la ciudad en cuanto a proyectos y obras se refiere. Habrá que ver si dicha buena sintonía se condice con las prioridades de los vecinos que celebran, por caso, el montaje de un espectáculo musical como el anunciado, pero que también pretende obras que no sólo alimenten el espíritu sino más bien el estómago, y si es bajo un techo digno (por aquello del déficit habitacional) y sobre un camino asfaltado y sin tanto bache como el que se padece, mejor.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailResulta que uno de los asuntos que marcaron la agenda versó sobre lo que podría haber sido una nueva explosión en una de las canteras comprendidas dentro de la poligonal, cuando ya se les fue retirado el registro minero.
Independientemente de que se haya realizado o no una explosión, lo más llamativo, y más bien preocupante, es que las autoridades no supieron qué decir, hasta casi tampoco qué hacer.
La situación tuvo que exponerse en este Diario, a través de una foto que al menos genera atención para que las autoridades ahora anuncien un control sobre el predio y así corroborar el estado actual de las cosas. ¿Llegará a tanto la impunidad y la actitud desafiante de la cantera en cuestión? Sólo podrá dilucidarse en la semana, cuando los que controlen informen y clarifiquen el entuerto.
Independientemente de la legitimidad de la actividad minera y su rechazo a la ley que los afecta y que sólo podrá ser ratificada y rectificada en la Justicia (es o no constitucional), de comprobarse la conducta sería una muestra más de una actitud desafiante que hasta ayer habían acostumbrado, por una desidia estatal cómplice que ahora la opinión pública los obliga a revertir.
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