El pulso
Sociedad, política
y controles
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Hoy, cualquier denuncia está condenada a caer en la sospecha de oportunismo electoralista. Ergo, quien se atreva a describir algún tipo de irregularidad, a verbalizar una queja o a mencionar que algo se puede resolver con más pericia, será tildado de kirchnerista o de lunghista, depende el caso, por ser los dos elementos más fuertes de la contienda que se avecina.
La semana que dejamos atrás tuvo un pico máximo de tensión con las declaraciones del delegado de Desarrollo Social, Marcelo Hidalgo, quien afirmó contar con documentos que acreditan graves irregularidades en el área que conduce Oscar Teruggi.
En principio, el trabajador hizo dudar hasta al propio gremio, que con cautela fue desglosando las pruebas antes de dar su manifiesto apoyo al delegado. Es que en esta suerte de carrera electoral previa, el mismísimo secretario general Roberto Martínez Lastra tiene un rol activo.
Y Teruggi salió a responder por todos los medios que le pidieron explicaciones. Una de sus frases más repetidas fue “no sé por qué Marcelo hace estas denuncias ahora”, en tácita referencia a la campaña.
Pese a negar las irregularidades, el gobierno de Miguel Lunghi abrió una investigación en el área para despejar las dudas que despierta Desarrollo Social, un sector “caliente” por los celos que suele generar cada vez que se acercan las elecciones.
Por su parte, el denunciante advirtió que intentó dialogar con el Ejecutivo y que, al no lograr encauzar las demandas de regularización laboral de la gente que cobra a través de planes, lanzó los cuestionamientos para que la comunidad conociera la verdad.
Así, el ciudadano común debe interpretar que de no existir la figura del arrepentido en una gestión –o al menos de un disidente- no existen controles que puedan revelar que alguien no cumple con sus obligaciones, al menos, de la manera correcta.
A lo mejor, las conductas reprochables salen a la luz en tiempos electorales, pero eso no sirve de excusa para dejar de lado las investigaciones pertinentes.
Y es que en un mundo ideal, la sociedad, la política y los controles debieran convivir más allá de la coyuntura.
La semana que dejamos atrás tuvo un pico máximo de tensión con las declaraciones del delegado de Desarrollo Social, Marcelo Hidalgo, quien afirmó contar con documentos que acreditan graves irregularidades en el área que conduce Oscar Teruggi.
En principio, el trabajador hizo dudar hasta al propio gremio, que con cautela fue desglosando las pruebas antes de dar su manifiesto apoyo al delegado. Es que en esta suerte de carrera electoral previa, el mismísimo secretario general Roberto Martínez Lastra tiene un rol activo.
Y Teruggi salió a responder por todos los medios que le pidieron explicaciones. Una de sus frases más repetidas fue “no sé por qué Marcelo hace estas denuncias ahora”, en tácita referencia a la campaña.
Pese a negar las irregularidades, el gobierno de Miguel Lunghi abrió una investigación en el área para despejar las dudas que despierta Desarrollo Social, un sector “caliente” por los celos que suele generar cada vez que se acercan las elecciones.
Por su parte, el denunciante advirtió que intentó dialogar con el Ejecutivo y que, al no lograr encauzar las demandas de regularización laboral de la gente que cobra a través de planes, lanzó los cuestionamientos para que la comunidad conociera la verdad.
Así, el ciudadano común debe interpretar que de no existir la figura del arrepentido en una gestión –o al menos de un disidente- no existen controles que puedan revelar que alguien no cumple con sus obligaciones, al menos, de la manera correcta.
A lo mejor, las conductas reprochables salen a la luz en tiempos electorales, pero eso no sirve de excusa para dejar de lado las investigaciones pertinentes.
Y es que en un mundo ideal, la sociedad, la política y los controles debieran convivir más allá de la coyuntura.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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