El pulso
Trenes a octubre
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Los candidatos van sacando los boletos con escala en el 14 de agosto. Faltan sólo 20 días para la primera parada: las elecciones primarias abiertas y obligatorias.
Algunos entienden que tienen un vagón asignado, y ya meten en la valija una muda primaveral.
Mientras tanto, la ciudad sigue su ritmo, que no sólo tiene que ver con el trabajo, la producción y el turismo.
Todo el tiempo, todos los años -hasta los que no son electorales- pasan cosas, de eso se trata la vida. Atar cualquier tipo de acción, protesta, crítica o denuncia a la campaña es una práctica con la cual el oficialismo, en los tres niveles de gobierno y de todos los tiempos, suele engolosinarse.
Es que el debate público hace al ejercicio de la democracia. Ver cómo se distribuye el personal municipal o con qué orden de mérito fueron nombrados hace al control ciudadano. Investigar, también. Si todo está en orden, basta con responder.
Lo mismo ocurre con el tema de las viviendas en alquiler que puso en la agenda este Diario a principios de la semana pasada. A la ciudad le hará bien que alguien aporte estrategias creativas, soluciones a corto plazo, ilusiones de un futuro mejor para los centenares de chicos que habitan en lugares que no están en condiciones. No importa de quién vengan, pero sí que lleguen.
El mostrar una realidad encierra, muchas veces, una dosis de pesimismo que está directamente vinculada al descreimiento absoluto sobre la posibilidad de que una situación mejore. Causa tristeza…
Que la ansiedad por tomar el tren, el vertiginoso y frenético camino hasta la boletería, la cola frente a la ventanilla y las corridas para alcanzar un lugar libre –aunque sea en clase turista- no frenen las soluciones urgentes de quienes más las necesitan, de los que también quieren subir a la formación en la parada más próxima.
Algunos entienden que tienen un vagón asignado, y ya meten en la valija una muda primaveral.
Mientras tanto, la ciudad sigue su ritmo, que no sólo tiene que ver con el trabajo, la producción y el turismo.
Todo el tiempo, todos los años -hasta los que no son electorales- pasan cosas, de eso se trata la vida. Atar cualquier tipo de acción, protesta, crítica o denuncia a la campaña es una práctica con la cual el oficialismo, en los tres niveles de gobierno y de todos los tiempos, suele engolosinarse.
Es que el debate público hace al ejercicio de la democracia. Ver cómo se distribuye el personal municipal o con qué orden de mérito fueron nombrados hace al control ciudadano. Investigar, también. Si todo está en orden, basta con responder.
Lo mismo ocurre con el tema de las viviendas en alquiler que puso en la agenda este Diario a principios de la semana pasada. A la ciudad le hará bien que alguien aporte estrategias creativas, soluciones a corto plazo, ilusiones de un futuro mejor para los centenares de chicos que habitan en lugares que no están en condiciones. No importa de quién vengan, pero sí que lleguen.
El mostrar una realidad encierra, muchas veces, una dosis de pesimismo que está directamente vinculada al descreimiento absoluto sobre la posibilidad de que una situación mejore. Causa tristeza…
Que la ansiedad por tomar el tren, el vertiginoso y frenético camino hasta la boletería, la cola frente a la ventanilla y las corridas para alcanzar un lugar libre –aunque sea en clase turista- no frenen las soluciones urgentes de quienes más las necesitan, de los que también quieren subir a la formación en la parada más próxima.
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