El pulso
Dicen que lo ocurrido en los últimos días no es otra cosa que el fiel reflejo de su propia personalidad. De aquel fluctuante carácter que precipitadamente pasa de la exaltación a la depresión. Por un tiempo está que trina, por las nubes refunfuñando y haciendo puchero porque los que están a su lado no le siguen el tren, o porque la plata no alcanza. Al otro día, salta de orgullosa alegría porque salieron los planes proyectados y sus acciones se condicen con el paladar del vecino.
Así está, así es Miguel Lunghi. Los que lo rodean lo adoran. Saben de sus berrinches y rabietas. Del fastidio que genera tenerlo siempre encima pidiendo cosas y que le sigan el ritmo. Otros que también lo conocen, han preferido alejarse de él precisamente por ese mismo carácter intempestivo.
Ese ciclotímico humor, entonces, lo transitó en los últimos días y lo llevó en los discursos de ocasión, pasando del pesimismo a la algarabía apenas un parpadear.
Previo a las celebraciones patrias y religiosas, el lunghismo dejaría marcado a fuego en la agenda pública la preocupación por la falta de recursos. Alertó que se vienen tiempos difíciles y abriendo el paraguas Lunghi adelantó que obras varias deberían postergarse. Sin precisar sobre cuáles serían.
Tendría algún que otro encontronazo mediático incluso con el armador político sciolista, Alejandro Topo Rodríguez, quien oficiando de mensajero de lo que Scioli no dice, respondió a las huestes radicales sobre los privilegios que Tandil goza en materia de recursos bonaerenses. Fiel al ideario sciolista, el funcionario oriundo de las sierras habló a favor del optimismo transformador por sobre el pesimismo que emulaba el pediatra.
Lunghi no lo iba a dejar pasar y le dedicó incluso un párrafo de su extenso discurso en la apertura de sesiones para aclarar sobre pesimismos y preocupaciones.
Allí, en esa misma tribuna legislativa, entonces, el mismo Lunghi que ayer anunciaba una casi catástrofe con proyectos paralizados ahora enumeraba un sinfín de obras por venir para el 2012. Sin pausa, en las respectivas alocuciones sobre la fundación de Tandil y la próspera Semana Santa turística, aludiría al orgullo de gobernar una ciudad en pleno auge, con recursos suculentos que la industria de los servicios deja por estos pagos.
Se trató de la misma persona. El mismo Lunghi que trasladó su volátil carácter a la palabra y los gestos. El asunto será cuando lo que anuncie ya no sea tenido demasiado en cuenta…
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