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El Intendente tendrá hoy uno de sus actos más esperados, con la inauguración de las obras de apertura de calle Quintana. Como funcionario, y también en calidad de candidato, desembarcará en la centenaria barriada junto a su equipo.
Esta vez no habrá funcionarios provinciales acompañando la presentación de la obra. Y es que el kirchnerismo le puso los puntos a Daniel Scioli, otrora tildado por las bases militantes del justicialismo como una suerte de “traidor” debido al apoyo brindado a los jefes comunales de otro color político.
Es natural que esto suceda: son las reglas del juego de las campañas electorales.
Mientras tanto, la ciudad se encamina lentamente a las internas abiertas del 14 de agosto. Este nuevo hito de la democracia, que genera más incertidumbre que certezas.
Pese a los números fríos de las encuestas, nadie se atreve a estimar si el ciudadano común entiende cabalmente la implicancia de su voto en esta cita previa.
Algunos sostienen que la mayoría optará por el mismo candidato que elegiría en los comicios generales de octubre. Pero todas son especulaciones supeditadas al bautismo de la mentada reforma electoral.
En el aquí y ahora, las encuestas mandan y dan un primer panorama: todo se mueve al ritmo de Miguel Lunghi.
Algunos analistas recomiendan mantener contentos a los tandilenses de las cuatro avenidas, donde se concentra la mayor parte del electorado.
El humor es distinto al internarse en los barrios de la ciudad, donde el ciudadano medio convive con menos servicios estructurales, padece el impacto directo de las fallas en la recolección de residuos o anhela obras prometidas desde tiempos remotos.
Ni hablar de la seguridad, que esta semana hizo eclosión en el transporte público y dejó al descubierto que hay zonas en donde la prevención sólo existe en los papeles.
El concierto de los distintos espacios políticos arrancó con timidez y va elevando los decibeles con el correr de las horas. El denominador común es el respeto por lo hecho y el énfasis en lo que se puede mejorar.
A partir del aprendizaje que deje el 14 de agosto, al ritmo del lunghismo y con los contrincantes ya definidos, se abrirá una etapa en la que un modelo de administración pronto a cumplir ocho años se encamine a una suerte de plebiscito.
Esta vez no habrá funcionarios provinciales acompañando la presentación de la obra. Y es que el kirchnerismo le puso los puntos a Daniel Scioli, otrora tildado por las bases militantes del justicialismo como una suerte de “traidor” debido al apoyo brindado a los jefes comunales de otro color político.
Es natural que esto suceda: son las reglas del juego de las campañas electorales.
Mientras tanto, la ciudad se encamina lentamente a las internas abiertas del 14 de agosto. Este nuevo hito de la democracia, que genera más incertidumbre que certezas.
Pese a los números fríos de las encuestas, nadie se atreve a estimar si el ciudadano común entiende cabalmente la implicancia de su voto en esta cita previa.
Algunos sostienen que la mayoría optará por el mismo candidato que elegiría en los comicios generales de octubre. Pero todas son especulaciones supeditadas al bautismo de la mentada reforma electoral.
En el aquí y ahora, las encuestas mandan y dan un primer panorama: todo se mueve al ritmo de Miguel Lunghi.
Algunos analistas recomiendan mantener contentos a los tandilenses de las cuatro avenidas, donde se concentra la mayor parte del electorado.
El humor es distinto al internarse en los barrios de la ciudad, donde el ciudadano medio convive con menos servicios estructurales, padece el impacto directo de las fallas en la recolección de residuos o anhela obras prometidas desde tiempos remotos.
Ni hablar de la seguridad, que esta semana hizo eclosión en el transporte público y dejó al descubierto que hay zonas en donde la prevención sólo existe en los papeles.
El concierto de los distintos espacios políticos arrancó con timidez y va elevando los decibeles con el correr de las horas. El denominador común es el respeto por lo hecho y el énfasis en lo que se puede mejorar.
A partir del aprendizaje que deje el 14 de agosto, al ritmo del lunghismo y con los contrincantes ya definidos, se abrirá una etapa en la que un modelo de administración pronto a cumplir ocho años se encamine a una suerte de plebiscito.
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