El pulso
Desde la irrupción del lunghismo al poder local, siempre las relaciones con la Provincia y Nación tuvieron sus altibajos, a partir de ciertos prejuicios como así también claras señales a partir de pertenecer a determinado ideario político. Sin embargo, hábilmente el hombre que se presentó como un pediatra que trabajaría de intendente fue transitando las gestión con singular éxito (así lo marcan los resultados electorales) y aquel hombre que se mostraba apolítico, de a poco fue mutando a su verdadera esencia. Un político nato, cuya militancia siempre estuvo latente más allá de dar algún que otro portazo de su centenario partido cuando las cosas no le gustaron.
Eso sí, para ese plafón, contó con dos cuadros políticos cual pilares que lo supieron sostener, como Julio Elichiribehety y Carlos Fernández, quienes hoy si bien no dejan de formar parte del entorno lunghiano están distantes por los propios caminos que supieron elegir transitar.
No es casual que tras sendos alejamientos el pediatra de tanto en tanto vuelve a mostrarse como aquel hombre apolítico, pero no por una clara estrategia, sino por ciertas torpezas, pasos en falso que descolocan a propios y extraños.
Algo de eso estaría ocurriendo por estos días, cuando en sintonía con otros intendentes salió a vociferar sobre la merma de recursos coparticipables y alertar sobre la necesidad de abortar obras por venir, cuando al mismo tiempo recibía en mano recursos contantes y sonantes para obras de envergadura (cloacas para Vela, por caso) y compromisos fundantes que hacen, por ejemplo, al avance de terapia pediátrica, tal lo anunció el ministro de Salud.
No es de extrañar, entonces, el enojo que despertó en las huestes sciolistas (ver más información en página 2), que no dejaron de reconocer que desorienta la reacción lunghista.
Lunghi habló de funcionarios de escritorio, cuando en siete días estuvo cara a cara con tres de primera línea y siempre ostenta tener línea directa con el mismísimo gobernador.
Queriéndolo o no, con sus dichos el pediatra puso en riesgo la relación del hasta aquí un aliado político como Scioli, quien mal que le pese a radicales y justicialistas varios, ha venido protagonizando una afinidad con Tandil poco común.
Habrá que aguardar hasta dónde llegan las esquirlas de semejante postura. Tal vez solo se trate de un nubarrón más de los que supo fomentar y transitar un hombre que hace rato dejó aquel pediatra para consolidar un liderazgo político cuya realidad a veces lo lleva a transitar por caminos tan sinuosos como indescifrables, sobre todo cuando sus espaldas no están tan cubiertas como en los viejos tiempos.
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