El pulso
La semana se fue con sensaciones varias que hacen al termómetro del quehacer local. De la nueva visita del mandatario bonaerense no quedó mucha más tela para cortar, a no ser por la siempre llamativa exposición del concejal Néstor Auza, quien tras afirmar su nueva afinidad con el espacio de Mariotto se esforzó, y mucho, para mostrarse al lado del Gobernador.
Tal vez alcance con lo dicho por el propio Scioli, acerca de su buena relación con su vice para intentar entender lo del ex candidato a intendente y actual edil. De lo contrario se está frente a un hombre empecinado en descolocar a propios y extraños.
Y si de descolocados se trata, el lunghismo resiste la mala digestión del grosero yerro de anunciar una subsecretaría de Cultura, pero sin responsable a cargo, como un técnico de fútbol que anuncia cómo y con qué esquema va a jugar su equipo pero no sabe con qué jugadores va a contar.
Como siempre, desde el radicalismo ya se ensaya una explicación que intentará ser lógica: “Fue adrede, para demostrar que no se trata de que haya una persona específica, sino que se trata de una política de gobierno encarnada en el mismísimo Intendente. Como nunca se han propiciado obras y propuestas culturales como ahora”, responden sin sonrojarse. No sin dejar de adelantar que en las próximas horas se dará a conocer quién ocupará el cargo, que no será otro que una persona política que responda cabalmente los designios de la gestión. Aquellos candidatos del espacio cultural demandante… a abstenerse de cualquier posibilidad de asumir al frente del área, hasta hoy acéfala.
Lo que sí se ha colocado en el centro de la escena y es un tema de absoluta actualidad, más allá que hayan pasado 35 años del hecho en juzgamiento, es la audiencia oral y pública por el secuestro seguido de torturas y crimen del abogado laboralista Carlos Moreno.
Como nunca, se debe hablar de histórico, no sólo por lo que representa que un juicio por crímenes de lesa humanidad se realice en Tandil, sino por lo que representa la reconstrucción histórica que va más allá del homicidio de un letrado olavarriense. Habla -se habló- de nuestra historia, de nuestras víctimas, nuestros represores y sus cómplices civiles como hipócritas silencios.
Recomendable resultó escuchar el notable alegato de las acusaciones, principalmente el del abogado de la familia Moreno, César Sivo, para entender lo que se estuvo ventilando en el Aula Magna. Un crimen que alcanza a explicar la dimensión de los intereses que estaban en juego y que coloca los militares represores como la herramienta asesina para imponerlos.
Afortunadamente, el juicio no pasó desapercibido, todo lo contrario. Muchos vecinos acudieron a una y cada una de las maratónicas audiencias para formar parte de este hecho histórico que habla nada más y nada menos que de la memoria, verdad y justicia.
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