El pulso de la semana
Cuestión de lecturas
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailPasaron nomás las Primarias.
Y con ellas, se derrumbaron algunos mitos que arrastraban, aunque algunos quedaron en pie y habrá que esperar hasta octubre para sacudir el escenario y ver que es lo que queda.
En la previa, nadie apostaba dos pesos por una masiva participación en las urnas. Era una constante, en Tandil y en el país, escuchar hasta el sábado mismo que no se sabía qué se votaba, para qué servía, si era obligatorio o no, y, en el colmo, si tal o cual candidato estaba habilitado o no.
Y a partir de las 18 del domingo pasado, empezó a confirmarse que en realidad, la gente respondió. Algunos dirán que por civilidad, otros que por compromiso, otros que por costumbre, y otros porque tienen que hacerlo y ya. Pero el índice de participación, sobre todo en Tandil, sorprendió a propios y extraños.
Y una vez con los votos en fila, comenzó la otra lectura, la del día después, la de los dos meses después, en aquel octubre que ahora es el próximo norte electoral.
Y las urnas en la ciudad volvieron a darle un fuerte respaldo el intendente.
Mesurado en la previa, aunque insistidor ante los suyos para que no se relajen, Lunghi se convirtió en el gran ganador de la jornada cívica, y comenzó a navegar con cierta tranquilidad en las aguas que podrían llevarlo hacia ser su propio sucesor, una vez más.
Ya se ha dicho que haber superado el 40 por ciento de los votos, cuando va por un tercer período, es una fortaleza muy importante para cualquier dirigente. Y también que, como ocurre en toda la patria, el que gobierna, gana.
Y en Tandil, pese a la ausencia de agua alrededor, construyó una de las no tantas islas de votos radicales que se atrincheraron alrededor de una figura lejana al Frente para la Victoria.
La tijera fue una vez más en el terruño, la gran protagonista de la jornada. Hacia arriba, y hacia abajo. Los trozos y trozos de las ahora coloridas boletas que hubo en los pisos y cestos de todas las escuelas no fue más que una demostración de esto.
Y a Lunghi, a nivel local, lo favoreció por demás ante el resto de su lista y sus oponentes justicialistas.
En el riñon lunghista, la cuenta es clara y ya se ven cómodos, buscando superar el 50 por ciento en octubre, consiguiendo votos sueltos de uno y otro lado.
Sin embargo, desde el PJ, la lectura es bien diferente. Al menos, en el terreno estratégico.
Luego que unos cuantos dirigentes políticos y sindicales admitieran en notas periodísticas que “no podremos ganar y aspiramos a una buena elección”, los melones discursivos se acomodaron y comenzaron a hacerse cálculos optimistas.
Esto es: todo Auza + todo López Rizzi + todo Romay + no tan convencidos con Ersinger + independientes que vean que a nivel local a la ciudad le conviene estar con Cristina y Scioli, sería igual a una batalla cabeza a cabeza.
Sin embargo, así como López Rizzi de inmediato se mostró orgánico y encolumnado, no pasó lo mismo con Romay y parte de su gente que, todavía, decidió no perdonar y se muestra esquiva. De hecho, la foto de los tres juntos, que Diego Bossio iba a venir a buscar, no se consiguió todavía.
Del resto de los movimientos, habrá que esperar todavía.
Y seguir leyendo.
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