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El reclamo de los trabajadores mineros por el cierre de las canteras ubicadas dentro de la Poligonal tardó demasiado en estallar. Se escuchó con cierto delay. Tal vez los obreros aguardaron a que la Justicia fallara en contra de los recursos de amparo presentados por las firmas para movilizarse.
Y encontraron un espacio para ahogar su desesperación e incertidumbre en el plenario convocado para la normalización de la CGT. Allí, la determinación de un paro general y marcha al Municipio anunciado para este miércoles fue el único viso de unidad entre los sectores dirigenciales en pugna por la conducción de la central sindical.
Al parecer, los trabajadores de la piedra confiaron en que el poder empresario iba a salir airoso una vez más o no divisaron la férrea voluntad política de los gobiernos provincial y municipal de hacer cumplir la nueva Ley de Paisaje Protegido.
También dicen que descansaron en el secretario general de AOMA Tandil, Marcelo Marcovich, y se quedaron dentro de los predios mientras se iban cumpliendo los plazos.
Esta salida demorada, con delay, se muestra ante la opinión pública como funcional a los intereses de los propietarios de las explotaciones. Pero al mismo tiempo, los obreros cuentan que la única certeza que tienen es la fecha de cierre de sus fuentes de trabajo: el próximo 16 de octubre.
Es que, en paralelo, hubo una demora en las acciones del Estado en sus dos niveles, teniendo en cuenta que no convocaron a los trabajadores para darles los detalles de su reinserción laboral en la Provincia y el Municipio.
De haber previsto la lógica reacción de los obreros y de las pymes que prestan servicios a las canteras, se hubiera evitado el tener que convocar para mañana a una reunión urgente, en la que el motivo principal de la agenda es frenar el paro general de la CGT.
En la entrada en vigencia de una ley trascendental para el futuro de la ciudad -e histórica por las luchas intestinas que encierra- no debía quedar cuestión alguna librada al azar.
Y encontraron un espacio para ahogar su desesperación e incertidumbre en el plenario convocado para la normalización de la CGT. Allí, la determinación de un paro general y marcha al Municipio anunciado para este miércoles fue el único viso de unidad entre los sectores dirigenciales en pugna por la conducción de la central sindical.
Al parecer, los trabajadores de la piedra confiaron en que el poder empresario iba a salir airoso una vez más o no divisaron la férrea voluntad política de los gobiernos provincial y municipal de hacer cumplir la nueva Ley de Paisaje Protegido.
También dicen que descansaron en el secretario general de AOMA Tandil, Marcelo Marcovich, y se quedaron dentro de los predios mientras se iban cumpliendo los plazos.
Esta salida demorada, con delay, se muestra ante la opinión pública como funcional a los intereses de los propietarios de las explotaciones. Pero al mismo tiempo, los obreros cuentan que la única certeza que tienen es la fecha de cierre de sus fuentes de trabajo: el próximo 16 de octubre.
Es que, en paralelo, hubo una demora en las acciones del Estado en sus dos niveles, teniendo en cuenta que no convocaron a los trabajadores para darles los detalles de su reinserción laboral en la Provincia y el Municipio.
De haber previsto la lógica reacción de los obreros y de las pymes que prestan servicios a las canteras, se hubiera evitado el tener que convocar para mañana a una reunión urgente, en la que el motivo principal de la agenda es frenar el paro general de la CGT.
En la entrada en vigencia de una ley trascendental para el futuro de la ciudad -e histórica por las luchas intestinas que encierra- no debía quedar cuestión alguna librada al azar.
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