El recuerdo de ?Yeye?
(Por Marcos Vistalli). En la historia del boxeo muchos casos familiares se han dado. Hermanos campeones del mundo: los Spinks. Padre e hijo campeones del mundo: los Spada. Padre e hijo que pelearon con un mismo boxeador: Harlod Johnes y su padre frente a Jersey Joe Walcott. Campeones argentinos hermanos: Eustaquio y Víctor Peralta.
Pero si existe una familia con nueve hermanos que en su totalidad hayan pasado por un ring, salvo la Sagrera, que alguien me avise. Rodolfo, Ricardo, Raúl, Reynaldo, Miguel, Tito, Alberto, Lucho y Jorge, todos anduvieron calzándose los guantes con mayor o menor fortuna. Tres de ellos fueron profesionales, Rodolfo, quien según mi padre fue el mejor de todos. Raúl clasificado campeón argentino amateur en 1943 y Miguel, el recordado ?Yeye? que acaba de fallecer la semana pasada a los 73 años.
Los primeros recuerdos de este particular Sagrera no me nacen del boxeo, sino de cuando con una boina ?chingada? lo veía jugar en la primera división del club Ramón Santamarina, tal vez por el año 1953 como half izquierdo. Después sí, como buen Sagrera no podía dejar de visitar el encordado de tres que se usaba en aquellos años. Andaba entre los gallos y los plumas y en su carrera de amateur fue una de las figuras más atractivas de la época junto con Adolfo Pendás. Como que cuando se anunció la pelea entre ambos, la de fondo, pese a ser de profesionales, pasó a segundo término.
Una pelea que terminó llena de insultos desde la popular hacia el ?Gordo? De Gennaro, (era común que cualquier eventualidad se la endilgaran a De Gennaro, tanto como para molestarlo, nomás) porque en el cuarto round -era a cinco- se cortaron las cuerdas que daban sobre la calle Sarmiento, en una emocionante pelea y los dos salieron abrazados rumbo al piso del estadio. Pendás casi lloraba del dolor por el golpazo, Yeye había caído arriba pero lloraba por no poder seguir la pelea. No por las cuerdas que se arreglaron, sino por el estado de Pendás.
Ingresó al profesionalismo en 1958 en el Santamarina ganando por puntos a Alves Da Costa. Luego de algunos combates con suerte dispar, apareció y se radicó en nuestro medio otro liviano -que era de la misma categoría que Yeye- llamado Teddy Caruso. Volvió entonces a luz uno de los abandonados títulos tandilenses tan en boga en las décadas del ?20 y del ?30 y se montó esta pelea a 12 rounds, como lo mandaban las reglas del profesionalismo. Y Yeye, con ese estilo abierto, de peleador nato, de poca técnica, mucho aguante y aire para regalar se consagró como campeón tandilense de los livianos el 16 de julio del ?61.
Su última pelea fue en Tucumán, con un tucumano que le llamaban ?La Pantera?, que noqueaba con un temible zarpazo y que luego se cansó de llenar el Luna Park: Horacio Agustín Saldaño. No pudo escapar al final previsto y en el tercer round Saldaño lo sacó por toda la cuenta.
Yeye no escapó a algo que era común en los Sagrera. El buen humor, la chispa que saltaba en el momento justo con la acotación graciosa e inteligente. Durante un breve período marcó toda una expectativa que luego se fue diluyendo. Pero eso es lo de menos, fue un gran deportista y siempre permanecerá con alegría en el recuerdo de quienes lo vieron jugar al fútbol, boxear o simplemente tener un trato diario. Era un Sagrera ¡Buena madera! Sí, señor.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailMás de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios