El recuerdo del “Aguilucho”
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Un día diferente fue aquella jornada sabatina, el 16 de diciembre de 1989. Había partido uno de los máximos ídolos del automovilismo nacional, Oscar Alfredo Gálvez, a los 76 años.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSe había apagado la vida de uno de los referentes de la historia del deporte nacional. Uno de los últimos ídolos que habían cimentado la actividad motor de nuestro país. La sociedad estaba de luto.
Se iba la década del ’80, Oscar había asistido a un justo y reconocido homenaje que se le hizo en vida, su nombre estaría marcado a fuego en el máximo coliseo de los deportes mecánicos del país, el Autódromo Municipal de la Ciudad de Buenos Aires. En el mes de Febrero, con una caravana que se inició en Plaza de Mayo y luego recorrió por Avenida de Mayo, Rivadavia y General Paz, culminando en el podio de la tribuna oficial, rodeado del afecto de su público, sin distinción de marcas.
Oscar Alfredo Gálvez nació en la ciudad de Buenos Aires. Su padre poseía un taller en la esquina de Garro y Urquiza (en el barrio de Parque Patricios) de donde posteriormente se mudarían al barrio de Caballito en 1916. Marcelino Gálvez y Matilde, inmigrantes españoles, en busca de la hija mujer, recibieron a su tercer hijo varón, Oscar Alfredo, quien nació después de Marcelino Luis y Alejandro y a él lo seguirían, Juan y Roberto.
El gran “Aguilucho” intervino en 169 carreras, ganó 43, fue campeón en cinco oportunidades, años 1947, 48, 53, 54 y 61, logrando 6 subcampeonatos. El 16 de septiembre de 1962 consiguió su último tributo teceísta en la carrera que organizaba el Club Compañía General de Salto, despidiéndose de la actividad en la Vuelta de Junín de 1964, con un Falcon preparado por el Ingeniero Alfredo Bascou.
Oscar Gálvez, fue hombre del óvalo y del TC durante toda su vida, y sigue siéndolo en la actualidad, porque decir Gálvez es decir Ford, su apellido es sinónimo de Turismo Carretera.
El recordado “Aguilucho”, era un hombre que lograba cosas imposibles en terrenos escarpados y en la montaña, tal como lo definía el avezado periodista Pedro Fiorge, autor de ese nombre tan particular.
Su nombre seguirá firme en cada taller, y en cada lugar donde se prepare un auto de carrera. Oscar Gálvez, fue y será, sinónimo de mecánica y competición, y un emblema del Turismo Carretera.
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