El romance de Pedro y Margarita, de cómo se conocieron, enamoraron y decidieron casarse
(Por Ana Pérez Porcio, de esta redacción). No es común, nada común, que un hombre joven se case con una mujer que exactamente le dobla la edad. No es corriente y desde el punto de vista social, poco aceptado. Sin embargo, no sucede lo mismo si la situación se da a la inversa: es bien visto y aplaudido que un señor mayor se case con una jovencita; más, si éste hubiera sido el caso de Pedro y Margarita esta nota jamás se habría escrito y esta historia hubiera pasado inadvertida.
Ellos se conocieron hace dos años en un club al que ambos iban seguido a bailar, a pasar el tiempo, a estar con amigos, a tratar de conocer otras personas, que por lo general, es lo que busca la gente cuando está sola. Y así se sentían Pedro y Margarita: solos. Y no es que les faltara el cariño de los hijos ?él tiene una hija de trece años y nunca se casó, y ella tuvo dos matrimonios anteriores, hijos y nietos-; pero decíamos, se sentían solos. Veían que la familia, en muchas oportunidades, hacía planes que a veces ?porque es natural- no los incluía. Ella lo sentía por su lado y Pedro por el suyo.
Y un día se encontraron en un club de barrio, no en un Centro de Jubilados ni en un pub, sino en un ámbito donde concurren jóvenes y no tan jóvenes con ganas de divertirse, pasar el momento, ver a alguien en particular o tratar de encontrarlo. Y así fue como después de que Pedro sacara a bailar a Margarita entre tangos y boleros se dio cuenta que se sentía cómodo con ella y la mujer lo percibió. Lo invitó a su casa a tomar unos mates y el hombre dijo sí y allá fueron para hablar de sus vidas, de sus gustos, penas y alegrías y proyectos. De estos últimos no había muchos en la vida de los dos.
Después de verse durante semanas decidieron vivir juntos. Fue Margarita la de la propuesta ??sin compromiso porque tenían que conocerse?- y así comenzó la convivencia. Cuando les pregunté qué había pasado después aseguraron que ?se había terminado la soledad?. Y éste no es un dato menor.
Margarita es una excelente cocinera y Pedro, que vivía solo comenzó a disfrutar de la comida casera con gusto a hogar. Venía al mediodía de la barraca donde trabaja y se encontraba con una mujer que lo recibía con los brazos abiertos y un olorcito proveniente de la cocina muy, pero muy, tentador.
Tal vez Margarita lo mime demasiado a Pedro pero éste le corresponde con una ternura que ?según cuentan- en la sexualidad es muy importante para los dos ?porque me siento cómoda, feliz? y él añade ?porque toda mujer tenga la edad que tenga necesita sentirse protegida y amada?.
Al año de vivir juntos se comprometieron y lo festejaron junto a la familia y los amigos, muchos de los cuales estuvieron de acuerdo con la relación desde un principio; otros, un poco renuentes esperaron ?a ver qué pasaba?.
Pedro afirma que lo enamoraron los ojos de ella ?realmente muy bonitos- y ella habla de la bondad del hombre con quién decidió casarse, leal y trabajador con una hija de 13 años por la que ya están soñando ?con su fiesta de quince?.
La pareja continuó su vida y un día, a punto de cumplir los 76 Margarita le dijo a Pedro que tal vez era hora de ?formalizar?. Cuenta que él la abrazó muy fuerte, en un abrazo que no parecía tener fin y le confesó que en todo ese tiempo no se había animado a proponérselo por temor a una negativa.
La convivencia sí, pero el matrimonio es para toda la vida. O al menos así lo piensan. Y buscaron una fecha, y el 30 de mayo resultó perfecto, día del cumpleaños de ella, donde toda la familia estuvo presente para compartir la felicidad de esta pareja a la que no le interesa lo que piensen los demás: ?nos importa lo que piensa la gente que nos quiere?, dice Pedro y Margarita no se queda atrás: ?si nos ven felices ¿por qué tendrían que cuestionarnos??.
Fue casamiento con fiesta familiar incluida y luna de miel en las Termas de Río Hondo y Tucumán. Después de unos días lindísimos la vuelta a casa, al hogar.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAyer, mientras charlábamos pensaba muchas cosas, algunas que partían de mis propios prejuicios y otras nacida de los mejores sentimientos que brinda el alma, creyendo que es posible ser feliz si uno se lo propone, a cualquier edad y con cualquier tipo de diferencias.
Son pocos los casos como el de Maargarita y Pedro, dicen que ?sintieron una corriente de amor y se dejaron llevar?. Y eso es maravilloso.
Con algunos proyectos a cuestas y muchas ganas de viajar, la pareja se ha embarcado en una aventura que no todos estarían dispuestos a afrontar, por eso desde estas páginas les deseamos de corazón que sean felices hoy y mañana y que vayan anexando días, pero por sobre todo que sean felices hoy, que no es poca cosa.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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