El ruido de las cacerolas
Dos acontecimientos de trascendencia surcaron la semana que pasó, con actores interesados en querer relacionarlos para pretender diferenciarse y obtener algún rédito político, y consecuentemente electoral.
La masiva movilización de vecinos alrededor de la pirámide de la Plaza Independencia se condijo con el tenor del encono, el enojo que pulula en las redes sociales y en la calle misma contra las políticas kirchneristas. Todavía resuenan en los oídos la queja de tandilenses por asuntos varios que hacen a la administración nacional al compás de la percusión de utensilios de cocina. Pero la queja es tan grande como difusa, a la hora de descifrar uno y cada uno de los enconos y traducirlos en una demanda común para con la Presidenta y su gestión. Precisamente, unos protestaron por la sencilla razón que no gustan -ni gustarán- sus formas, su tono soberbio, poco proclive a escuchar a quien piensa distinto.
Otros por el cepo al dólar y la falta de libertad cambiaria. Al lado, otros claman por el 82 por ciento móvil y despotrican por la letal inflación negada y la inseguridad sufrida. En la columna también están los que reclaman por mayor institucionalidad, respeto a la Constitución Nacional y, consecuentemente, rechazo a las intenciones reformistas y reeleccionistas. También estuvieron y están, los que denuncian la corrupción reinante en la era K y la falta de independencia de la Justicia.
Gestos
Ahora bien, pasadas las horas, en la ciudad se protagonizó un acto importante que hace al interés de las ONGs, quienes recibieron de Provincia una tarjeta identificatoria que, a grandes rasgos, los reconoce como tales en pos de beneficios por recibir desde la ayuda estatal.
Quienes participaron del encuentro (Troncoso, Lunghi, Topo Rodríguez y Auza), que tuvo como escenario el salón parroquial Santísimo Sacramento, quisieron dejar de manifiesto el gesto de ver a representantes políticos de distintos colores políticos unidos -no sólo para la foto- por un mismo fin, en este caso las ONGs.
Dicha intención se quiso poner en contraposición a lo que se vio horas antes con la movilización, y esa delicada como notable división que reina en el país, fagocitada en buena medida por la manera de ejercer el poder desde la Casa Rosada.
Bien vale el gesto denotado por dichos actores que no hicieron más que ejercer el rol que les toca, indistintamente del color político al que pertenecen, pero claro, se trató de un acto institucional, y aunque parezca mentira debiera formar parte de la normalidad lo retratado.
Ahora bien, sobre aquella apretada y antojadiza síntesis del reclamo traducido en la singular manifestación callejera replicada a lo largo y a lo ancho del país, se podría preguntar hasta qué punto una administración -en este caso nacional- puede atender, cuando en verdad se trata de un reclamo que demanda nada más y nada menos que un cambio de rumbo, otro modelo.
Sí se podría pretender de un mandatario/a que oyera las voces disidentes y bajara los decibeles para dejar de negar la inflación como la inseguridad que padecen, en mayor medida, quienes precisamente dice representar con mayor vehemencia, los más humildes. De existir la convicción de que esa realidad no es tal y sólo responden al “malvado Clarín” pues debería estar la capacidad de comunicar mejor a los ciudadanos qué se piensa sobre esos ítems.
Por el resto de las demandas más bien se corresponden a otro modelo y debiera ser otra fuerza política quien canalizara esos legítimos intereses. Se diría entonces que la intensa movilización motiva a mayores desafíos a la oposición que el mismísimo oficialismo. Estos últimos están convencidos -incluso hasta al encierro ensimismado- de sus pasos y fieles a su estilo no darán un paso atrás, a pesar de que la colisión esté a unos metros. Es su forma de gobernar, de ejercer el poder y, hasta aquí, por si hace falta recordarlo, mal no le fue si la medición se hace por cantidad de votos.
Aquella utopía de unidad nacional no se condice con la actual como la otrora dirigencia que se supo conseguir. Sería más que reprochable que se sienten en una misma mesa de concertación Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri, porque son distintos, representan otros intereses dentro de una misma sociedad tan diversa como volátil. Sí debieran asumir el desafío de solucionar temas afines a las propias gestiones, como el transporte, pero de ahí a pensar en políticas de largo aliento para el desarrollo de un país resulta hasta ilógico y contradictorio.
Las cacerolas pueden estar dando claras señales de un gran descontento que debe ser canalizado con una alternativa política, pero ese ruido no debe aturdir a quienes están convencidos de sus ideales.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailMás de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios