El soldador boquetero
Que la alarma de Emilio Pourtau no haya saltado es bastante raro, ya que la misma suele hacerlo, diríamos en forma casi permanente: Los fines de semana generalmente con especial predilección a la hora de la siesta, los hábiles al mediodía o después que cierra. Los vecinos varias veces han llamado a la empresa que les provee el servicio para quejarse de que a cualquier hora comienza a ulular la sirena para despertar hasta a los comatosos; sin embargo, nunca dieron una respuesta racional o solucionaron el problema, hecho que movió a algunos integrantes (del consorcio de una de las torres que suben a espaldas de la concesionaria) a realizar una presentación oficial por ruidos molestos, entre otras cuestiones. Pero por esas cosas de que cuando varias personas tienen que ponerse de acuerdo es difícil, tampoco surgió efecto en esta oportunidad y la cosa quedó en la nada, o sea, el que intenta dormir la siesta los fines de semana será despertado ?casi invariablemente- por la alarma de Pourtau indicando que ?acá no pasa nada, sólo se escapó, nadie se altere?.
Y estas situaciones pasan por lo general en todo el radio urbano y cuando se dispara una alarma se ve a los móviles de las empresas contratistas cruzar las calles como si fueran una ambulancia, bomberos o patrullas policiales, deteniendo su veloz carrera delante de casas o empresas, tratando de ubicar telefónicamente a cualquier cristiano que esté más o menos a cargo del tema para que diga que ?acá no pasa nada?. O para que miren, desde afuera, porque al no tener poder de policía y no ver nada, hacen la gran Uzcudun: ¿No les sirvió este ejemplo como para presentir que algo inusual podría estar pasando?
Esto me remite a la fábula del pastorcito y el lobo, que siempre decía ?viene el lobo??, todos corrían a ayudarlo y era mentira. Una vez que es verdad, no le creen y esto sucede precisamente porque, que suene la alarma no significa nada, por lo menos para el común de la gente, los vecinos.
Sin embargo, debería significar algo para las patrullas policiales que continuamente pasan por la zona, sobre todo los fines de semana. A la salida de un boliche bailable a veces hasta dos patrullas llegan a Yrigoyen desde Arana. Y ese fin de semana no fue la excepción.
A esta altura de la nota vale preguntar: ¿cuántos intentos de robos se habrán evitado con el uso de alarmas? Para esta pregunta no hay respuesta, ya que, por lo menos los medios, no cuentan con este tipo de estadísticas y si realmente se hubieran impedido los suficientes se habrían dado a conocer, a modo de mostrar los beneficios de este tipo de herramienta espanta cacos.
No puedo dejar de recordar las palabras de Lunghi en una entrevista que le hiciera no hace demasiado. Dijo: ?Tandil ya no es de los tandilenses?. Y claro, es de la gente que también viene con buenas intenciones buscando una mejor calidad de vida y de los que llegan para usurpar viviendas, cortar avenidas y cometer delitos que no fueron usuales en la ciudad. Es decir, estamos importando chorros y vagos y ladrones de alto nivel (en el escalafón carcelario los boqueteros son los de mayor rango).
En fin, una pena que esté sucediendo esto en la otrora isla que era Tandil. La verdad, una pena.
En las salideras bancarias se habla de posibles empleados de banco infieles. ¿También se podría extender esto a los que trabajan en las empresas de alarmas, a una posible connivencia entre la policía y los ladrones y a los vecinos que nunca ven nada? Todo es posible, todo. Por las dudas una pregunta más: ¿sabe lo que está haciendo en este momento su desocupado vecino soldador con sus herramientas en desuso?*
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