El tenista salteño
Escribe Ana Pérez Porcio
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“Naci en 1988 en finca Las Cañas a 10 kilómetros del Parque Nacional El Rey. Tenía 14 cuando encontré una pelotita de tenis y allí comenzó todo junto a mi primo Luis Fernando Miranda. La primera raqueta fue una paleta hecha de madera y en el patio de la casa de mi abuela Beatriz armamos la cancha: Las líneas eran pintadas de ceniza, la red una escoba de yuyo. Mi segunda raqueta fue una paleta de plástico de no más de 10 pesos y los puntos en el partido los contábamos de uno en uno por que no sabíamos cómo era la cosa”, comienza relatando Cristian, el simpático salteño, de risa graciosa y ojos chispeantes puestos en los sueños del futuro.
Y prosigue: “Donde vivíamos no teníamos televisión, diarios, ni revistas, tampoco electricidad, ni agua corriente, sólo leña, agua del Río Castellanos que baja desde el Parque Nacional El Rey. Mi segunda cancha fue una de césped y la red un pasacalle de unos políticos que no recuerdo. En ese lugar alejado de todos nació mi sueño”.
Y prosigue: “Donde vivíamos no teníamos televisión, diarios, ni revistas, tampoco electricidad, ni agua corriente, sólo leña, agua del Río Castellanos que baja desde el Parque Nacional El Rey. Mi segunda cancha fue una de césped y la red un pasacalle de unos políticos que no recuerdo. En ese lugar alejado de todos nació mi sueño”.
Recuerda Cristian: “A los 17 años un señor necesitaba cargar un camión con leña y ahí mismo fuimos a ganarnos la plata para la raqueta con mi primo Luis Fernando y mi abuelo Julián que era nuestro contratista. Esa fue la primera vez que viajé a Salta capital a comprar mi tercera raqueta y me alcanzó para comprarme dos juniors de aluminio, era la peor pero para mí, la mejor del mundo”.
“En ese tiempo me fui a vivir a un pueblito a 60 kms. de donde vivía, migré con la esperanza de poder encontrar una cancha de tenis en ese pueblo… llegué y no había nada sólo una cancha de voleibol abandonada, ahí mismo coloqué una soga y comencé a sacar. Verme con una raqueta en ese pueblo donde nunca nadie había empuñado una enfurecía a muchos curiosos, recibía insultos por ´venir del monte y hacerse el que juega al tenis…´ En ese pueblo sólo se practicaba el fútbol, fue duro hasta que pude hacer amigos y los invite a jugar y así, día a día, siendo mi propio profesor auto corrigiéndome llegó un momento en que ya no pude más”, y baja la cabeza, deja estar las manos sobre la mesa mientras menea la cabeza de un lado al otro. Sin embargo no era, de ninguna manera el final.
“Mis ganas de competir, jugar torneos, de experimentar el tenis eran urgentes, me quedaba sin dormir noches enteras hasta que un día decidí irme a Salta capital a jugar un torneo: Y fue cuando me encontré con una cancha de verdad, de polvo de ladrillo, era como un sueño y fue en esa cancha donde jugué mi primer torneo y lo gané”, recuerda Cristian sin poder evitar la emoción que le causa rememorar semejante hazaña.
“De allá volví orgulloso de lo que había logrado, sentía el respeto de los habitantes de mi pueblo que también se acercaban para saludarme. Salí en el diario El Tribuno de Salta. Muchos me preguntaban cuando jugaba los torneos, donde entrenaba y yo les repondía: ´En las Lajitas. No hay un club´; sin embargo de tanto luchar el Intendente decidió construir una cancha municipal de cemento. Ese mismo año comencé a jugar los nacionales, como tenía una beca del colegio la usaba para ir a jugar algún torneo. Y claro, nunca me alcanzaba, pero hasta las personas más humildes me daban una mano”.
Sin embargo hubieron otros que lo trataron de ladrón: “El candidato a gobernador de Salta y multimillonario Alfredo Olmedo, me trató como un ladrón un día cuando le pedí que me ayudara en mis viajes. A veces se cerraban algunas puertas y era duro escuchar ofensas así; sin embargo seguía, muchas veces en el colegio tenia inasistencias por los torneos, pero siempre negociaba: Desenredaba la bandera que se agarraba en la punta del mástil y me borraban un par de faltas, y así terminé la secundaria”.
“En ese tiempo me fui a vivir a un pueblito a 60 kms. de donde vivía, migré con la esperanza de poder encontrar una cancha de tenis en ese pueblo… llegué y no había nada sólo una cancha de voleibol abandonada, ahí mismo coloqué una soga y comencé a sacar. Verme con una raqueta en ese pueblo donde nunca nadie había empuñado una enfurecía a muchos curiosos, recibía insultos por ´venir del monte y hacerse el que juega al tenis…´ En ese pueblo sólo se practicaba el fútbol, fue duro hasta que pude hacer amigos y los invite a jugar y así, día a día, siendo mi propio profesor auto corrigiéndome llegó un momento en que ya no pude más”, y baja la cabeza, deja estar las manos sobre la mesa mientras menea la cabeza de un lado al otro. Sin embargo no era, de ninguna manera el final.
“Mis ganas de competir, jugar torneos, de experimentar el tenis eran urgentes, me quedaba sin dormir noches enteras hasta que un día decidí irme a Salta capital a jugar un torneo: Y fue cuando me encontré con una cancha de verdad, de polvo de ladrillo, era como un sueño y fue en esa cancha donde jugué mi primer torneo y lo gané”, recuerda Cristian sin poder evitar la emoción que le causa rememorar semejante hazaña.
“De allá volví orgulloso de lo que había logrado, sentía el respeto de los habitantes de mi pueblo que también se acercaban para saludarme. Salí en el diario El Tribuno de Salta. Muchos me preguntaban cuando jugaba los torneos, donde entrenaba y yo les repondía: ´En las Lajitas. No hay un club´; sin embargo de tanto luchar el Intendente decidió construir una cancha municipal de cemento. Ese mismo año comencé a jugar los nacionales, como tenía una beca del colegio la usaba para ir a jugar algún torneo. Y claro, nunca me alcanzaba, pero hasta las personas más humildes me daban una mano”.
Sin embargo hubieron otros que lo trataron de ladrón: “El candidato a gobernador de Salta y multimillonario Alfredo Olmedo, me trató como un ladrón un día cuando le pedí que me ayudara en mis viajes. A veces se cerraban algunas puertas y era duro escuchar ofensas así; sin embargo seguía, muchas veces en el colegio tenia inasistencias por los torneos, pero siempre negociaba: Desenredaba la bandera que se agarraba en la punta del mástil y me borraban un par de faltas, y así terminé la secundaria”.
A partir de entonces germinaría la idea de partir hacia Capital Federal: “Un día tomé la decisión y allí comencé a entrenar en el club Doblas Tenis. Una empresa de Las Lajitas me ayudaba con algo y el intendente de Salta Capital, Miguel Issa también. Así como el intendente de mi propio pueblo nunca quiso ayudarme en nada, y creo que hizo la cancha porque el diario lo cuestionaba, siempre hubieron personas nobles y solidarias en mi vida. A veces iba a entrenar con un guiso en el estómago y hacer doble turno era muy duro, hasta que se me acabó el dinero y tuve que volverme a salta. Me sentí muy triste, no sabía qué hacer y comencé a enseñarle tenis a chicos de una escuela de niños con síndrome de Down y otras discapacidades. No podía evitar la tristeza porque mi sueño era ser profesional y no dependía de mis ganas sino del dinero… y busqué una alternativa: Cuando era un niño soñaba con cantar… hasta que conocí el tenis. Entré a la iglesia San Antonio de Padua de Las Lajitas, al coro parroquial y un amigo me regaló una guitarra. Tenía entonces 21 años y a los pocos meses ya estaba cantando folclore en los festivales, compartiendo escenarios con distintos grupos y solistas entre ellos el Chaqueño Palavecino, Paola arias…. Y de a poco me di cuenta que el canto era la posibilidad de volver al tenis”, la vida le daba otra oportunidad que Cristian no estaba dispuesto a desaprovechar.
“Le pedí trabajo a la Virgen de la Medalla Milagrosa y se me cumplió, porque le pedí para poder juntar dinero y volverme a Capital Federal. Esa misma semana comencé a trabajar de policía de transito en Las lajitas, pudiendo ahorrar. Le pedí a la Virgen poder encontrar alguien que me pueda ayudar con el entrenamiento y esa semana apareció Marcelo ´El Negro´ Gómez quien se dispuso a verme jugar y evaluar mis condiciones… en Tandil. Miré el mapa y vi que no estaba muy lejos de Capital, y dije ¿Por que no Tandil? y cuando decidí venir a evaluarme con Marcelo, compré zapatillas, una raqueta, me tenia mucha fe, pero me quedaron 350 pesos y no me alcanzaba ni para el pasaje, entonces le pedí otro favor a mi virgencita encontrar alguien que me viera haciendo dedo y me acerque. Apareció ´el Cuchi" Domínguez un camionero de la zona que iba con granos hasta Rosario, como en casa estaban de acuerdo con mi viaje para intentar progresar en la vida, me vine a Tandil en el camión que traía 1800 kgs. más de soja de lo reglamentario y si nos agarraban en la balanza, se terminaba mi viaje, así que en las balanzas a la hora de pesar le rogaba a mi virgencita que no salieran los kilos de más en la computadora y fue increíble porque como si todo estuviese en orden los balanceros con una bandera indicaban que siguiéramos el camino, no lo podíamos creer. El milagro estaba ante nuestros ojos, así atravesamos muchas balanzas, llegamos al puerto de Rosario y habíamos pasado con la carga.
El camionero me ayudó con 100 pesitos, de modo que ya tenia 450. Me bajé en el peaje 10 kms. antes de llegar a Rosario, conmigo traía la guitarra, la Virgen, el poncho salteño y la raqueta, los bolsos cargados de ilusiones. Un gendarme me indicó el camino para tomar un colectivo hasta Rosario, atravesé una acequia llegué un pequeño pueblito llamado Cabañas Rincón de Timbúes donde no vi una sola persona, subí a un colectivo que pasaba por la ruta y como vi que llevaba bastante gente le pregunte al chofer si podía cantar, me dijo que si. Saqué la guitarra y entré con una zamba carpera, pasé la gorra y recaudé para el pasaje a Tandil donde llegué a la Terminal de Omnibus un 27 de mayo a las 3.45. Cargado con los bolsos crucé la calle Portugal, vi que venia un remis, un Chevrolet Corsa color dorado –después supe que lo manejaba Mauricio Fernández de Alas Red-, le pedí que me llevara al Club Independiente, le comenté de dónde venía y me pasó su celular y sin dudarlo me brindó su confianza. Cuando llegué al club el portero dejó que me quedara allí, hacía mucho frío como que quemaba. Al día siguiente Marcelo Gómez me preguntó si me podía quedar a entrenar y sus palabras fueron como un regalo que le agradezco desde el alma. No pude quedarme allí por mucho tiempo pero no tenía donde ir, de modo que llamé a Mauricio, el remisero, me hizo un lugar en su casa junto a su familia”, dice con tanto agradecimiento y sinceridad que conmueve.
Y ya vendrían las noches de guitarreadas y canto en la ciudad: “Comencé a cantar los sábados, primero fue Antique donde una persona me dejó cien pesos de propina y yo lo guardé porque mi sueño ya estaba en marcha. Canté en La Cautiva, la dueña, Silvia Taraborelli me abrió las puertas y me ayudó muchísimo, así como la gente de Tandil que es muy solidaria, hoy en día estoy cantando en La Pulpería, La Rueda y gracias a los dueños puedo ganarme semana tras semana mi estadía en Tandil.
Ya he pagado torneos en Mar del Plata y Dolores y continúo trabajando por mi sueño, porque sé que puedo hacerlo realidad”.
“Le pedí trabajo a la Virgen de la Medalla Milagrosa y se me cumplió, porque le pedí para poder juntar dinero y volverme a Capital Federal. Esa misma semana comencé a trabajar de policía de transito en Las lajitas, pudiendo ahorrar. Le pedí a la Virgen poder encontrar alguien que me pueda ayudar con el entrenamiento y esa semana apareció Marcelo ´El Negro´ Gómez quien se dispuso a verme jugar y evaluar mis condiciones… en Tandil. Miré el mapa y vi que no estaba muy lejos de Capital, y dije ¿Por que no Tandil? y cuando decidí venir a evaluarme con Marcelo, compré zapatillas, una raqueta, me tenia mucha fe, pero me quedaron 350 pesos y no me alcanzaba ni para el pasaje, entonces le pedí otro favor a mi virgencita encontrar alguien que me viera haciendo dedo y me acerque. Apareció ´el Cuchi" Domínguez un camionero de la zona que iba con granos hasta Rosario, como en casa estaban de acuerdo con mi viaje para intentar progresar en la vida, me vine a Tandil en el camión que traía 1800 kgs. más de soja de lo reglamentario y si nos agarraban en la balanza, se terminaba mi viaje, así que en las balanzas a la hora de pesar le rogaba a mi virgencita que no salieran los kilos de más en la computadora y fue increíble porque como si todo estuviese en orden los balanceros con una bandera indicaban que siguiéramos el camino, no lo podíamos creer. El milagro estaba ante nuestros ojos, así atravesamos muchas balanzas, llegamos al puerto de Rosario y habíamos pasado con la carga.
El camionero me ayudó con 100 pesitos, de modo que ya tenia 450. Me bajé en el peaje 10 kms. antes de llegar a Rosario, conmigo traía la guitarra, la Virgen, el poncho salteño y la raqueta, los bolsos cargados de ilusiones. Un gendarme me indicó el camino para tomar un colectivo hasta Rosario, atravesé una acequia llegué un pequeño pueblito llamado Cabañas Rincón de Timbúes donde no vi una sola persona, subí a un colectivo que pasaba por la ruta y como vi que llevaba bastante gente le pregunte al chofer si podía cantar, me dijo que si. Saqué la guitarra y entré con una zamba carpera, pasé la gorra y recaudé para el pasaje a Tandil donde llegué a la Terminal de Omnibus un 27 de mayo a las 3.45. Cargado con los bolsos crucé la calle Portugal, vi que venia un remis, un Chevrolet Corsa color dorado –después supe que lo manejaba Mauricio Fernández de Alas Red-, le pedí que me llevara al Club Independiente, le comenté de dónde venía y me pasó su celular y sin dudarlo me brindó su confianza. Cuando llegué al club el portero dejó que me quedara allí, hacía mucho frío como que quemaba. Al día siguiente Marcelo Gómez me preguntó si me podía quedar a entrenar y sus palabras fueron como un regalo que le agradezco desde el alma. No pude quedarme allí por mucho tiempo pero no tenía donde ir, de modo que llamé a Mauricio, el remisero, me hizo un lugar en su casa junto a su familia”, dice con tanto agradecimiento y sinceridad que conmueve.
Y ya vendrían las noches de guitarreadas y canto en la ciudad: “Comencé a cantar los sábados, primero fue Antique donde una persona me dejó cien pesos de propina y yo lo guardé porque mi sueño ya estaba en marcha. Canté en La Cautiva, la dueña, Silvia Taraborelli me abrió las puertas y me ayudó muchísimo, así como la gente de Tandil que es muy solidaria, hoy en día estoy cantando en La Pulpería, La Rueda y gracias a los dueños puedo ganarme semana tras semana mi estadía en Tandil.
Ya he pagado torneos en Mar del Plata y Dolores y continúo trabajando por mi sueño, porque sé que puedo hacerlo realidad”.
Joven agradecido
Cristian agradece a la población tandilense, a sus entrenadores, Marcelo, Mario, Bernardo, Germán, Salvador, Andrés, Hernán, Mauricio, y tanta gente que está haciendo lo posible por ayudarme. A Dios y la Virgen que no deja de protegerme.
Dejó un celular para aquellos que quieran contratarlo: 02293 15616864 y su e-mail cristianyt@hotmail.com
Cristian agradece a la población tandilense, a sus entrenadores, Marcelo, Mario, Bernardo, Germán, Salvador, Andrés, Hernán, Mauricio, y tanta gente que está haciendo lo posible por ayudarme. A Dios y la Virgen que no deja de protegerme.
Dejó un celular para aquellos que quieran contratarlo: 02293 15616864 y su e-mail cristianyt@hotmail.com
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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