El testimonio del adiós de Juan Berges
No suena trágico y no se lo ve trágico porque realmente no lo es, sí se podrá decir que es una lástima. Que colgó los botines antes de tiempo un tipo que nació para eso. Ayer coincidieron, con palabras más o palabras menos, en ese concepto desde amigos hasta compañeros y tipos de renombre en el mundo ovalado. Es que para alguien que jugó al rugby de pequeño, que lo incorporó como su deporte predilecto -pese a ser un tipo muy futbolero- retirarse de la práctica que ejerce desde que tiene uso de razón es, indiscutiblemente, doloroso.
Y cuando alguien es bueno para algo y, para colmo, apasionado, es imposible que se lo tome como un divertimento. Y Juan Berges es bueno con una guinda en las manos y por eso llegó a vivir para este deporte que lo vio más veces reír que llorar. Entonces, el sentirse deteriorado físicamente o sin las mismas fuerzas para sobreponerse al rival debe ser algo muy duro de sobrellevar para un ganador nato porque el cuerpo va en contra de su misma mentalidad.
Si alguien le preguntaba a Juan, desde que terminó la secundaria hasta el sábado pasado, o sea, en el transcurso de ocho años, a qué se dedicaba, él, por vergüenza, tal vez respondía la carrera de turno que posteriormente haya dejado o que labura en la empresa de su viejo, Jorge, el hombre que siempre le hizo hincapié en el tackle. Pero mentía descaradamente: era y es un rugbier. Y hasta en estas breves líneas que no quería escribir e hizo a fuerza de insistencia, gentilmente para El Eco de Tandil, se constata que es así:
?Lo del retiro empezó como una excusa para que me dejen jugar unos minutos este año. Faltaban dos fechas, Lomas, de local, y SIC, allá. Yo venía de un parate largo, debo haber jugado cinco partidos en todo el año. Arranqué en marzo a sentirme mal y recién en septiembre me dijeron que era diabético. Y que lo mejor sería que no juegue más al rugby.
Entonces empecé con que podía llegar a ser la última oportunidad de jugar en CASI (contra el SIC arrugué). Dije que el médico me dejaba jugar 20 minutos pero que tenía que ser sí o sí en la cancha 1, que me pongan, que era mi despedida.
El sábado, entonces, me pusieron. Jugué 20 minutos en la Preintermedia A y 10 en la Intermedia, y me hicieron una linda despedida. Y ahí me metieron presión porque la despedida se tornó medio oficial y, ahora, ¿ya no puedo echarme atrás?
Ahí me lo tomé más en serio, y me golpeó un poquito. Y en eso estoy viendo qué onda…
Lo cierto es que no sé si podría jugar, hoy estoy muy cansado. Y entrenar cuatro veces por semana, en Buenos Aires, es desgastante.
Esperemos, ahora que sé lo que tengo, empiece a levantar. Y si levanto, el médico dijo que en una ciudad tranquila, entrenando dos veces por semana, con amigos, no sería nada loco volver??.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailMás de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios