El transito y sus calles
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-“Es una locura. Mandamos patrulleros, pero no alcanza. Agredieron al poco personal que fue (…) No vamos arriesgar más compañeros (…) Es un desastre. Son como 50 (…) Les decimos a los vecinos que además de llamarnos a nosotros vayan al Municipio para que hagan algo. Nosotros llamamos a Tránsito y no contesta nadie a esta hora”.
El párrafo anterior rescata, palabras más palabras menos, a la comunicación que este Diario mantuvo en la noche del viernes, primeros minutos de la jornada sabatina, con personal policial frente a una andanada de sirenas que pululaban por la vecindad y replicaban en constantes llamados telefónicos de ciudadanos alertando a esta Redacción. Era medio centenar de motoqueros jugando a las picadas, jugando con la muerte.
Entre borrachines molestando en la vía pública, un grupete de juveniles exaltados en riña en el ingreso a algún boliche céntrico que ahora ensayaba cumplir con los topes horarios frente al anuncio de mayor rigor de controles y un par de familias catalogados de malandras que querían resolver sus pleitos a las piñas, los patrulleros con sus respectivos uniformados rebotaban cual bola de flipper de un rincón al otro de la ciudad, en lo que sería un viernes a puro vértigo y locura. Una sociedad enferma que no encuentra antídoto.
Siquiera las muertes y los comas alcohólicos exhibidos en los medios sirven para atemperar los ánimos alocados y una situación caótica que hace a la violencia callejera, la de a pie y sobre ruedas.
Colectivos
Y si de calles y tránsito se habla, el debate político parece estar dedicado por éstas horas al costo del boleto del transporte urbano. Una folclórica discusión que pone en aprietos a quienes tienen la oportunidad de cobrar un protagonismo perdido frente a su anodino paso en la agenda pública, los concejales.
Se trata de la presentación de lo que se emula como un legítimo planteo de los transportistas a la hora de reacomodar los precios frente a la inflación, con la amenaza siempre en mano de no poder afrontar el salario de los choferes y, con eso, la invitación a que la UTA se haga eco de la presión por venir.
Al unísono, el reclamo también legítimo de los usuarios, que ven que una vez más la variable de ajuste son sus flacos bolsillos, que se habla de estudios de costos del transporte pero no de su economía doméstica.
Obligadamente, entonces, entran en escena las dos empresas más importantes de la ciudad: el Municipio y la Unicén, cuyos presupuestos parecen estar más atento al mantenimiento de la estructura interna que de los servicios por cumplir.
Se trata de un interesante escenario el que se presenta, una posibilidad concreta para que ambas instituciones se sienten frente a frente y analicen qué se puede hacer para que el impacto no siempre recaiga en el usuario y se atienda en su justa medida para que el servicio público no se resienta. Se trata de un desafío, habrá que ver si están a la altura de las circunstancias.*
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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