El triunfo de la selección volcó a una multitud a las calles y agrandó la ilusión
La ciudad, así como el resto del país, fue la casa del silencio por un par de horas. Es un Mundial, son cuatro años de espera. Y para este país futbolero, más de dos décadas en las que la sed de revancha aparece ni bien termina la competencia.
Este 2010, el hincha argentino respira de otra manera, diferente. Y así le toma el cuerpo una sensación que pocas veces experimentó, porque el equipo sigue entusiasmando. Tal vez el rendimiento de ayer no fue el óptimo, pero una victoria empujó de nuevo a los tandilenses a las calles.
La esquina de Pinto y Rodríguez volvió a cubrirse de gorros, banderas y camisetas, para seguir luego hasta la esquina de Multimedios El Eco. Este domingo, se sumaron los redoblantes para acompañar los cánticos. Tampoco faltaron las cornetas (vuvuzelas, sólo en Sudáfrica) y la pirotécnica.
El día (no laborable) también mostró una larga fila de coches que a paso de hombre recorrió las calles céntricas a los bocinazos y desplegando banderas argentinas desde las ventanillas. De algún auto se escuchó el himno del mundial (?Waving Flag?), mientras un nene miraba desorientado a los jóvenes caminando hacia la multitud y a los padres con sus hijos en los brazos uniéndose al festejo.
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?Argentino, soy, y vos sos la alegría de mi corazón?, fue una de las primeras letras populares de cancha que se escucharon y que cada uno de los presentes gritó agitando sus brazos y saltando.
Ya en Pinto y Rodríguez, muchos se encontraron con conocidos y, los más futboleros, no perdieron la oportunidad para comentar el partido. Unánimemente, Carlos Tevez fue quien se llevó los mayores elogios. El ?Apache?, como lo bautizara un relator, o simplemente ?Carlitos?, es, como lo definió Diego Maradona, ?el jugador del pueblo?.
Su primera conquista y el zapatazo que clavó en el ángulo del mexicano Oscar Pérez quedaron, en la mayoría de los casos, al margen de los comentarios. El sacrificio y el corazón que pone el número 11 en la cancha sobran para ubicarlo entre los más queridos.
Pero mientras unos hablaban de fútbol, otros se sacaban fotos o filmaban a la ciudad atrás de un sentimiento bajo el cielo gris del atardecer. Ninguno dejó de cantar y saltar ni un segundo.
Objetivo,
domingo 11
La confianza de los hinchas sigue en aumento. La figura del Dios mayor del olimpo futbolero con el buzo de DT (que, aunque al costado de la línea de impecable traje gris, la pasión que le despierta la celeste y blanca lo transforma en un jugador más), pone a la gente expectante. Si lo hizo una vez, ¿por qué no lo puede repetir?
El país ya palpita el partido del sábado con Alemania. Será una semana distinta, contando las horas. Los especialistas, los de análisis fríos y desprovistos de sentimiento, dicen que será el verdadero comienzo del Mundial para la selección. Sin embargo, a los hinchas nada les importa y ayer sólo soñaban despiertos y en voz alta con ver al equipo en la final, el domingo 11 de julio. ?Volveremos, volveremos / Volveremos, otra vez / Volveremos a ser campeones / Como en el ?86?. El efecto Maradona y todo un pueblo pendiente de la camiseta son denominadores comunes de aquella gesta. No se necesitan más coincidencias. *
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