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Se fue una semana cargada de polémica, debate, pases de factura que, en definitiva, hacen a la dinámica de una sociedad democrática con sus problemáticas y exigencias a cuestas.
Aquellos que se asustan frente a la virulencia suscitada debieran repasar en qué sociedad se vive, se goza y padece, y se podrá comprender que en verdad, al final del camino, más allá de algunos exabruptos y desmesuras aprobadas por una mayoría automática, merece la pena reivindicar como parte de los pro y contra de la vida política.
Hubiera resultado un error garrafal si el presidente del Concejo, Juan Pablo Frolik, hubiese aceptado a los correligionarios que le solicitaban, temerosos, pedir por seguridad uniformada en las puertas del palacio comunal para impedir que los pibes expresen su bronca por una antipática decisión que el radicalismo asumió con el costo que sólo el tiempo sabrá medir.
Resultaba un yerro de similar magnitud si los ediles de la oposición repetían aquella timorata postura de no sentarse en sus bancas para dar la discusión más allá que el resultado estaba cantado.
En definitiva, el lunghismo impuso su mayoría y no hizo más que ratificar que se está dispuesto asumir un costo político en pos de aliviar el riesgo empresarial de los encargados de conducir el transporte público, marcando así un rumbo que parece no tener marcha atrás: una ciudad cada vez más cara.
En aquel final del camino, los asambleístas como la mismísima oposición, podrán reflexionar que algo se ganó más allá de una votación a mano alzada en el recinto.
Que el mismísimo lunghismo después de casi 10 años de gestión lance el progresista PASE tiene que ver con aquella resistencia más allá que el rédito político actual se lo pretenda llevar al radicalismo como brazo ejecutor de la iniciativa.
Que se pida –a deshora- una auditoría contable sobre las empresas de transporte tiene que ver con una batalla ganada, aunque ahora parezca una guerra perdida.
El anecdotario
Como anecdotario del debate transitado que arribó a uno de los boletos más caros del país (por una u otro cosa Tandil siempre se destaca), párrafos aparte merecen algunos epítetos y actitudes protagonizadas a lo largo de la polémica.
La incómoda postura del justicialismo en éste como otros temas resulta evidente. Criticar la política de transporte local cuando levantan las banderas de un Gobierno nacional que no hizo nada para evitar una tragedia como la de Once al menos invita a los reparos.
También resultaron curiosos los discursos escuchados en la asamblea estudiantil en la Plaza Independencia, donde finalmente prevaleció la moción por no interrumpir la sesión. La curiosidad deviene del fundamento de dicha decisión mayoritaria: interrumpir nuevamente el tratamiento pondría a la sociedad en contra, iría contra su imagen.
Resulta al menos llamativo que pibes que recién comienzan a militar ya “midan” y especulen con esas circunstancias, transformándolos en esa corta pero febril juventud en dirigentes haciendo escuela para mañana ingresar al sistema que amenazan cambiar.
Ni que hablar de los dichos del concejal radical Daniel Salvi, quien cuestionó la legitimidad de la Asamblea por el Transporte Público porque se trata de estudiantes que en su mayoría no son de Tandil y, seguramente no votan en la ciudad (sic).
Más allá del despropósito de sus dichos, si a legitimidad se refiere debería bajar unos escalones a su ego, admitiendo al menos que si bien está sentado en una banca por el voto de los convecinos, esos sufragios le corresponden al mismísimo Lunghi y no precisamente a su persona.
Pichirica
Bajo ese tenso escenario, quien salió airoso fue el presidente del cuerpo legislativo, Juan Pablo Frolik, quien en la silenciosa carrera por la sucesión lunghista pareció sacar algún cuerpo de ventaja, dicen los correligionarios que posan su mirada sobre estos entuertos.
A nadie escapa que algunos se perfilan con chance y legítimas aspiraciones sobre la citada especulación política en calle Mitre como Belgrano. Desde el jefe de Gabinete, Marcos Nicolini, al secretario de Gobierno, Matías Civale, se posan las miradas en ese inquietante terreno.
Pero también hay un tercero que representa el lunghismo más puro, porque en verdad es más lunghista que radical y por el único que el pediatra pondría las manos en el fuego: Juan Pablo Frolik.
En tren de especulaciones y casi seguros que a Miguel Lunghi le será difícil, sino imposible, no tentarse por un período más, no pocos radicales consideraron que la conducción de “Pichirica” en el Concejo, puntualmente por el debate transitado, lo dejó muy bien parado, más precisamente delante de los otros dos aspirantes.
No pocos en el Comité rescataron la labor del abogado que supo militar en el Partido Intransigente y que después del “escondido” Hugo Escribano parece el más peronista de los radicales.
Se destacó en la última escena que el “Flaco” tras la escandalosa sesión frustrada supo capear la situación y negociar con los asambleístas, como logró también que el bloque opositor se sentara en sus respectivas bancas para sesionar.
Una vez culminada la sesión, correligionarios varios hicieron conocer el reconocimiento al abogado al unísono de mostrar cierto recelo para con los otros dos “aspirantes” que ni siquiera fueron a la reunión de comisión directiva en el Comité donde precisamente se decidió qué estrategia encarar frente a la tensión política por el boleto. u
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