El viejo amigo Oscar
Debe hacer nada menos que unos setenta y siete años que anda metido en el boxeo. Más que una vida y, tiempo que muchos no tienen ni la gracia de transitar sobre la tierra. Hoy tiene 87 años, los cumplió el primero de mayo, contraviniendo lo que significa ese día porque nunca tuvo descanso. Ni siquiera un pequeño percance de salud, que a otro espíritu le hubiera marcado tarjeta roja, lo ha podido alejar de su escritorio en la Federación Argentina de Box. Se recuperó no sin poca constancia, pensando en volver a subir las escaleras de Castro Barros 75.
Oscar, el viejo amigo Oscar Seleme, heredero de la nobleza de este deporte, de esa nobleza que está en camino de extinción pero que él ha sabido llevarla y honrarla como un codiciado tesoro. Que asumió el día que sintió que el boxeo se le metía en la sangre y que mantiene como estandarte de su honradez hasta el día de hoy, como director de la Escuela de Árbitros y Jurados de la Federación.
¡Quién no conoce a Oscar! Ese pibe que andaba boxeando por los años ?40, que para él no hubo otro boxeador como Justo Suárez, y que sobre el ring este Seleme se sacaba chispas con su adversario. El que fue jurado en grandes peleas y también en las que estaban títulos mundiales en juego. Fiscal eterno de las veladas más importantes, cuando reglamentariamente por la edad debió abandonar las tarjetas. Indomable, como cuando se ponía los guantes, contra los más benevolentes pronósticos, hace unos pocos días atrás se lo pudo ver en un festival ayudado por su bastón a ocupar la mesa del fiscal. Son la fuerza y el coraje del maestro de tantos jurados y referís, compañero inclaudicable, que cuando empezaba una clase decía con toda humildad: ?Todo lo que sé lo aprendí escuchando?.
Sí, digo cuando empezaba una clase porque a partir de este año será nombrado Director Honorario de la Escuela y aunque será siempre el referente ineludible para toda consulta, ya no andará trajinando por el país dando sus inigualables seminarios.
No terminan allí los reconocimientos. El Comité Olímpico le ha otorgado una distinción por ser el dirigente de mayor trayectoria en el boxeo. Un merecido premio al amigo de todos, al hombre sin dobleces, al generoso maestro, a quién puede ser un consejero, un padre o un hermano. A quien todos respetamos y nos alegramos profundamente que su intachable recorrido arriba y al borde del ring haya sido reconocido por el mayor organismo del deporte nacional.
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