Elegir Tandil
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Quienes son conocedores de lo que significa “el nido vacío” también puede que un día se encuentren con que, a pesar de que cuando estaban lejos, el tiempo no pasaba nunca, pasó volando aunque suene a paradoja. Y están otra vez en casa o en las propias –aunque nunca entregarán la llave de la paterna- pero son una presencia habitual en la ciudad donde nacieron. Y tienen que reacostumbrarse a la hora de la siesta, a saludar por el centro a dos o tres conocidos en una misma cuadra –cosa que suena todavía un poco a pueblo- y tener más tiempo para disfrutar de otras cosas que quizás postergaron en función de sus propias vocaciones.
También es cierto que la ciudad, muy linda por cierto y con buena calidad de vida, entre otras cosas es un punto de atractivo para familias capitalinas, generalmente, que vienen a buscar aire más tranquilos. Y también los jóvenes profesionales optan por Tandil cuando comienzan a proyectar su futuro.
En la nota, Catalina Landívar (profesora de teatro y dramaturga, tandilense), Elisa Palavidini (farmacéutica, lujanense), José Ignacio Ulloa (tandilense, odontólogo) y Juan Martín Pissani (tandilense y abogado) brindaron sus experiencias de estudiantes universitarios en ciudades que no fueron las suyas y hablaron del porqué eligieron o reeligieron Tandil.
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Quiénes son
• José Ignacio Ulloa, odontólogo egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Volvió hace un mes después de ocho años de estudio, perfeccionamiento y trabajo. Actualmente está haciendo una especialización en cirugía e implantología en la Universidad de Quequén.
• Juan Martín Pissani, abogado, egresado de la Universidad de Buenos Aires. Regresó hace un mes luego de once años de estudio, dos posgrados y desarrollo de su profesión. Está terminando su maestría en Derecho Tributario en la Universidad Católica Santa María de los Buenos Aires.
• Catalina Landívar profesora de teatro egresada de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia, se fue a Buenos Aires para hacer una maestría en el Instituto Nacional Universitario de Arte (IUNA), se quedó dos años y medio y regresó hace tres meses
• Elisa Palavidini es de la ciudad de Luján. Estudió Farmacia en la Universidad de Buenos Aires. Tiene una especialización en Desarrollo galénico. Trabajó en una empresa multinacional y luego de once años vino a residir a Tandil hace un mes.
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-¿Por qué elegiste estudiar en Tandil? Hay jóvenes que a pesar de que exista la carrera en su ciudad deciden emigrar.
Catalina Landívar: -No se me ocurrió cuando terminé el secundario pensar en irme a estudiar afuera. Tuve claro siempre que quería hacer teatro, porque lo hago desde chica y por una cuestión familiar estoy muy vinculada él. El nivel de la Unicén es excelente por eso me quedé a estudiar acá, no entré en dudas. Luego me dieron un consejo: especializarme en Buenos Aires, que siempre en lo artístico aparece como la posibilidad de formación por excelencia ya que allá hay de todo. Como contaba, hice la carrera acá durante cinco años, me recibí de profesora. En el medio trabajé de varias cosas, di clases de teatro, fui niñera.
Siguiendo aquel consejo me fui a hacer una maestría en dramaturgia al IUNA. No me fui con la idea de regresar al terminar la cursada, ya que siempre van pasando cosas en la vida, pero seguí muy vinculada a Tandil, continuaba viajando. Por otro lado, en lo laboral el teatro no es fácil en Capital. Si bien trabajaba de otra cosa, hacía eventos, cuidaba chicos, daba talleres en un colegio privado y en otra institución para los más chicos eran pocas horas y entonces lo laboral, como decía, se volvió un poco complejo.
Pero hacer la maestría fue algo súper interesante y también significó que siempre que uno termina una carrera se da cuenta que es súper general, supongo que les pasa a todos (dicen que si). Luego uno se pone a afinar el ojo o achicar y especificar un poco lo que quiere. En la dramaturgia encontré eso, un lugar donde me siento cómoda, donde lo que aprendo lo llevo a las clases que estoy dando en el Club de Teatro que también es un rol donde me siento cómoda.
La vuelta a Tandil tiene que ver justamente con mi desarrollo profesional y laboral ya que significa poder producir más. En Buenos Aires hay de todo, se realizan obras de teatro en una cantidad increíble, pero reitero, en lo laboral es un poco complicado. Por otro lado, también hay que tener paciencia porque es una ciudad que te brinda conocimiento, te encontrás con maestros geniales, gente que está metida en lo teatral y uno lo quiere aprovechar. En el IUNA tuve maestros muy buenos con los cuales aprendí muchísimo pero acá puedo producir más, ensayo, doy clases y con una compañera estamos al frente de un taller de dramaturgia.
-¿Qué te dio Buenos Aires?
-A nivel personal está buenísimo haberme ido, me vino bárbaro y también hacerme ido a los 23 y no a los 17, porque tenía amigas que ya estaban instaladas hacía cinco años y me pasó que llegué y fui a vivir con gente que estaba súper acostumbrada a la ciudad. Y está bueno irte de tu ciudad porque crecés mucho en distintos aspectos, conocés gente, te relacionás con personas de otros lugares, me pasó en la Facultad porque había intercambio con alumnos de diferentes países. Sentirte solo y tener que resolver situaciones fue muy positivo.
-¿Cuál es la razón por la que decidiste regresar?
-En mi caso fueron varias circunstancias las que pesaron, entre otras, proyectos personales. Por otro lado Buenos Aires también es muy cansador, con un estilo de vida diferente, pero en lo artístico tenés todo lo nuevo, lo mejor y no tanto.
-¿Cómo ves a la ciudad en la faz artística?
-Acá hay mucha producción y eso lo he notado mucho desde mi regreso, con más crecimiento a nivel cultural y sobre todo en lo teatral. Es increíble como va la gente al teatro, esto no sucedía hace dos años. Hay diferentes espacios con todo tipo de propuestas culturales.
Entre Paseo Colón y la cancha de River
“Desde el primer día que me fui a Buenos Aires –el 7 de marzo de 2001- sabía que iba a volver, pero no cuando”, comenzó diciendo Juan Martín Pissani.
-¿Cuál fue el motivo principal que te trajo de vuelta?
-Mejorar la calidad de vida. No tengo nada que recriminarle a Buenos Aires desde el punto de vista económico y profesional ya que me formó como persona más allá de hacerlo como abogado.
No sé si será por mi profesión pero en la rama del Derecho se vive para el trabajo y no se hace otra cosa. No es que vivís del Derecho, expandiéndote a otras ramas como meterte en política, escribir artículos de doctrina o dar clases, es solamente el trabajo. De modo que lo único que podía explotar allá era sentarme y estar en mi propia oficina y nada más. Entraba a las 9 y como muy temprano me iba a las ocho y almorzaba en el estudio o en uno de los puestos de Puerto Madero. No era que el Estudio me lo demandara, allá es así, en el que estaba o en cualquier otro. Los mismos clientes tienen un nivel de exigencia de ese estilo. Allá te ponen una reunión a la una y media de la tarde, cosa que no es habitual en Tandil.
“Buenos Aires me abrió la cabeza”
“Allá te despreocupás de lo económico –continuó contando Martín-, la única preocupación es el trabajo y le dedicás la vida, pero con lo inquieto que soy quiero hacer otras cosas. Entonces me empezó a dar vueltas en la cabeza esto de dar clases, escribir artículos ya que me gusta mucho y en Buenos Aires no lo iba a poder hacer”.
-Debe haber sido difícil la elección, suponemos, porque decís que allá te despreocupás del dinero, cuando la inmensa mayoría de la gente la tiene casi como prioritaria.
-Cuando evalué venir a Tandil lo primero que puse en la balanza fue la calidad de vida, con ese ritmo no se llega a los 60 o bajás motu proprio o la vida te pasa factura. Lo otro que también puse en la balanza, claro fue el dinero pero de forma secundaria porque si ese ritmo de trabajo que llevaba en Capital lo ponía acá iba a poder sacar trabajo con mayor calidad, darle un valor agregado. Como decía recién, dedicarme a otras cosas, escribir, dar clases y el dinero entonces va a ser una consecuencia.
-¿Qué te dio Buenos Aires?
-Profesionalmente me formó diez puntos, en ese sentido no hay nada que reprochar. Me recibí en una universidad pública, hice dos posgrados, ahora estoy por terminar la maestría. También me terminó de formar el carácter, el chico que se fue de acá con 17 años no es el mismo que regresó.
No me voy a olvidar más de mi primer día de clases en el CBC (ciclo básico común), fue un 19 de marzo de 2001 el primer paro de De la Rúa. Venía del Colegio San José, un ámbito donde estabas todo el tiempo protegido y de allí me tiraron al medio de Paseo Colón que no tenía la menor idea de dónde quedaba. Cuando fui a elegir la sede tenía opciones, Paseo Colón –que me sonaba que era un shopping- y Ciudad Universitaria con el estadio de River enfrente y soy hincha de River… después me di cuenta que tenía otra sede a dos cuadras de donde vivía y a Paseo tenía que hacer cuarenta minutos en bondi.
Como contaba, primer día de clases, primer paro de De la Rúa, el profesor de sociología nos dice: “Ustedes tienen la camiseta de la enseñanza pública. Vamos a poner los bancos en la avenida, la cortamos y allí damos clase”. Cursaba junto con un amigo y compañero de colegio, Matías “El Chino” Marbán” y nos miramos los dos “¿nosotros cortar una avenida?”. Cuando salía hacia la pensión estaba el profesor poniendo los bancos en la avenida. Hoy en día me llega a pasar eso y no me asombra para nada, no te voy a decir si la corto o no, pero no me asombra, reitero. Buenos Aires me abrió muchísimo la cabeza.
-¿Y cómo es la readaptación?
-Es un golpe también, porque tenés que bajar el ritmo… me cuesta volver a casa al mediodía, son las dos y media de la tarde y a veces me pregunto ¿qué hago acá? A veces agarro mis cosas y me vuelvo al Estudio. No sé si no puedo o no quiero, es lo que más me cuesta adaptarme al ritmo. Claro, hace un mes que volví y uno de mis mejores amigos me dijo que los dos primeros meses son los más complicados y que luego te adaptás y ya no querés saber más nada, pero ahora no entiendo cómo la gente corta al mediodía. Por ejemplo quiero comprar pintura en un comercio y doce y media está cerrado… esas cosas no las entiendo.
“Ser grande”
“Irme a Buenos Aires fue para mi la continuidad del secundario y convertirme en ´grande´. Capital me dio de todo, conocí gente espectacular. Desde que me fui comencé a ser otra persona y a pensar diferente”, comenzó diciendo Elisa que nació en la ciudad de Luján.
-¿Cómo fueron los primeros años?
-Te ilumina, con todo estás encantado, te divierte todo. Después cuando empezás a trabajar es diferente, las exigencias en mi rama profesional es difícil. Trabajé hasta venirme en una empresa multinacional.
-¿De modo que en tu caso tampoco el tema del dinero era una preocupación?
-Claro, pero te volvés una persona altamente consumista, es como que te vas enviciando y al mismo tiempo no tenés demasiado tiempo para consumir. Suena medio loco pero es la realidad.
-Contanos sobre tus razones para venir a vivir a la ciudad.
-Nuestra idea con Martín (son novios) era venirnos, no teníamos fecha pero sabíamos que allí no nos íbamos a quedar, pero nunca tomábamos la decisión, ni se nos daba la oportunidad, pero era como que “algún día vendremos, en el caso de él volver”.
Catalina: -Es que en Buenos Aires estás mucho tiempo en la calle, entre una clase y otra y contás con una hora pero para llegar a tu casa son dos, entonces te sentás en un café… todo el tiempo estás gastando y vivís mucho en la calle, vas boyando porque el resto de la gente está toda ocupada, no tenés un amigo como acá que le preguntás “ché ¿estás? me voy a tomar unos mates”.
Elisa: -A las tres de la tarde no encontrás a nadie en su casa.
Catalina: -Eso pasa en las parejas del interior que no se quieren quedar en Buenos Aires, cuando empiezan a proyectar un poco más allá, ya piensan de otro modo.
Elisa: -Cuando nosotros contamos nuestra decisión mucha gente nos decía que les hubiera encantado hacerlo. Y uno se los queda mirando porque en realidad es tomar la decisión.
“Nos volvemos”
-¿Cómo fue el momento de la decisión?
Elisa: Siempre fue una postura, como decía, pero el día que dijimos “nos volvemos” fue terrible. Sabíamos que al primero que se le planteara una oportunidad laboral el otro lo acompañaba. La posibilidad se le presentó a Martín de modo que nos trajo para acá. Habíamos venido por una reunión, para ver qué pasaba y cuando salió de la entrevista me dijo “nos volvemos” y en un mes nos vinimos, fue todo vertiginoso, no tuvimos tiempo de nada y creo que está bueno, porque no estábamos seguros pero pensábamos que era lo mejor, apostamos al cambio de vida.
Catalina: -También estoy con mi novio y fue una decisión de la que me hice cargo al pegar la vuelta y creo que hice bien… la duda siempre está no por la pareja, como contaba hoy Buenos Aires te ofrece una ventana artística que no existe en otros lado.
Una ciudad parecida a Tandil
“También supe que siempre me iba a volver”, cuenta José Ignacio Ulloa.
-¿Por qué odontología, algún antecedente en la familia?
-No, una cuestión de vocación. Estudié en La Plata y me estoy especializando en cirugía que es lo que más me atrae.
-¿Cómo viviste La Plata?
-Es un intermedio entre Tandil y Buenos Aires, es más tranquilo porque está llena de estudiantes. Diría que es una ciudad chica, porque cuando se van los estudiantes como que queda medio vacía. Cuando terminé la carrera me di cuenta que necesitaba salir de La Plata para trabajar, cosa que felizmente no tuve que hacer mientras estudiaba. Me fui a Capital empecé a trabajar allí y me di cuenta el caos que era, soñaba con estar tranquilo, como ahora. Como iba al Gran Buenos Aires tenía que salir de mi casa dos horas antes por lo menos, me levantaba a las seis y entraba a las nueve. Si vas en auto tenés una hora menos… siempre que no haya piquete.
Elisa: -Y a las 9 de la noche estás fusilado y lo único que querés hacer es irte a dormir porque al otro día tenés que hacer la misma vida.
José Ignacio: -Tenés que pensar en la cola de la terminal o el embotellamiento en la autopista y eso te provoca mal humor.
Martín: -Esperar que no haya un piquete…
José: -Sabés que sí va a haber, tener vía alternativa, ir viendo por twitter los quilombos que hay.
-¿Cuánto tiempo de viaje tenías desde donde vivías al laboratorio?
Elisa: -Me tomaba dos colectivos y tenía una hora a la ida, entraba a las ocho y a la vuelta una hora y media casi, además no es un viaje placentero porque vas en el 60 colgada, apretada y con la gente de mal humor.
Catalina: -Es más o menos como ir a Ayacucho, pero no en un viaje placentero sino con gente que te mete un codazo por acá otro por allá… además tenés que cuidarte que no te roben.
Elisa: -Y con eso tenés que lidiar cuando sos chico y llegás a Buenos Aires, porque la ciudad no te recibe con los brazos abiertos.
Catalina: -Diría que más que nada te expulsa.
Elisa: -Arrancar el CBC para mí fue tremendo porque venía de la escuela pública y veía que había chicos que tenían mejor nivel que yo y tuve que lidiar con todo eso, tenía que estudiar mucho más que los otros y eso te va formando y es parte de lo que te da Buenos Aires, yo agradezco haber ido a estudiar allí.
Amigos para toda la vida
-¿Qué te dio La Plata, José Ignacio?
-Mis amigos para toda la vida… durante mucho tiempo tuve un grupo de amigos de Tandil, pero por las cosas de la vida te vas abriendo, separando y terminé en La Plata, ellos en otros lugares. Allá conocí a los que como dije creo que van a ser mis amigos de toda la vida.
Elisa: -Las amistades de ese período de la vida son muy fuertes. Yo no tengo amigos de Capital, por ejemplo, me junté siempre con gente, sin darme cuenta, de La Pampa, Trenque Lauquen…
Martín: -La etapa donde estudiás y no laburás es la mejor de todas, es increíble… no sé si como quinto año pero parecida (risas de todos)
Elisa: -Pienso que es aún mejor.
Catalina: -Cuando me fui a Buenos Aires hice cuatro amigos entrañables.
-¿Hay lugares especiales donde se reúnen los chicos tandilenses?
José Ignacio: -Eso es en Buenos Aires
Martín: -Se reúnen todos los del interior, no solamente de Tandil.
Elisa: -Por eso es que siempre te relacionás con gente del interior, como contaba recién.
Martín: -Me mandás a Roxy, Opera B, Cocodrilo y quedo medio descolgado, siempre con marcha… te volvés loco.
Elisa: -Eso es porque a los del interior no nos gusta la onda del boliche capitalino.
-Las raíces de la ciudad no se las quitaron, ¿nunca se sintieron platenses o porteños?
J. Ignacio: -La Plata está tan llena de gente del interior muy parecida a Tandil en muchos aspectos, no es como Buenos Aires que tenés millones de extranjeros…
Elisa: -La gente de capital que conozco es por el trabajo, no las elegís como lo hacés con las verdaderas amistades.
J.Ignacio: Ahora estoy cursando en Buenos Aires haciendo la especialidad en cirugía y cada vez que voy me pongo de mal humor. Me voy un día antes para prepararme y no tener que entrar con todo el quilombo del tránsito.
Martín: -Yo todavía estoy en un gris, no en blanco o negro, me falta pero estoy en la etapa en que me estoy empezando a sentir cómodo en Tandil pero a la vez no dejo de extrañar Buenos Aires.
Catalina: -Buenos Aires da muchas cosas, hoy lo decíamos y está buenísimo irse, pero coincido con Martín en que la calidad de vida es muy diferente y es también aprender a bajar un cambio, adaptarse al ritmo y a no sentirse mal si tenés más tiempo libre que antes, pero está bueno vivir mejor y hacer muchas cosas que te gustan y que antes las dejabas de lado porque tenés que trabajar doce horas por día.
Elisa: -La próxima vez que vuelva será de paseo y voy a ir al teatro, cosa que me gusta y antes no me daban los tiempos, voy a ir al shopping, antes tenía cinco minutos o pasaba caminando pero ni te dabas cuenta, ahora voy a ir al shopping.
Hay un momento en la vida de los jóvenes en que necesitan emprender el vuelo, para eso estuvieron los padres desde que eran niños enseñándoles a batir sus alas. Claro que es difícil cuando toman la decisión entenderlo. Por eso está bueno tener memoria de los años de la juventud celebrando su vuelo, ya que con el tiempo vendrá otra etapa maravillosa como todas las etapas de la vida, el regreso.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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