Emocionante y realista carta de Coco Cuadrelli, el joven tandilense que recorre el mundo

Cinco meses atrás publicamos un reportaje a Bernardo “Coco” Cuadrelli, el joven tandilense que a tres días de recibirse de licenciado en administración, emprendió un viaje sin plazo por diversos lugares del mundo en compañía de su amigo Juan Quargnolo, ingeniero civil.

Esta vez no es una entrevista, sino la transcripción de una carta que escribió el propio Cuadrelli y que vale la pena leer con detenimiento.

“Hoy cumplimos un año de viaje, al igual que esta foto. La tomamos antes de subirnos al avión que nos sacaría de Argentina por tiempo que sigue siendo indeterminado. Teníamos unas mochilas llenas de sueños, miedos, incertidumbre y adrenalina que por suerte seguimos cargando con nosotros. Hace unos días le pregunté a Juan por qué hacia este viaje, buscando una respuesta espontánea, pero recibí un “ufff, dejame pensar un poco”. Lo primero que se le vino a la cabeza fue que lo hacía para tener una experiencia afuera y conocer otras culturas. Viajes de algunos conocidos suyos lo habían motivado a querer salir algún día y tomarse un tiempo para él.

Por mi parte le dije que lo hacía para no dejar pasar la vida así como si nada, en el salón de una facultad o en una oficina de trabajo. Siempre me aterrorizó la idea de llegar algún día a viejo y arrepentirme de no haber hecho algo cuando podía y quería hacerlo solo por miedos estúpidos.

Terminamos coincidiendo en que si bien no tenemos tan en claro el por qué hacer esto, sí sabemos qué es lo que día a día hace que sigamos haciéndolo. Si bien cada ciudad es única y tiene cosas para conocer, en el fondo todas se parecen un poco. Y aunque los países tengan sus culturas diferentes, no serviría de nada intentar conocerlas desde la habitación de un hotel o escuchando un guía en un tour. Hemos pasado por miles de pueblos que sólo aparecen en el mapa después de hacer muchísimo zoom, donde ninguna agencia de viajes te va a llevar y de donde nos fuimos con experiencias inolvidables gracias a la gente que allí nos abrió sus puertas.

Ya pasó un año y lo que nunca nos dejó de sorprender es la gente que se nos topa en el camino. Por suerte ya quedaron atrás esos prejuicios que teníamos antes de arrancar, el pensamiento de que iba a ser más difícil de lo que realmente fue, el miedo a conocer a los desconocidos o la típica frase “en este mundo nadie te regala nada”.
Por suerte ya aprendimos que en este mundo son muchos los que te regalan, y te regalan cosas que no se miden en dinero, y aunque se pudieran medir de nada serviría, porque el solo gesto vale oro.

Seguiremos metiéndole para adelante en honor a toda esa gente que nos dio su granito de arena para que hoy estemos donde estamos.

Le dimos una vuelta al sol que no se cansa de seguirnos los pasos… ¡Nosotros no nos cansamos de seguir yendo por más!

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