En dos meses de funcionamiento, la biblioteca del Campus sedujo a estudiantes e investigadores
En el ranking de las obras públicas más importantes de Tandil, el Campus Universitario estaría disputando un lugar de privilegio y su flamante biblioteca es vanguardista, única, y un verdadero privilegio para una ciudad que no alcanza los 150 mil habitantes.
La vicedirectora a cargo, Lucía Leiboff, expresó que trabajar en la biblioteca nueva es “indescriptible” y lamentó que se haya suspendido la visita de Cristina Fernández de Kirchner para el corte de cintas. Era la frutilla del postre que un presidente dejara inaugurado este incomparable ícono de la cultura y el conocimiento.
La mudanza desde el Rectorado fue en tiempo record. Con ayuda de los bibliotecarios y voluntarios, bastó poco más de una semana para que los 55 mil ejemplares alcanzaran su ubicación definitiva.
Hoy, dieciséis personas trabajan en el flamante edificio, pero la dirección está solicitando refuerzos para cubrir algunos lugares, como un puesto de referencia que queda a la deriva para no descuidar el mostrador.
Otras dos personas –una por turno- se encargan de la limpieza de los 3.800 metros cuadrados cubiertos de impoluta construcción. Afortunadamente, los estudiantes cuidan las instalaciones y las respetan.
Abre sus puertas de lunes a viernes de 7.30 a 20 y los sábados de 9 a 12.50. Es un lugar recomendable para tandilenses y turistas.
Ya está en uso
En estos primeros sesenta días de “uso” por parte de estudiantes, profesores e investigadores, “hemos notado que están sumamente contentos. Por el Centro aparecían muy pocas veces y ahora todos quieren venir. Todos se sienten parte”.
No se superponen los horarios de los diez mil alumnos regulares que tienen las facultades de la Unicén ubicadas en la sede Tandil, lo que permite que todos consigan espacio para trabajar, reunirse o leer.
“Tenemos horas pico. Tenemos mucho movimiento en el salón multiuso, porque los chicos ya se lo adueñaron. Es donde tienen mayor libertad y tienen computadoras también”, describió la directora.
Ante el incremento de las visitas, programan generar algún registro de usuarios regulares y ocasionales para poder contar con estadísticas. Podría implementarse a través de un lector de las tarjetas que ya han extendido.
Por otro lado, los préstamos de libros a domicilio entre febrero y julio ascendieron a poco más de 11 mil y entre agosto y principios de octubre, ya en el Campus, sumaron 5.600. “El incremento es notorio. Los chicos recurren mucho más a la biblioteca en vez de tanta fotocopia”, confirmó.
Por otro lado, el personal que trabaja en el mostrador detectó mucha afluencia de estudiantes de la Facultad de Ciencias Veterinarias, mientras que en el Centro los más frecuentes eran los de Ciencias Económicas.
“Se están organizando de otro modo y las facultades están incentivando las visitas a la biblioteca dentro de sus proyectos, entonces se está generando una movida que va cambiando la cultura de venir a la biblioteca también a investigar”, analizó.
Espacio para todos
La biblioteca del Campus tiene capacidad para recibir a 436 lectores sentados en su salón central, los livings ubicados en las circulaciones, las salas de reuniones, el salón de usos múltiples, entre otros ambientes. Antes, los estudiantes sólo podían pasar el “tiempo muerto” en el comedor y no tenían un lugar para estar entre las cursadas.
Ese número de plazas no contempla los auditorios, que están reservados para los eventos especiales como charlas, seminarios, presentaciones o congresos, que lo hacen crecer aún más.
“Los boxes para docentes e investigadores tienen mucha utilidad. Todo aquel que tiene que hacer alguna reunión de trabajo viene a la biblioteca porque tienen capacidad que se puede amoldar. Los tres más chicos tienen seis sillas pero entran ocho o nueve personas; en el que tiene doce, entran quince o más. Incluso pueden solicitar el proyector y hacer una puesta pequeña pero con una presentación como corresponde”, valoró Lucía Leiboff.
La calidez y la luz natural invitan a quedarse. Se trata de un lugar amigable para los que estudian e investigan, que está muy lejos de aquellas bibliotecas oscuras donde reinaba un silencio casi intimidatorio.
Al mismo tiempo, cuenta con moderno equipamiento, desde ascensores para acceder al primer piso hasta 45 computadoras de última generación -también financiadas por el Estado nacional- y los cinco Opac, que son los puestos de consulta del catálogo.
El material
La biblioteca atesora más de 55 mil ejemplares entre libros y tesis. Actualmente, el número aumenta con donaciones. “Habíamos parado de recibir porque no había espacio. Ahora no nos creen, con lo cual nos han traído unas cuantas donaciones”, indicó la responsable de la casa.
Entre los donantes, hay gran cantidad de particulares que tienen bibliotecas de familiares fallecidos. “Recibimos las donaciones con ciertos recaudos. No podemos absorber todo. Si es material que ya tenemos, derivamos a otras bibliotecas”, explicó.
Esto no ocurre con los ejemplares científicos. “Estamos bregando para que se pueda volver a adquirir mayor cantidad”, expresó, debido a que las editoriales no suelen entregar de manera gratuita.
Hoy la biblioteca ofrece cerca de 40 mil libros de acceso abierto, que están ubicados en sus cómodas estanterías y cuentan con carritos para devoluciones. Otros 15 mil ejemplares están en depósito, y unos mil son antiguos (1800 a 1920) y se guardan en un espacio reservado.
Todo el material está sistematizado y la biblioteca tiene una señalización admirable, tanto en el circuito de los libros como de las circulaciones y dependencias.
Visitas externas
En estos primeros días han recibido visitas de personas que no pertenecen a la Unicén, ya que es un lugar recomendable para conocer y recorrer. Además, a partir de un convenio que se firmó el 23 de septiembre con las bibliotecas populares en su día, la van a ir a conocer con sus usuarios.
El acuerdo también contempla un catálogo integrado con los títulos de todas las bibliotecas populares de Tandil más el de la Unicén. “Entonces vamos a poder hacer préstamos interbibliotecarios, de institución a institución, para usuarios fuera de la comunidad universitaria”, destacó.
En ese aspecto, uno de los temas a resolver es el transporte. Hoy una trabajadora de la Central hace de correo, con los trámites administrativos y pasa por el Rectorado. A futuro planifican diseñar un buzón, tarea que no es sencilla por el tamaño de los libros y el sistema de caída para que no se deterioren.
De todos modos, al dimensionar la magnífica obra cualquier desafío resulta menor para esta Biblioteca Central de la Unicén, un orgullo para todos los tandilenses. u
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