En el debate del transporte público no todo se limitó al precio del boleto
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Referente barrial, trabajador no oficial del área de juventud, batallador cotidiano en esas cuestiones que la sociedad parece dejar de lado pero que se horroriza cuando aparecen en los diarios (marginalidad, delito, falta de oportunidades, pobreza), Labriola cuenta además -y como si fuera poco- con un “linaje” familiar que lo une al transporte público: su bisabuelo “conducía” un viejo tranvía tirado por caballos -antecedente del colectivo-, y su abuelo y su padre fueron colectiveros.
Un poco por esa cuestión -pero no por la única- prefiere mantenerse al margen de esta suerte de disputa que se ha generado entre dos sectores de la sociedad: los usuarios y los transportistas.
Entiende que es una falsa pelea, algo así como una contienda de pobres contra pobres, cuando en realidad de lo que se trata es una cuestión política. Es decir, el Estado -en este caso, el municipal- no puede mantenerse como espectador o, en el mejor de los casos, como mediador. Es la parte fundamental en el asunto.
Aclara que desde La Tribu -una organización social dedicada a la contención de adolescentes y jóvenes de Villa Aguirre- no han intervenido en la Asamblea por el Transporte Público, básicamente por dos razones: falta de tiempo y ciertos reparos personales en cuanto al abordaje de la problemática.
El crónico atraso con las partidas por parte de Provincia, la precarización laboral del personal, el mínimo apoyo oficial y la demanda creciente por parte del barrio, prácticamente no dejan tiempo material para participar en reuniones, debates y acciones. Por otra parte, considera que la Asamblea indudablemente ha generado mejoras en el servicio. Por caso, la gratuidad del boleto para estudiantes primarios y secundarios ha sido uno de los reclamos históricos y por ende, uno de sus logros, por más que la administración municipal lo proclame como propio.
“Es ver el vaso medio lleno o medio vacío -considera-. Y me parece que los chicos de la Asamblea están teniendo una visión pesimista del tema”. También opina que lo ocurrido el lunes pasado, en oportunidad de la suspensión de la sesión del Concejo Deliberante, fue un paso en falso de la Asamblea.
Hasta allí, las cuestiones si se quieren coyunturales del tema. Pero Labriola sostiene que un verdadero debate del transporte público no debe limitarse a la antigüedad de las unidades, la frecuencia de los recorridos, ni mucho menos al precio del boleto.
“Estamos hablando de cuestiones estructurales”, puntualiza y a manera de ejemplo trae a colación un accidente ocurrido hace algunas décadas en el paso a nivel de calle Darragueira. En aquella oportunidad, una formación ferroviaria arrolló a un colectivo de la empresa Villa Aguirre. En ese momento él estaba a pocos metros del lugar y fue testigo directo de la tragedia.
“Hoy, la situación no ha cambiado -enfatiza-. Con el agravante de que el barrio cuenta con una mayor población y el parque automotor de la ciudad se ha multiplicado”.
Continuando con los ejemplos, cita el estado de la calle Ijurco pasando Darragueira, donde a manera de vereda existen dos zanjones que flanquean la calzada, donde cualquier maniobra arriesgada -o producto del barro- puede derivar en un accidente fatal. Lo mismo para el caso de la prolongación que deben hacer los micros para llegar hasta la Escuela del Paraje El Molino por una calle que, en épocas de lluvia, se torna intransitable.
Ni hablar del cruce de la Ruta 226, que se convierte en un constante desafío a la tragedia habida cuenta del intenso tránsito, del diseño mismo de las rotondas (la de Aeronáutica Argentina y la de Rauch) y del cruce informal por parte de peatones, ciclistas y motociclistas por cualquier lugar, incluso por el puente del ferrocarril.
El debate por el corrimiento de la ruta ha quedado aletargado, hasta que un accidente fatal lo vuelva a despertar.
Y en definitiva, es esta cuestión la que plantea Labriola: “El Estado parece ir por detrás de los problemas. Responde poniendo parches cuando la situación desborda. Ha perdido la capacidad de anticipación, de pensar a mediano y largo plazo”.
Así las cosas, considera que más allá de la aprobación del nuevo cuadro tarifario, el debate por el transporte público debe continuar y ampliarse a nuevas voces. Y el Estado municipal asumir su rol fundamental en el asunto, convocando, escuchando a todos los sectores y elaborando políticas en beneficio de la sociedad. Sobre todo, de los sectores más castigados que son, justamente, los que no suelen tener voz en este y otros temas. Y los más perjudicados por las decisiones cortoplacistas. u
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