En el frente de Escuela Secundaria Básica 9 diseñaron y pintaron un interesante mural
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email
En el mural participaron todos los alumnos de 1er. año B de la Escuela Secundaria Básica 9, bajo la coordinación de la profesora Jésica Montagna y la colaboración de la profesora de prácticas del IPAT, Myrian Osella, con quien coincidieron en el proyecto, dado que ella también es docente de la Escuela 37, con la que comparten edificio.
Tres alumnas del IPAT que debían realizar sus prácticas: Carolina Demarco, Yamila Bloise y Carla Soto, también participaron y, además, contaron con el estímulo de todos los integrantes de ambas instituciones, de los vecinos del barrio, y la colaboración de la pinturería A todo color, que donó los materiales necesarios para llevar adelante el proyecto.
La idea
Jésica comenzó a trabajar en la escuela secundaria en junio, realizando una suplencia con los alumnos de primero B. En una de las primeras clases los chicos le preguntaron si podrían realizar un mural, idea que en algún momento habían pautado con otra profesora de modo que, con el correr de las clases, comenzaron a darle forma al proyecto, que partió de los alumnos y su docente y también de la necesidad de la institución, de poder revalorizar la fachada.
Dice Norma González, directora de la secundaria, que “daba mucha pena el frente totalmente escrito con graffitis. La profesora les hizo la propuesta a los chicos que inmediatamente se entusiasmaron. Fueron haciendo bocetos por grupos siguiendo una línea de pensamiento. Cada equipo llegó a un borrador que luego se plasmó en las paredes”.
A su vez, la iniciativa fue afín al proyecto Rescatamuros de Inspección de Artística, siendo Inés Szigety su referente.
La labor
El trabajo se vivió en distintas etapas: la primera consistió en dividir al curso de 23 alumnos en varios grupos para que investigaran el trabajo de distintos muralistas en Argentina. A partir de ello y de introducirse en lo que significaba hacer un mural, esos mismos chicos comenzaron a generar bocetos tomando para sí algunas características de los artistas estudiados.
Otro disparador fundamental fue que cada “equipo” encontrara un título o mensaje relacionado con la identidad y el juego y entonces, comenzaron a realizar bocetos individuales para luego armar uno en conjunto que definiera a cada grupo y fuera parte representativa del boceto colectivo y final.
En el proceso también tuvieron en cuenta los trabajos elaborados durante el año, ya que podían ser resignificados. Una vez definido el boceto final, con un pequeño grupo de alumnos y una practicante, se dedicaron a limpiar el muro y, a la clase siguiente, ya con un grupo más grande, comenzaron a trazar las líneas fundamentales para comenzar a incorporar el color.
Para realizar el trabajo, salían a la vereda con grupos de diez alumnos que iban rotando clase a clase, dos de las practicantes y Jésica, mientras el resto del grupo continuaba trabajando en el aula con otra de las practicantes y la profesora de prácticas. Durante las dos últimas clases, todos los alumnos participaron para poder culminar el proyecto, además de las practicantes y Myrian.
En esta labor fue fundamental la colaboración de las alumnas del IPAT y su profesora, ya que ellas pudieron volcar sus experiencias en el trabajo de murales y, a su vez, lograron organizarse para realizar este proyecto en un corto plazo.
La experiencia
Pintar el mural fue, para todos, inmensamente gratificante, y el trabajo del curso, absolutamente comprometido.
Dijo Jésica Montagna que “además del hecho artístico en sí, los alumnos pudieron elaborar otros lazos con la tarea, vinculándose con ella desde sus inicios. Gestaron otros vínculos entre compañeros, respetando los puntos de vista y el trabajo del otro y, además, incentivaron a otros grupos de la escuela para que vivieran la experiencia”.
Los chicos tuvieron la posibilidad de hacer el mural con mucho entusiasmo, asumiendo una gran responsabilidad y para ello aportaron su creatividad, esfuerzo, se empeñaron en conseguir algunos de los materiales y cuidarlos, además de comprometerse en cuidar el espacio.
Comenta Jésica que “una vez culminados los bocetos nos encontramos con la realidad que nos planteaba el muro: si bien todos pasábamos por allí a diario, nunca nos habíamos detenido a ver cuán amplio era. Cuando nos paramos frente a él para volcar los primeros trazos, una alumna comentó: ‘No vamos a terminar más…’” pero, poco a poco y con el trabajo conjunto, el muro se fue llenando de colores, trazos, mensajes y, sobre todo, de muchas risas, ya que fue una tarea muy divertida”.
La directora aseguró que “la experiencia fue hermosa, nos generó un gran entusiasmo, todos hicieron su parte, pintaron, aportaron ideas y trabajaron con mucho orden. Creo que también es reconfortante para los padres y el barrio, ya que se vivía con tristeza ese frente de escuela tan castigado”. En este sentido dijo que “para la escuela significó recuperar ese querido frente que tiene un alto significado para la comunidad escolar, tanto primaria como secundaria”.
Valorización
Para los miembros del establecimiento fue grato que alumnos que han transitado por este edificio durante tantos años hayan podido elaborar y llevar adelante un proyecto que lo revalorice y que los chicos hayan sido los generadores de este proyecto con el cual encontraron mucha afinidad, lo que ha resultado muy alentador para todos los miembros del establecimiento.
Jésica relató que “cuando estábamos a punto de culminar con el mural, recibimos una carta de agradecimiento de un alumno de tercer año de la Escuela 37 manifestando su felicidad por devolverle a su escuela una mejor vista. Y esto hizo que todos pudiéramos sentirnos orgullosos del trabajo realizado”.
Para terminar, la directora aseguró que “cuando a los chicos se los convoca y se los hace partícipes, llenan de energía y entusiasmo cualquier proyecto. Esperamos que lo mismo sea transmitido a los jóvenes del barrio para que cuiden ese bello mural que fue hecho por chicos de 12 y 13 años y que permitió recuperar la fisonomía de su escuela. También esperamos que convoque con entusiasmo a otros profesores para que, con su iniciativa y acompañamiento, podamos ir construyendo un mundo mejor que nos incluya a todos”.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios