En esta Nochebuena…
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Por Ana Pérez Porcio
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPodemos ser nosotros mismos con nuestros propósitos de siempre que nunca pueden ser tan malos si somos personas comunes y corrientes que piensan en el prójimo, en el semejante durante el resto del año, no solamente en estas fechas. No es necesario que nos enojemos porque sí, es verdad que hay un consumismo exacerbado en algunos sectores para estas fechas; en tanto otros hacen del acto del regalo un acto de amor imaginando la cara de felicidad de quien lo va a recibir. Y eso sucede mucho con los hijos, los nietos. He visto personas en estos días demorarse en los negocios sin poder decidirse -y no por buscar lo más costoso- sino por lo que regalará con todo el amor del mundo.
Por otro lado es un espectáculo colorido y hasta divertido esto de ver gente de un lado para el otro llevando bolsas, bolsitas y paquetes. No nos enojemos porque el centro está lleno y no se puede caminar, si total tenemos todo el año para transitarlo más tranquilo. Además la estación del año, el verano, hace que dé gusto sentarse en la vereda de una confitería, un bar para disfrutar de una charla entre amigos, entre parientes, en familia.
Cuando era chica -y de esto hace mucho, mucho tiempo- las cosas eran distintas, aunque no tanto si se piensa que la prisa porque los días pasen volando comenzó con la tecnología, no con la máquina de vapor. Cuando era chica -decía- preparábamos el pesebre con muchas figuras y un hermoso niño Jesús bajo el Arbol de Navidad el 8 de diciembre en una empresa familiar que a nosotros, los pibes de entonces, nos alegraba muchísimo. Porque si bien no había un abanico tan grande de ofertas en juguetes, esperábamos con ansias el regalo que nos traía Papá Noel, puntualmente a las doce de la noche cuando se apagaban las luces mientras nosotros estábamos en la puerta viendo los fuegos artificiales. Y al entrar a casa, descubríamos bajo el pino hermosos envoltorios brillantes adornados con moños de colores. Y allí estaba la magia, porque para nosotros que un gordo como Papá Noel pudiera entrar por la chimenea de casa, dejar los paquetes e irse en trineo sin que pudiéramos, aunque sea, escuchado, era mágico. Y que las luces de la cuadra -y esto era efectivamente así- se apagaran en todas las casas como si un fenómeno incomprensible se hubiera dado al unísono, algo que con el tiempo entenderíamos como un maravilloso regalo del corazón hecho por nuestros padres y repitiéramos a través del tiempo con nuestros hijos, también era mágico.
En esta Nochebuena no son necesarios los buenos propósitos si los hemos tenido durante todo el año como valores en nuestro modo de vida. No seremos mejores personas a partir de las doce de la noche, ni mejores cristianos. Continuaremos siendo los mismos, con cualidades y defectos, pero brindaremos poniendo el acento en desearnos unos a otros lo mejor. Claro, quienes han tenido pérdidas a lo largo del trayecto de la vida, tendrán nostalgias por los seres queridos que ya no están pero a los que seguimos amando porque los llevamos en el corazón.
En esta Nochebuena, en vez de proponernos cambios que sabemos imposibles de cumplir, seamos auténticos, pidamos si es necesario un abrazo más prolongado ya que el cariño, el afecto, el amor es sanador. Y para aquellos que le hacen mala prensa a estas fiestas, recluirse, encerrarse en uno mismo no es sano, pero compartir sin estridencias una reunión familiar o entre amigos es bueno para el alma, porque en Nochebuena estamos celebrando el milagro del nacimiento del Niño Jesús y eso de por sí es reconfortante y renueva las esperanzas de un mundo mejor.
Por eso en esta Nochebuena vaya el deseo de paz y amor para todas las familias, todas las personas de buena voluntad, para aquellas que sufren y necesitan de consuelo, los que creen y los que no. Paz y amor en esta Nochebuena para quienes protestan por el consumismo enojándose porque creen que se ha perdido el verdadero sentido de la Navidad. Sin embargo no es así. Siempre habrá un niño naciendo en Navidad, para recordarnos que los milagros aún continúan dándose… como cuando éramos chicos.
¡Felicidades! Es el sincero deseo de todos los que hacemos diariamente El Eco de Tandil.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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