En guardia
Accidentes de tránsito, operativos antidrogas y la inseguridad instalada definitivamente en la ciudad ocuparon buena parte de las páginas locales en los últimos siete días. Nada nuevo bajo el sol esquivo de mayo en el pago chico.
La política, eso sí, volvió a ser la vedette noticiosa, por donde se la mire. El cierre de listas legislativas, quizá como nunca, dejó más de un puñado de heridos, atravesados por un puñal confeccionado con una extraña aleación: Miserias y desprolijidades se fundieron para presentar un panorama poco alentador en lo que a jerarquizar y devolverle credibilidad a los partidos e instituciones se trata.
La oposición se llevó la peor parte. Tanto el PJ oficial como el peronismo disidente dejaron al desnudo que esta vez los tironeos no fueron los propios de una apurada disputa. La manera en la que Néstor Auza y Mario Bracciale impusieron sus nombres y sus caprichos es un claro ejemplo de ello. Lo del veterinario sumó el agravante de amenazar con bajarse de su propio entramado si se aceptaba la colectora de Rogelio Iparraguirre. Conclusión, al joven asesor de Oscar Parrilli le señalaron la inconveniencia de su slogan para darle salida: La coherencia no entra en la política de estos tiempos.
Oscar Martens fue otro de los que sufrió en carne propia el desquicio de las últimas horas: El representante de Solidaridad e Igualdad, único candidato local legitimado por los vecinos en internas abiertas, no logró inscribirse en una nómina, tanto por la falta de personería de su espacio en la Provincia, como por la picardía de los que jugaron en las sombras para arrebatarle el lugar en el frente.
Ante este panorama, Miguel Lunghi se dedicó a caminar junto a sus candidatos, con la secreta convicción de que las elecciones están ganadas. Ni el paro de los profesionales de la salud, ni el affaire del trabajador social, ni el desgaste que dicen que su gobierno tiene por lo empalagoso de ciertas formas de su gestión lo hacen perder de vista el objetivo de máxima por estas horas: Conservar la mayoría en el Legislativo, pero con una victoria lo suficientemente contundente como para ahuyentar fantasmas y, en especial, marcarle la cancha a Néstor Auza, hasta hoy el más encumbrado eventual rival para 2011.
La hoja de ruta de la campaña podrá esconder algún nuevo accidente en lo inmediato. Pero el camino ya está marcado.
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