En los extremos del boxeo
El sábado hubo dos peleas, una en el orden nacional y otra en los Estados Unidos que concitaron la atención de los amantes de este deporte.
En New Jersey se disputó la más importante, tal vez la de mayor envergadura que por muchos años tuviera como protagonista a un argentino. Sergio ?Maravilla? Martínez, campeón del mundo de los medianos junior se le animaba al peligroso Kelly Pavlik desafiándolo por los títulos de la WBO y el WBC de una categoría superior. El argentino, que tuvo que emigrar de nuestro país acuciado por la inactividad y la miserabilidad de las bolsas, dio una verdadera lección de boxeo a quien conocía solamente un derrota, a manos de Bernard Hopkins y que sobre 35 peleas había ganado 32 por nocaut. Como si el rival no fuera de suficiente cuidado, encima iba de visitante. Pero Martínez es un boxeador complicado, un zurdo que tiene unas piernas de precisos movimientos y un ?timming? que le permiten entrar en acción cuando corresponde y salir cuando le conviene. Su derecha en punta es un ariete que le dejó la cara a Pavlik como una torta de cerezas. Pero además de todas esas condiciones técnicas y una preparación impecable, Martínez pelea con la cabeza. Dominó desde el primero hasta el quinto, tuvo un impase entre el sexto y el octavo en el que un gancho en la frente lo tomó mal parado y recibió una cuenta de protección. A partir de allí, ?Maravilla? no le dio tregua a Pavlik entrando con manos rectas y saliendo con presteza desde la línea de fuego. La derecha hizo estragos, cada minuto significaba un ?retoque? del rostro del rival y, las réplicas de éste caían en el vacío. Terminó Pavlik tan maltrecho que fue a su rincón con la convicción de que ni los jurados lo salvarían. Y así fue, por decisión unánime ganó Sergio Martínez, se calzó las dos coronas sin repartir ninguna porción con nadie. Un hecho que lo consagra como uno de los más exitosos boxeadores argentinos en los últimos diez años.
En Rosario, dos argentinos que a lo mejor viven en la misma cuadra peleaban por un título Intercontinental, otro de los ridículos cinturones que envilecen a los de los verdaderos campeones. Oscar el ?Salvaje? Pereyra enfrentaba a Patricio Pedrero. Dos fuertes pegadores. Así como Martínez demostró cómo se ataca y se llega al rival, Pereyra demostró -piensan llevarlo a pelear por algún título del mundo- lo que significa la torpeza boxística, la falta de imaginación y de aprendizaje al pretender poner nocaut a su rival a ?zapallazos?, una técnica, que a falta de una buena, parece que es la única que se enseña en nuestro país. Para colmo, Pedrero desde el primer round se dedicó a disparar como si lo corriera la policía y en su desesperación cobró dos revoleos que lo mandaron al suelo. Pero lo mejor estaba por venir, o mejor dicho lo peor. En uno de esos desordenados ataques del ?Salvaje?, Pedrero lo tomó de contra y cuando se iba cayendo alcanzó a trabar (el que traba no pega, pero el otro puede) lo que motivó que el árbitro erróneamente marcara el breack, pero Pedrero lo conectó con varios impactos más desobedeciendo la orden de Guajardo. Pereyra se fue al suelo y recibió la gracia de ganar por descalificación. Conclusión, sería conveniente que Pedrero se anote en un maratón benéfico y que los que dirigen a Pereyra entiendan que cualquier contragolpeador de mediano oficio lo pone nocaut, si persiste con ese boxeo orillero.
Algo llamativo, los boxeadores argentinos que están mejor cotizados en el mundo se entrenan en el extranjero. Marcos Maidana en Estados Unidos, en su oportunidad la Hiena Barrios en Estados Unidos y Méjico, y Martínez en España y Estados Unidos. Por algo será?
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