En Tandil se descubrió a si mismo, tallador y escultor
Carlos Allende había nacido el 30 de octubre del año 10 en Ayacucho, donde comenzó siendo niño, trabajando como humilde peoncito de campo. Tras el arreo de las vacas o de las ovejas, luego del tambo o de la siembra, acostumbraba a tomar un cuchillo y tallar, en madera de sauce, figuras de criollos, de reseros, esquiladores, domadores y otros trabajadores del campo. Después probó otros oficios, alejados a veces o casi siempre de sus reales aspiraciones.
Cuando siendo mozo vino a Tandil, aprendió aquí dibujo y composición con Guillermo Teruelo y Ernesto Valor. Y el especial ambiente artístico formado alrededor del Museo de Bellas Artes que frecuento asiduamente, estimuló su vocación y decidió definitivamente su destino.
Aquí se hizo tallador y escultor
Llegó a modelar el yeso con gran habilidad; pero, prefirió los troncos de algarrobo y de quebracho, buscando preferentemente las rugosidades de la madera. Con sus herramientas aprovechó al máximo los nudos de colihue, árbol que crece en el sur patagónico y que al ser atacado por un hongo llamado llao llao, le provoca extrañas deformaciones nudosas. Vetas y rajaduras fueron aprovechadas por el artista para dar la sensación de un tajo de facón sobre la cara de algún gaucho fortinero, como “El Catrielero” una figura tallada en madera de colihue, una escultura de 60 cm. de alto y 35 cm. de ancho patrimonio del Mumbat.
También realizó trabajos en granito
La impenetrabilidad de la roca cobró distintas formas, siempre con su obstinación predilecta: cabezas araucanas, indios mestizos y gauchos fortineros. Sobre estas temáticas, visitando el Museo de Bellas Artes podremos encontrar la escultura “Cabeza de indígena”, una talla en granito verde de 30 cm. x 30 cm., como también muchas otras obras talladas en piedra como “Cabeza de china”, “Cabeza de mujer recostada”, “Mujer pampa”, “Indio” y “Cabeza de mujer”. El espectador se impresionará con el patrimonio cultural que atesora el Museo sobre el escultor Allende, y podrá advertirlo en las dos espléndidas cabezas que flanquean y custodian el ingreso al mismo. Una es la cabeza de un criollo que inmortaliza la sabiduría esencial. La otra es una indígena pampa, talladas en granito, tan altivo como ella misma. Solía decir: “Se necesitan tres o cuatro horas de fragua y otras de afilación para conseguir las puntas necesarias para esculpir el granito, que es tan duro, que quedan desafiladas a la media hora de uso”.
Leyenda de la Salamanca
Si de rarezas y misterios debemos hablar la escultura “Leyenda de la Salamanca” consigue sumergirnos en el mundo de lo desconocido. Una figura que fue tallada por el artesano en varias etapas, y su creación se relaciona con la leyenda norteña de la Salamanca.
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