En un caso de violencia de género llevado a juicio, condenaron a un hombre
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En un reciente fallo, el juez Correccional Carlos Alberto Pocorena resolvió condenar a Rubén Darío Laurenz, actualmente alojado en la Unidad 7 de Azul, a la pena de cuatro años y tres meses de prisión, por resultar autor penalmente responsable del delito de coacción agravada por el uso de armas, por el hecho cometido el 9 de marzo de este año en perjuicio de quien fuera su concubina. En el fallo, el magistrado dispuso mantener hasta tanto adquiera firmeza la sentencia la prisión preventiva dispuesta.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailTras el debate propiciado en la sala del juzgado, Pocorena coincidió con el fiscal Marcos Eguzquiza y dio por probado que el 9 de marzo de este año, siendo aproximadamente las 22.30, frente a la vivienda de pasaje Los Rosales al 1900, el sindicado que se encontraba dentro de una camioneta intimidó a su concubina mediante el empleo de un arma de fuego tipo pistolón, el que exhibió y apuntó hacia su pecho, con el propósito de compelerla, contra su voluntad, a regresar al domicilio que compartían ambos, espetándole que si no volvía en diez minutos a la casa, regresaría por ella y usaba el arma. De tal forma logró que escasos minutos después la mujer se retirara a su domicilio cargando en brazos a su hija menor de edad, siendo interceptada en el camino por el acusado, quien la obligó contra su voluntad a ascender a la camioneta.
Testimonio del horror
La víctima supo relatar ante el juez lo padecido en una historia teñida por la violencia con su pareja.
“Eramos pareja hacía 17 años, estábamos separados bajo el mismo techo hacía tres años. El tenía sus minitas, sus mujeres, para otros casos éramos su familia. El primer año bien tranquilo y después comenzó mucha violencia, la primera vez que me pegó fue por celos. Me mudo de mi casa y un amigo me ayuda a armar un ropero viejo cuando el vino al otro día y le dije que me ayudó Juan Manuel y me pegó una piña me tiró contra la pared, después me pegó muchísimas veces, durante el embarazo de nuestro hijo no me permitía dormir en la cama con él me pegaba en la casa de sus amigos. Al principio era cuando se ponía mal se enojaba había que decir que si todo lo que decía, yo reclamaba y venía la violencia, me lastimó en varias oportunidades, cuando cumplí los 40 años la noche anterior me golpeó y fui a trabajar todo el día con el ojo negro… yo lo cubría. También me quebró dos dientes y me tuve que hacer una prótesis. El último diente que me rompió tenía a mi hija a upa y me pegó”.
El desgarrador y discontinuo relato de la mujer que fue recordando episodio tras episodio, contó que “lo aguantaba porque lo quería un montón. Me decía que iba a cambiar pero era violento, por todo se enojaba. También era muy celoso”.
La mujer señaló en otro repaso de su historia que “habíamos tenido nuestros hijos en momentos lindos pero nunca fuimos felices, yo soportaba por miedo, era todo golpes y romper. Un día entró con un martillo rompió lavarropas, secarropas. Le mandé un mensaje por teléfono diciéndome que a la hija más chica la mordió un perro y me dijo que estaba en un asado y después vino el domingo y me pegaba. El siempre me decía que si iba preso cuando saliera me mataría. Que compró un arma y me decía que esa era para mí”.
Al decir del juez, el extenso relato efectuado (aquí sintetizado) por la víctima evidencia una descripción vivida y pormenorizada de una situación ocurrida, permitiendo reconstruir la totalidad del evento en forma espontánea, manteniendo concordancia y coherencia con las afirmaciones que efectuara durante la investigación preliminar, pudiendo observarse la sincera y profunda alteración de su ánimo al recordar el suceso, y parte de historia vital –lo que motivara una profunda afectación de su psiquis, en la audiencia– sin que advirtiera interés especial en perjudicar al imputado, siendo que ello permite mantener la credibilidad de su testimonio.
Asimismo, Pocorena aclaró que si bien los dichos de la mujer son los únicos que permiten reconstruir la materialidad delictiva del suceso traído a juzgamiento, destacó que existen plurales elementos de prueba que corroboran y dan credibilidad a los mismos, tales como las declaraciones testimoniales de una amiga de la víctima y uno de sus hijos que fue tristemente testigo de varios episodios de idéntico tenor de violencia.
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