En un clima de optimismo, Santamarina cumple años
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email
Uno pasa por la zona de Roca y Belgrano y a primera vista se encuentra con los duendes de color amarillo y negro que a cada rato se ríen a carcajadas en las tribunas de cemento, como símbolo de lo que nunca debió ocurrir. Pese a las viviendas construidas alrededor de lo que fue el estadio, están las tribunas que huelen a banderas y bombos.
Y que dicen que muy pronto será destruida para dar lugar a la apertura de la calle del pasaje Primero de Mayo.
Al fin y al cabo, eso también será el progreso de la ciudad.
Pero a pesar de todas las injusticias y arbitrariedades, Santamarina está. En Tandil y en todo el país con sus gigantescas campañas del Argentino A.
Con sones de murga, allá por el año ‘13
Siento ruido de pelota…
y no sé… y no sé lo que será…
es el Club Santamarina…
que ya viene, que ya viene de triunfar…
Así nacía el aurinegro, casi un siglo atrás.
En el Tandil de entonces era intendente municipal don Antonio Santamarina, hijo de don Ramón.
Hacía apenas tres años había comenzado a funcionar la Escuela Normal, que para la época significó lo que medio siglo después fue el nacimiento de la Universidad.
En el orden nacional, el país se aprestaba a recibir una nueva ola inmigratoria en los tiempos de la Primera Guerra Mundial, la del ’14. Eramos, todavía, el “granero del mundo”.
Mientras, aquí abajo, cerca de las raíces, Tandil crecía sin cesar. Se fundaron las primeras industrias metalúrgicas y se construyeron, sobre todo en las décadas del diez y del veinte, los edificios más majestuosos del período que en el orden nacional se denominó “la belle epoque”.
Y también crecía el Club y Biblioteca Ramón Santamarina. En la década del cuarenta pudo inaugurar la sede social de la calle Yrigoyen al 600. El auge de los grandes bailes y festivales boxísticos, entre otras realizaciones, permitieron a los dirigentes de la época realizar inversiones de envergadura. En 1956 se inauguró el estadio de Belgrano y Roca y pocos años más tarde llegaría la Quinta Belén con miles de títulos patrimoniales vendidos. Todos los adquirentes fueron propietarios del lugar.
La quiebra y después
A principios de los noventa una Comisión Directiva que lideraba la señora Alicia Fiego de Dátola provocó el descalabro definitivo del club, a raíz, entre otras cosas, de la distracción de los demás directivos y de los propios socios. Nadie pensó lo peor y entonces nadie intervino en ningún momento.
Y luego las miserias humanas imposibilitaron los propósitos del noble grupo de personas que integró la comisión de salvataje. Y sobre todo, la escasa o nula voluntad del Intendente de entonces, Julio Zanatelli, que llegó al colmo de quedarse con la Quinta Belén por un puñado de pesos de deudas impositivas, cuando en cerca de cien años este club le había aportado demasiadas cosas a la ciudad. Pero además eso aconteció luego del yerro garrafal de la misma gestión comunal, de haber autorizado una rifa sin haberse pagado los premios de la anterior, cosa que legalmente no corresponde.
Lo menos que debió hacer en aquel entonces el Departamento Ejecutivo es reunirse con el grupo de salvataje y facilitar los medios para que el club no desaparezca. Pero era Zanatelli. No se le podían pedir peras al olmo.
De todos modos, y aunque parezca increíble, el club no desapareció. Se mantuvieron los colores y se salvó siempre el fútbol, el deporte, la alegría compartida. Ahí está la historia, la gloria, los campeonatos ganados, los sueños y el trabajo de tanta gente durante tantos años.
En la actualidad, la Comisión Directiva que preside el doctor Pablo Bossio está empeñada en seguir recuperando terreno. Mientras se realizan mejoras en la sede alquilada del Club Hípico, se piensa en nuevos espacios. Se sueña. Se cree. Se lucha. Se piensa. Siempre en amarillo y negro.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios