En un prolijo show, el Indio montó otra fiesta inolvidable
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Faltaban 15 minutos para arribar a las 21 y la legión comenzó a llenar el verde césped cercado por la pista de carreras del turf. Para esa hora, los primeros lugares, tomando como referencia la primera de las columnas que soportaban los incalculables kilos de equipos de sonido ya estaba parapetadas. Hacia atrás, las legiones se disponían más dispersas, relajadas. Deambulando, intercambiando experiencias y algo más. Departiendo bebidas adquiridas en el mismo predio en las cientos de puestos de cantinas diseminadas estratégicamente en el predio, también rodeado de cientos de baños químicos y puestos sanitarios y seguridad.
Eran las 21.20 cuando todavía quedaba ejércitos enteros, pletóricos, pugnando por entrar con o sin entradas, traspasando los estrictos controles dispuestos por la organización.
Apenas a cinco minutos de las 22, el escenario cobraba vida, con un dantesco juego de luces y un sonido que calentaba motores de la mano de los Fundamentalistas y un Indio arropado con su sencillo vestuario para que el gentío comenzara a narcotizarse con el Perfume de la Tempestad en el Hipódromo de Tandil y así despedir el año vaya a saber hasta cuándo.
Vamos a los botes
La fiesta comenzó con tema de su última obra, arrancando con “Todos a los botes”, para seguir sin solución de continuidad con el Tábano en la Oreja y la canción Chante noire, para después volver en el tiempo, con el disco Gulp, de Los Redondos y su Superlógico, para congraciarse en algún rincón de la misa con Patricio Rey.
También Fusilados por la Cruz Roja, hasta que Solari resolviera ingresar en un impasse, pidiendo disculpas pero que tenía que parar un rato a ver “si descanso de la muela porque así no llego al final”.
Después retomaría con Pabellón séptimo y un Angel para tu soledad, sin dudas los temas de la vieja época los más disfrutados por la feligresía.
OTRA PAUSA
También se tomaría unos minutos y reiteraría las disculpas para expresar algo personal. Era el cumpleaños de su hijo Bruno y le dedicaría el show ya comenzado. A la hora de las salutaciones, también saludó a un sitio de Internet dedicado a su larga trayectoria como artista y su discografía.
En tren de intercambio con el público, también peticionó casi cual plegaria que no le tiraran más cosas al escenario porque se iba a caer.
Ella está tan linda y temas del Tesoro de los Inocentes y Porco Rex volvería a sacudir las miles de almas a esas alturas pletóricas de tanto rocanrol.
Esta vez, no hubo gestos para otros compositores y artistas del rock nacional, más bien se dedicó a repasar su vida musical de solista y, claro está, hacer mover el culito de los fanáticos fundamentalmente con lo que supo engendrar desde Patricio Rey y los Redonditos de Ricota.
Así repasaría también con el “El infierno está encantador” (Gulp), “Fuegos de octubre” (Octubre), “Juguetes perdidos” (Luzbelito), "Vamos las bandas", que fueron entremezclados entre las más nuevas como “Porco Rex” y “Pabellón séptimo” (El tesoro de los inocentes).
Ya para comenzar el domingo se destilaban los últimos acordes y el Indio cerraba un prolijo, sin demasiadas estridencias su último show del año para despedirse con una frase que dejó un gustito amargo en sus seguidores: "nos vemos lejos, tal vez en septiembre o diciembre".
En el final, como es habitual, el “pogo más grande del universo”, para sacudir las agitas miles de almas y "hacer temblar la ciudad" con su “Ji ji ji”.
El Hipódromo prendía toda la artillería de luces blancas para que se despertaran del sueño vivido. Ya todos, sin más fuerzas que las necesarias para caminar, se iban del circo de carreras cual peregrinación de una misa que no conoce de límites geográficas pero sí parece haber concebido una ceremonia común, la que se realiza en Tandil.
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