En vela, y en vilo
En El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Marx invoca a Hegel adjudicándole aquello de que ?todos los grandes hechos de la historia universal se producen dos veces, la primera vez como tragedia, y la segunda vez como farsa?.
Esta semana, a la Presidenta la asaltó un lapsus al rematar la idea con un paso de ?comedia?. Nada grave, si se entiende a la farsa como un acto de comedia breve, en comparación con su siempre sui géneris interpretación de los fenómenos sociales.
Sin pretenderlo, Cristina K continuaba dotando a la sentencia de un inexorable efecto boomerang. En su intento por adjudicar a los cacerolazos un carácter, si no desestabilizador, lisa y llanamente golpista, volvió a equivocar el camino.
Tanto como que el tono de su discurso y la foto posterior, con su marido regalándole un ?te amo mucho? para los flashes, remitieron como una mueca grotesca a aquel abrazo histórico de Perón y Evita, en su último 17 de octubre.
Atrás había quedado el alfil piquetero D?Elía y su salto al vacío de las víctimas de los conspiradores, y la aparición de Néstor en rueda de prensa, luego de cinco años de ostracismo mediático autoimpuesto, y de su nostálgica irrupción en la Plaza de Mayo al grito de ?la gloriosa JP?.
Demasiada parafernalia la del matrimonio presidencial, en tiempos en que urgen las soluciones a los problemas e irritan las puestas en escena.
Al menos esta vez, los K echaron mano, en un subrepticio golpe de timón, a una institucionalidad muchas veces prometida pero convenientemente archivada. Ahora, más por necesidad de un corte al conflicto agropecuario que por genuino respeto republicano, dejaron a merced de un Congreso hasta aquí afín la controversia.
Mientras tanto, el país se mantiene en vela, y en vilo, ante el crecimiento de una voraz criatura a la que llaman estanflación, cruel engendro del estancamiento al que su política lo llevó en los últimos cien días, y de la disparada del costo de vida que su Indec se empecina en distorsionar desde mucho antes.
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