Enfoque: ¿Quién tiene celular?
Apuesto a que el 99,99 % de los que leyeron el título, responderá afirmativamente.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailY renuevo esa apuesta si cambio la pregunta (¿Su celular funciona bien?); el 99,99 % dirá que no.
Los que rompimos la barrera de los 50 recordamos perfectamente cuando para hablar a Buenos Aires había que pasarle el número al telefonista de turno y escuchar el consabido “Llamada condicional”. Eso significaba que si las condiciones se daban (día calmo, a lo sumo con viento del sudoeste a no más de 15,4 Km/h, baja nubosidad, perros en silencio, cada gallina en su palo y ningún ovni circulando por la zona) a las cuatro horas, o al día siguiente… uno podía entablar diálogo con el amigo o pariente de la capital.
Décadas después, a días del año 2014, falta poco para estar tan incomunicados como entonces.
Celulares que no llaman, que no suenan, que conectan directo a los contestadores, que nos dejan hablando sin saber hasta dónde pudieron escucharnos…
Estamos hartos. Pero no sólo de eso. También de quejarnos ante máquinas sin sentimiento y obviamente sin respuestas.
Los celulares vienen cada vez con más funciones: sacan fotos, filman, mandan mensajes, son calculadoras, despertadores, anotadores, almanaques, mapas, GPS, pronosticadores, relojes, brújulas, radios FM, escuchamos música, grabamos, bajamos juegos…
En síntesis: un aparatito de 10 X 5 cm. hace de todo, salvo cumplir con la función específica por la cual a alguien se le ocurrió crearlo: para hablar por teléfono.
Desde ya que la culpa no la tiene el chancho sino quien le da de comer.
O sea: el pobre aparatito seguramente es una maravilla, pero depende de las empresas de telefonía móvil, que –al menos en nuestro país, y más aún en nuestra zona- lejos están de serlo.
La única opción parece ser la vana queja ante frías máquinas (si es que podemos comunicarnos), pagando lo que se les ocurra facturarnos y rogando que algún día en este ramo aparezcan empresarios responsables y funcionarios que defiendan de verdad los intereses de los consumidores.
Por ahora, mal que nos pese, eso es lo único que tenemos bien CLARO.
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