Entre dos fuegos
Señor Director:
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailHoy, tal vez estas palabras no hagan más que expresar lo que algunos, de una u otra forma, sentimos: desamparo.
Y sí, qué podemos sentir el resto de los argentinos ante este tire y afloje, partícipes involuntarios de dos sectores fundamentales de nuestro bendito país: Gobierno-campo, o viceversa.
Todos sabemos que el Gobierno tiene entre otras cosas el deber de preservar el normal y buen funcionamiento del país y por parte del campo, porque es uno de los sectores de una importancia irrelevante para la economía y desarrollo de nuestra Nación, el resto que venimos a ser el pueblo nos sentimos verdaderos rehenes de esta situación que nos tiene en el medio de una disputa que parece de nunca acabar.
Creo que a ninguno le quedará duda desde el lugar que estoy escribiendo y si así fuera, les digo que desde mi lugar de ciudadano que intenta sobrevivir en este marasmo de mentiras y caos que padecemos. Y seguro que el que lea esta nota no disentirá conmigo que el sector más postergado, oprimido, saqueado, devastado, burlado y como estos se me ocurrirían miles de adjetivos calificativos para definir al grupo más débil de nuestra sociedad (¡oh, casualidad! El hilo siempre se corta por lo más delgado, según dichos populares y nunca mejor citado para esta ocasión) es el pueblo, sin lugar a dudas, hoy por hoy el más nombrado, y está en boca de los otros dos, y qué curioso, ¿no? Los dos se rasgan las vestiduras por él.
Por un lado el Gobierno que habla de redistribución de la riqueza (que yo sepa Robin Hood robaba a los ricos para darle a los más pobres o el Gauchito Gil, algo más nuestro si se quiere), pero esta gente va a tener que hacer un serio replanteo y recurrir al diccionario y explicarles a sus funcionarios que la palabra redistribución no significa llevar más harina a su costal, sino devolver al pueblo en diversas formas como educación, salud, vivienda, seguridad, prevención e infinidad de cosas que se pueden lograr con una justa redistribución de los impuestos que se recaudan no sólo del campo, sino del mismo tributo que del ciudadano se obtiene; entonces el Gobierno en materia de pueblo tiene un cero (0), el campo también, cuando habla se hace eco de otra falacia, señores.
Se da cuenta señor director de lo que intento expresar; se sigue usando al pueblo como caballito de batalla, claro, porque la contienda no es en pro y para el pueblo; se entiende muy claro que si el campo para, las consecuencias las sufre el país todo. Pero también se entiende que de salirse el Gobierno con la suya, engordará aún más sus arcas debido al elevado porcentaje de las retenciones que aplicara recientemente y que de ser a la inversa, será el campo el que obtenga pingües de ganancia… Y el pueblo… ah, bien gracias, como siempre todo volverá a su normalidad, a la misma problemática de siempre tratar de luchar para sobrevivir.
Entonces me pregunto por qué no dirimimos las disputas sin rehenes, liberen al soberano que demasiado tiene con su carga, ¿no les parece?
Desde siempre el Gobierno fue recaudador de impuestos y sabemos que es un socio caro, que comparte sólo las ganancias, que no va a pérdidas, eso no lo vamos a descubrir ahora (parece que el campo sí). Claro que en el caso de un comercio pequeño su participación será pequeña, si tomamos el ejemplo de un productor de mil hectáreas, su presencia será más grande, pero también las ganancias lo son; que no nos traten como a ignorantes que no sabemos que el Gobierno metió la mano en el bolsillo de un ?pez gordo?, y que el mismo es uno de los sectores generadores de empleo y artífice de nuestra economía, pero también nuestro hermoso y bendito país está compuesto por miles y miles de argentinos que nada tenemos que ver con el campo y que sienten la frustración de no poder llevar lo mínimo indispensable a su hogar o darse un gusto de tanto en tanto, y por ellos quién vela; quién corta rutas y produce un inmenso malestar e incertidumbre económica en nuestro país.
A quién aducen cuando están hartos de estar hartos, salen a levantar un poco su voz y que la poca o mucha fuerza que puede ejercer se va diluyendo con la propia desidia del gobierno de turno.
De esta situación (hablamos de ochenta días de conflicto) no se beneficia nadie, es decir sí, alguien sí, los oportunistas de siempre que, aprovechando la circunstancia hacen desaparecer de sus góndolas productos vitales para la canasta familiar, o es mejor, la hacen aparecer luego vaya a saber a qué precio y aduciendo vaya a saber qué cosa y siempre es el pueblo que recibe el sablazo.
Que se entienda bien, que se disienta con la forma de encarar este reclamo no significa que esté en contra del sector agropecuario, que genere y obtenga el rédito acorde a su esfuerzo, como cada uno de los integrantes de esta bendita nación. Pero tampoco estoy a favor; por razón de sentido común no puedo consentir a quienes ponen en vilo la economía y seguridad de mi país, y tampoco estoy a favor del Gobierno que con su postura altanera y soberbia no hace marcha atrás en sus acciones (será tan grande la torta), ellos también ponen en riesgo nuestra integridad, si hasta se me antoja pensar que parecen dos niños peleando por una chupaleta.
Entonces libérennos, dejen de usarnos como sus escudos humanos y lleven su problemática y debátanla donde tengan que hacerlo, pero háganlo pronto; los tiempos se acortan y no somos precisamente una nación pudiente, por un lado, y por el otro, por favor, porque la verdadera perjudicada será siempre nuestra gente. Por todo lo expresado hago votos por una pronta solución para que unos sigan teniendo buenos tributistas y otros sus ganancias requeridas, y para que los dos, fundamentalmente, dejen de tener un rehén tan caro, el pueblo.
Jorge Cesario
DNI 14.913.325
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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