Esclavitud moderna
La trata de personas según la Organización de las Naciones Unidas ha escalado mundialmente al segundo lugar en cuanto a los delitos más graves, compartiendo la posición con el tráfico ilegal de armas. El primer puesto ?y no se trata para nada de un lugar honorífico- se lo sigue llevando el tráfico de drogas.
Esto demuestra a las claras el dinero que mueven los delitos contra la integridad de las personas en estado de vulnerabilidad, como los jóvenes, los niños y niñas, ya que son los más expuestos a ser explotados, por su condición de pobreza, por la falta de diálogo con la familia, porque pueden ser captados fácilmente a través de argumentos que les llevan a creer que es posible convertirse en modelos o estrellas de televisión o cine en un abrir y cerrar de ojos. Sólo que cuando los abren se encuentran lejos de casa, muy lejos y sin posibilidad de regresar, ya convertidos en esclavos modernos.
Y como es un delito del que no se habla mucho y sólo trasciende cuando tras una requisa se encuentra a inmigrantes hacinados trabajando, viviendo en condiciones infrahumanas, despojados de sus documentos y convencidos de que se quedaron sin derechos. O también durante el allanamiento de prostíbulos donde aparecen jóvenes indocumentadas provenientes de países de América central y del sur y también de algunas de nuestras provincias.
Porque la Argentina no escapa a estos aberrantes delitos que mutan todo el tiempo y se manejan a través de la connivencia con los intereses económicos prestándose los perversos intermediarios a convertirse en agentes del turismo sexual infantil, que cada vez tiene más demanda y según el diario La Nación, que cita a ?fuentes reservadas de la Policía Federal?, ?son utilizados unos 5.000 menores de entre 8 y 17 años, varones y mujeres, con fines de explotación sexual?. Esto sin duda se ve en Argentina, teniendo como epicentro Capital Federal y extendiéndose a la provincia de Buenos Aires.
La esclavitud moderna, que comprende todos estos horrores de los que hemos estado escribiendo, es una flagrante violación a los derechos fundamentales de las personas y el Estado tendría que involucrarse y comprometerse con esta problemática a través de campañas en jardines, escuelas y colegios secundarios. Nos preguntamos: ¿estos temas se discuten y abordan en los colegios a través de las artes escénicas, de la dramatización? Caminos viables para que todos participen y conozcan la cara del delito.
Es poco frecuente que se hable del comercio sexual, salvo que lo aborde la ficción, lo que no significa que la sociedad tome conciencia y lo considere como uno de los peores delitos que existen. Pero está entre nosotros y cada vez con una presencia muy fuerte, buscando incautos, personas y personitas vulnerables para convertirlas en esclavos modernos que terminan desapareciendo definitivamente, como si estuvieran muertos.*
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