Esta no la sabía
Nombrar a Leonardo de Genaro en cualquier círculo deportivo es como prender un barril de pólvora. Sus admiradores no terminan nunca de ensalzarlo y sus víctimas, porque no ha tenido enemigos a pesar de sus maliciosas picardías, de contar los vericuetos y los firuletes con los que los dejó mal parados. A veces, hasta se llega a la sorpresa cuando algún encumbrado dirigente comenta: ?Me daba miedo estar frente a De Genaro?. Es que su genio y sus extemporáneos arranques eran siempre imprevisibles.
Temible en los pesajes de la Federación Argentina de Box, con una moneda y un chicle podía mandar un mosca a pesado o viceversa. Cuando lo descubrieron inventó otro método. Al final sus boxeadores debían pesarse casi en soledad, evitando que Don Leonardo pudiera meter mano de cualquier forma.
Las anécdotas del ?Gordo? De Genaro, nacen casi en su adolescencia cuando me contaba don Alberto Festal -fundador de la Federación Argentina de Box- que De Genaro pasaba diariamente frente a su negocio en Boedo, deglutiéndose un pote de medio kilo de dulce de leche.
El ?Gordo? siempre fue reconocido como el ?alma mater? del Boedo Boxing Club, un título que no me suena extraño a las notas de Félix Daniel Frascara en los viejos números de la revista ?El Gráfico?. La contra, por esas épocas estaban en el Almagro Boxing Club y su presidente, Raúl Vozzi, tuvo la saludable idea de propiciar un enfrentamiento entre boxeadores de ambas entidades.
Ya para ese tiempo, el fanatismo y la vehemencia con que De Genaro defendía a sus boxeadores eran antológicas. Cuando ganaba alguno, gritaba a los cuatro vientos ?le dimos el pesto?. Si por una de esas daban empate, su conclusión, que escuchaba casi todo el estadio era: ?éste es un fallo vergonzoso, ganamos por un campo?. Y si el muchacho perdía, se recorría todo el ring side abrazando al perdidoso y repitiendo: ?Nos afanaron pibe, nos afanaron?.
Vozzi le ofreció una confrontación de ocho peleas, uno por categoría y asignándole un punto a cada club por pelea ganada. De Genaro aceptó los arreglos previos y cuando el ingenuo Vozzi, que de sobra conocía los antecedentes de su interlocutor, le preguntó por los jurados, muy fresco De Genaro le dijo: Uno del Boedo Boxing Club, otro del Almagro Boxing Club y el tercero uno neutral. ¿Y quién sería el neutral preguntó Vozzi? Y? podría ser yo, contestó De Genaro con toda naturalidad. El irreproducible exabrupto y el portazo de Vozzi terminaron con la idea del enfrentamiento.
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