Esta semana, el caso de una joven tandilense multifacética de las artes
?Tardé en hacer la carrera 6 años, dentro de los cuales pasé por muchas dudas probando otras carreras a la par de la que estaba estudiando?, se confiesa Miriam Petersen en diálogo con El Eco de Tandil.
-¿Tuviste esa inclinación artística de pequeña?
-Desde chica siempre tuve una gran inclinación por todo lo relacionado al arte. Estudié música en el Conservatorio Isaias Orbe de Tandil hasta los 17 años, ejecutando diversos instrumentos como piano, guitarra y flauta traversa. Instrumento que actualmente, junto con el saxo, sigo estudiando y tocando regularmente.
También estudié 3 años de artes visuales en la Escuela Vicente Seritti. Fueron muy buenos años en los cuales realicé tanto pintura y dibujo como cerámica y que me incentivaron a presentarme a concursos como el concurso de pintura para niños de Japón, en cual gané una medalla de plata y otra de oro en años consecutivos.
-¿De qué colegio egresaste en Tandil?
-Mi secundario lo empecé en la Escuela Polivalente, en la cual cursé 2 años haciendo contraturno de música. En ese momento se me empezaron a superponer las actividades y se me hizo complicado poder seguir con el conservatorio, el colegio doble turno, idiomas y algunas actividades más por lo cual me pasé al colegio San José, donde terminé los 3 años restantes. Elegir la carrera no me fue tarea fácil. Tenía intereses muy variados y además tenía que pensar en moverme de la ciudad para algunos de ellos. Me acuerdo que en la elección tenía de todo desde artes, música, escenografía, diseño hasta periodismo. Probé hasta con un test vocacional, el cual me inclinó hacia el diseño, inscribiéndome, entonces, en Diseño Gráfico.
-¿Y en Buenos Aires cómo te fuiste desarrollando?
-Ya en Capital, habiendo ingresado al CBC (Ciclo Básico Común) decidí cambiarme a mitad de año a Diseño Industrial, carrera a la cual no le había prestado atención antes pero que en ese momento llamó poderosamente mi atención. Era una mezcla de todo, el arte con lo concreto; la creatividad y la realidad; la tecnología y la funcionalidad. La carrera me abrió muchas puertas, conocí mucha gente, tuve profesores de gran renombre dentro del diseño argentino y me dio recursos válidos tanto para la profesión como para otras actividades artísticas. Se conocen materiales, técnicas y se incentiva mucho la creatividad. Me parece que todo diseñador también es un poco artista, pero desde otro lado. Al fin de cuentas todos queremos comunicar algo, algunos lo hacemos en forma de objetos, otros en imágenes, fotografías, música o por medio de la palabra y creo que todos los recursos son válidos. Siempre dije que el arte es lo que más me gusta de vivir y lo sigo sosteniendo, eso sí, no tengo dos años iguales, algunos años lo manifiesto con la música, otro con el diseño, otro pintando… En fin, una mezcla de todo pero sigo buscando. Quizás algún día llegue a combinar todo y logre lo que espero, pero mientras la búsqueda seguirá en pie.
-¿Tenés referentes?
-Muchos. Por el lado de la pintura, me inclino hacia la abstracción: Kandinsky, Miró, Picasso. Es difícil elegir uno porque de la historia del arte en general cuenta con grandes exponentes, cada uno en su estilo hizo lo mejor y supo aportar su granito de arena para el desarrollo de tal. A veces pienso que es como la música, nunca digo que me gusta un estilo en particular porque creo que cualquiera de ellos bien ejecutado es bueno. Es una cuestión de formas, mis referentes se acercan quizás a mi forma de comunicar. Y en esta etapa lo hago por medio de la abstracción comunicando una idea por medio de algo no figurativo.
-¿Actualmente qué estás haciendo?
-Desempeño mis artes de forma variada. Tengo mi estudio de diseño con una socia en Capital, donde realizamos diferentes trabajos a pedido. En general no nos dedicamos a algo en particular sino que a lo largo de este año tuvimos proyectos que incluyen desde gradas para teatros hasta un instituto de música. Hace unos meses también formamos parte de un proyecto conjunto: La Carpintería Teatro, un espacio cultural que inauguramos este año donde se realizan obras de teatro, danza, música y exposiciones. Es una linda experiencia, sobre todo porque arrancamos con el espacio desde el diseño del lugar y pudimos aportar cosas para sentir que es como nuestro segundo hogar.
Por el otro lado, la docencia me parece una muy buena experiencia y tuve la suerte de ser convocada. Por lo cual doy clases en la materia troncal de la carrera (Diseño Industrial) en la UBA, creo que el aporte es mutuo, uno se va nutriendo tanto de los alumnos como de los colegas (algunos de ellos ex profesores míos), con los cuales se crea una relación muy especial, más aún en una disciplina práctica. El ámbito del taller difiere en gran medida de lo teórico, se crea un clima de intercambio que favorece e incentiva lo creativo.
En este momento no estoy pintando mucho, quizás por falta de tiempo, quizás porque quería dejarlo estar y pensarlo más. El año pasado me descubrí como pintora en forma seria (antes lo hacía sólo como hobbie), hice pruebas de técnicas, estilo. Ahora creo que el siguiente paso es construir algo, un discurso, proyecto, algo más integral. Pero estoy en el plano de la idea, no tanto de la ejecución.*
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