Falleció Héctor Baiza, el párroco de Nuestra Señora de Begoña
Cerca de las 20.30 del domingo murió el padre Héctor Baiza, a los 79 años, quien atravesaba una cruel enfermedad. Hasta sus últimos días, fue el párroco de la iglesia Nuestra Señora de Begoña, destino al que llegó en 1992.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailSus restos fueron velados en la parroquia, donde ayer a las 15.30 el obispo monseñor Hugo Salaverry celebró una misa de cuerpo presente. Instantes más tarde, recibieron sepultura en el cementerio parque Pradera de Paz. Participaron de la despedida gran cantidad de sacerdotes de Tandil y la zona.
El padre Baiza había nacido en Las Flores el 29 de septiembre de 1933. Cuando era pequeño, su familia se radicó en Tandil, en el barrio de Villa Italia, al que regresó para su ordenación y para terminar su camino como sacerdote.
Concurrió a la Escuela 21, por la que profesaba un enorme cariño. Parte de la secundaria y el preparatorio los realizó en el Seminario de Azul, para culminar sus estudios en filosofía y teología en el Seminario Mayor San José de La Plata. Recibió la ordenación el 13 de diciembre de 1959 de parte del obispo Manuel Marengo, el tercero en la historia de la Diócesis de Azul.
Comenzó su ministerio en la parroquia Nuestra Señora de la Purificación de Ayacucho, luego pasó por la Iglesia Catedral de Azul, por la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Las Flores, Santa Elena de Loma Negra, Nuestra Señora de Fátima de Olavarría y la Escuela Sargento Cabral de Campo de Mayo.
En 1992 fue nombrado párroco de la iglesia Nuestra Señora de Begoña de Tandil, regresando a su querida Villa Italia. También fue capellán de la Primera Brigada Blindada y sucedió al padre Hugo Batelli en la Sexta Brigada Aérea.
En 1995 acompañó una misión de los Cascos Azules de las Naciones Unidas.
Impulsó muchas obras y proyectos en la comunidad local, sobre todo en la guardería y jardín de infantes Virgen de Begoña y en el Instituto Brigadier General Martín Rodríguez.
Sus amigos lo recuerdan como un hombre afable, humilde, generoso, alegre y positivo. Además, se preocupaba por la fraternidad sacerdotal y alentó y guió a jóvenes que tenían vocación religiosa.
Con una guardia de honor y el acompañamiento de la Banda Militar, el extenso y apesadumbrado cortejo fúnebre partió al son de la "Marcha de San Lorenzo", su canción preferida.
Que descanse en paz.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
Este contenido no está abierto a comentarios