Federico Carbia finalizó la serie rosa e inicia una nueva etapa en sus pinturas
Este año fue premiado por el salón de Arte Sacro con una de sus obras de la serie rosa. Tiene pensado continuar con la imagen de ?las pajareras?, aunque ingresando al mundo del color.
Para Federico, la premisa más importante es seguir trabajando y encontrando su imagen.
-¿Qué fue sucediendo con la serie rosa durante este año?
-Ahora estoy bajando todas las obras rosas, porque ya pinté la última. A mí lo que me interesa del trabajo, es el espacio. Ahora estoy ocupado con un espacio más geométrico y purista. El rosa me era un vehículo para trasladarme con más comodidad, no sólo con la forma que quería desarrollar. Me permitió ordenarme. El proceso hay que transitarlo y se le va dando forma. Hice un desarrollo de veinte pinturas rosas.
-¿Porqué tanto rosa?
-Imprevistamente me detuve en un color, que ha sido el rosa, que es estratégico. En lo personal, no es más que el blanco y el rojo, llevado a una paleta monocromática. He trabajado con 17 tonalidades. Como ya desarrollé el rosa, tengo que cortarlo, porque plásticamente es muy complejo. El extremo de mi trabajo fue hacer casi desaparecer la pajarera en el marco del rosa.
Las interpretaciones han sido múltiples, pero el rosa es tomado con mucho prejuicio. Es un color difícil de armonizar. Yo creo que lo pude manejar, sostener un año en el taller. Lo hice por placer, con ganas.
-¿Qué te llevó a crear las pajareras?
-Esto es lo que pasa todos los días por delante del taller donde estoy yo (NdR: Detrás del taller donde trabajan, el tío de Christian Amezcua tiene enorme cantidad de aves que han inspirado el nacimiento de las pajareras). Tomé todas las herramientas que el arte nos puede dar.
Yo dialogo con las pajareras… es algo que no busqué, pero se dio, en el encuentro con lo cotidiano. Uno complejiza mucho en el taller algo que es cotidiano. Ponerlo en palabras es complejo. Lo que me interesa mostrarle a la gente es la imagen.
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-Si bien decís que hay prejuicio con el rosa, fuiste premiado como artista tandilense en el Salón de Arte Sacro…
-Sí, pero tiene que ver con la lectura de los terceros. En términos generales, es lo que uno interpreta. Es tan complejo y tan fácil a la vez, que a veces uno no dimensiona lo que está haciendo. Para mí es el trabajo a corto, mediano y largo plazo. Estamos produciendo todo el tiempo, somos jóvenes con ganas de hacer y en lo único que estamos motivados es en el desarrollo de la imagen.
-¿Estás enviando tus trabajos a salones?
-Como estoy finalizando la serie no envié trabajos a salones. Las expectativas son muy personales. En este contexto, en el taller, el único resultado que espero de la obra es mío, en el lugar de trabajo. Yo me sincero en mi contexto, me interesa que el trabajo se valorice en el día a día. Es todo muy subjetivo, sobre todo cuando uno es joven. ?Que me encandile el rosa y no las críticas? suelo decir. Los jóvenes somos más vulnerables al contexto que tiene el arte. El tema es cómo uno quiere vivir con esto. Yo quiero vivir del arte siendo Federico. Así que hago muestras donde me gusta, o envío trabajos a salones que especialmente elijo. Hoy tengo muchas ganas de trabajar y es lo más importante que te puede pasar, porque hay muchas puertas abiertas en la tarea diaria. Hay que ver qué pasa. Yo busco poder expresarme libremente. Al existir tanta información es muy difícil depurarse…
-¿Y qué trabajo vas a emprender habiendo finalizado la serie rosa?
-Comienzo a pintar otra obra, con el mismo concepto de la pajarera, pero lo que va cambiando es la cuestión plástica. Uno va variando pequeñas cuestiones que lo llevan a distintos destinos. Como esto es una serie, va tomando forma. Ahora se viene el color, algo nuevo va a aparecer, aunque mucho más ordenado: va a potenciar la propuesta, el espacio que he desarrollado en este tipo de habitaciones, de tensiones que se han generado en mis cuadros. La pajarera siempre se sostiene, está adelante o atrás, entra en los juegos que uno va tratando de proponerle a la propia imagen. Y eso se vincula con los estados de ánimo, con lo que uno es en cada momento.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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