Federico Luppi afirmó que el cine continúa siendo una experiencia maravillosa del mundo moderno
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Luppi comenzó hablando acerca del oficio, de la carrera de actor que lo tiene como uno de los protagonistas más importantes de la filmografía argentina: “Hace mucho tiempo atrás uno pensaba que la trayectoria era una suerte de unción divina que le llegaba a uno por algún merecimiento súper terrestre, que fantásticamente estaba destinado a hacer algo importante en la vida; sin embargo, con el paso de los años y la dificultad mayor de que los esfuerzos produzcan frutos hace que uno aprenda las cosas importantes siendo cuidadoso de las propias fuerzas y una mayor modestia. Entonces lo que se llama carrera de actor, se usa así, por eso la llamamos, no creo en eso, ha sido una elección de algunas películas afortunadas, otras no, pero con una permanente curiosidad francamente pretenciosa y otras francamente banal, donde uno recoge esto que se llama la carrera”, expresó.
Y respecto al elegir, insistió: “He elegido bien en general, me he equivocado también pero no he hecho a sabiendas productos averiados o mercadería averiada. Esto en sí no tiene ningún mérito porque el actor en el cine, salvo el glamour que se desprende del mundo mediático, el actor, insisto, es un elemento tan importante como la lámpara en el cuadro fílmico y la escenografía o el vestuario, es un hilo muy delgado. No tiene más trascendencia que la que mete de su propio carisma, si lo tiene, pero todo lo que él haga, bueno, genial o mediocre depende de dos cosas, de un muy buen libro, si existe, y de un muy buen director, si existe. Sin esas dos cosas, a lo mejor el actor tiene que vender la imagen, la pinta, el cuerpo la mujer, pero no se hace ninguna carrera con eso”, resaltó.
“No es el actor, es el libro, el director”
“He tenido la suerte de encontrar directores importantes haciendo algunas películas con marcado éxito pero no se debe a mi presencia. A veces uno piensa que es así porque uno es un actor importante y le da a la película el lustre que falta, pero cuando la película es buena lo será igual de buena con otro actor, no es uno. Que quede claro”, volvió a insistir Luppi ante la audiencia que lo escuchaba atentamente.
Prosiguió entonces: “Porque lo que importa al espectador es la historia que sea atrapante, divertida, conmovedora, que sea vibrar y que nos haga sentir en algún rincón del alma que nos pega como si fuera una noticia divertida o luctuosa, que nos conmueva, que salgamos del cine con la sensación de haber asistido a una experiencia novedosa que le agrega a la vida un poquitín más de sal y que uno diga bueno, valió la pena. No es más que eso”.
Un ritual que no cesa
El cine encierra términos muy genéricos y un par de detalles importantes, el ritual de ir al cine, sentarse en la sala, que se apaguen las luces y saber que en esa pantalla mágica ocurren cosas que uno sabe que no ocurren todos los días, pero sin las cuales hacen la vida un poquitín más cálida, no digo amarga, más cálida. Y el cine en el mundo moderno ha promovido uno de los cambios culturales más grandes en la historia del hombre.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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