Fertilidad: la información que puede ayudar a decidir cuando todavía hay tiempo
Los avances en medicina reproductiva ampliaron las posibilidades para quienes desean tener hijos.
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Las técnicas de reproducción asistida experimentaron avances durante las últimas décadas. La fertilización in vitro, la vitrificación de óvulos y los diferentes tratamientos destinados a abordar cuadros de infertilidad ampliaron las posibilidades reproductivas de millones de personas en todo el mundo y modificaron, en muchos aspectos, la manera de pensar la maternidad y la paternidad.
Sin embargo, mientras la medicina ofrece cada vez más herramientas, persiste una pregunta que muchas veces queda fuera de la conversación: ¿cuánto sabemos realmente sobre nuestra propia fertilidad?
La Organización Mundial de la Salud estima que una de cada seis personas experimentará infertilidad en algún momento de su vida. Al mismo tiempo, en las últimas décadas se profundizó una tendencia hacia la postergación de la maternidad, en un contexto en el que las decisiones personales, profesionales, económicas y familiares intervienen cada vez más en el momento elegido para tener hijos.
En Argentina, un informe del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral detectó un crecimiento sostenido de la maternidad en edades más avanzadas. A su vez, un estudio de Voices indicó que el 77 por ciento de las argentinas considera favorable que una mujer tenga hijos después de los 40 años.
Entre los cambios culturales y las posibilidades que ofrece la medicina existe, sin embargo, una realidad biológica que no siempre forma parte de las conversaciones cotidianas sobre salud y planificación familiar.
“Muchas pacientes llegan a la consulta sin haber recibido nunca información sobre su reserva ovárica”, advirtió Liliana Blanco, directora de Procrearte. Según la especialista, una de las ideas que comenzó a ganar espacio dentro de la medicina reproductiva es la necesidad de incorporar la fertilidad al conjunto de controles preventivos vinculados con la salud femenina.
Conocer para poder decidir
Así como forman parte de los controles habituales estudios como el Papanicolaou, la colposcopía o las ecografías ginecológicas y mamarias, Blanco considera que también debería existir un mayor acceso a información sobre la reserva ovárica.
“Así como nosotros anualmente pedimos un Papanicolaou, una ecografía mamaria o una ecografía ginecológica, pedir un análisis de sangre que se llama hormona antimulleriana nos va a decir cuál es el remanente de folículos y óvulos que quedan en nuestro ovario”, explicó.
La posibilidad de conocer estos datos no implica, necesariamente, tomar una decisión inmediata respecto de la maternidad ni iniciar un tratamiento. El objetivo, según plantea la especialista, es contar con información que permita conocer mejor las características individuales y evaluar las alternativas disponibles a futuro.
En ese sentido, la fertilidad comienza a ser considerada por algunos especialistas como un aspecto más de la salud sobre el cual resulta importante estar informado, incluso cuando la búsqueda de un embarazo no forma parte de los proyectos inmediatos.
Qué información aporta la hormona antimulleriana
La hormona antimulleriana se transformó en uno de los indicadores más utilizados para evaluar la reserva ovárica. Según explicó Blanco, se trata de un estudio sencillo que puede realizarse en cualquier momento del ciclo y que permite conocer si la cantidad de folículos disponibles para una futura gestación se encuentra dentro de los parámetros esperables o si comenzó a disminuir.
Detrás de esta posibilidad de evaluación existe una realidad biológica: la fertilidad femenina no permanece estable a lo largo de toda la vida.
“Es importante saber que en las mujeres nuestro ovario se forma en la semana 20 de gestación, cuando estamos dentro del útero materno, con aproximadamente 10 millones de folículos y óvulos. Al momento de nacer quedan alrededor de 3 millones y cuando llegamos a la primera menstruación tenemos cerca de 400.000”, explicó la directora de Procrearte.
A partir de ese momento, la cantidad de folículos continúa disminuyendo de manera constante y no existe un mecanismo que permita detener ese proceso.
Sin embargo, los especialistas insisten en que la edad no es el único elemento que debe tenerse en cuenta. Uno de los conceptos centrales es la diferencia entre la edad cronológica y la edad biológica.
“La edad cronológica de nuestras pacientes no siempre es la misma que la edad biológica”, señaló Blanco.
En la práctica, esto significa que una mujer joven puede presentar una reserva ovárica disminuida, mientras que otra de mayor edad puede conservar parámetros reproductivos mejores de lo esperado. Por eso, conocer el estado de la reserva ovárica puede aportar información que no surge únicamente de la edad consignada en un documento.
La fertilidad no es solamente una cuestión de edad
El mensaje, entonces, no apunta únicamente a advertir sobre el paso del tiempo. La posibilidad de acceder a determinados estudios permite conocer, anticipar y tomar decisiones con mayor información.
Saber cómo se encuentra la reserva ovárica no obliga a ninguna mujer a buscar un embarazo ni a comenzar un tratamiento. Por el contrario, puede ofrecer herramientas para pensar el futuro reproductivo de acuerdo con los propios deseos, proyectos y circunstancias.
En ese contexto, la preservación de la fertilidad se convirtió en una de las alternativas disponibles para quienes desean postergar la maternidad por razones personales, profesionales o médicas.
La vitrificación de óvulos, por ejemplo, permite conservar células reproductivas y presenta una tasa de supervivencia superior al 90 por ciento. Esta técnica abrió nuevas posibilidades para aquellas mujeres que desean preservar sus óvulos para una eventual utilización futura.
Entre las expectativas y la realidad biológica
La especialista también advirtió sobre otro fenómeno que puede generar expectativas alejadas de la realidad más frecuente: la enorme repercusión que suelen tener algunos embarazos producidos a edades muy avanzadas.
“En el mundo y en la prensa amarilla hubo mujeres de 63 años que han tenido hijos”, señaló. Sin embargo, se trata de situaciones excepcionales que pueden instalar la idea de que las posibilidades reproductivas permanecen inalterables con el paso de los años.
La realidad biológica, sin embargo, es diferente. “A partir de los 40 años, el 70 por ciento de nuestros óvulos tienen alteraciones genéticas”, afirmó Blanco. Esta situación incrementa el riesgo de pérdida gestacional y reduce las probabilidades de lograr un embarazo con óvulos propios.
Además, con el aumento de la edad materna también pueden incrementarse determinadas complicaciones obstétricas, entre ellas la hipertensión, la diabetes gestacional y la prematurez.
En un contexto en el que la maternidad se posterga y los proyectos de vida son cada vez más diversos, los especialistas plantean la importancia de ampliar el acceso a la información sobre fertilidad. Conocer las características de la propia salud reproductiva no significa apresurar una decisión ni establecer un plazo para la maternidad, sino contar con más elementos al momento de pensarla.
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