Flavia Pelizardi fue premiada por su cuento ?Hiperacusia?
El jurado del Concurso fue integrado por Silvia Hopenhayn, Andrés Neuman y Claudia Piñeiro (Argentina), Gustavo Espinosa (Uruguay) y José Pérez Reyes (Paraguay). Seleccionó alrededor de 22 obras que se publicaron en la "Antología Itaú de Cuento Digital 2013", que se puede descargar en www.fundacionitau.com.ar
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl tercer premio, “Hiperacusia”, de Flavia Pelizardi, narra la historia de Juan, que comienza a sufrir un extraño trastorno que aumenta su sensibilidad auditiva, por lo que sonidos normales e imperceptibles se tornan no sólo audibles, sino molestos y hasta dolorosos. Juan decide escapar de los sonidos urbanos y buscar tranquilidad en la casa de campo de la familia.
Un fragmento
Llegaron. La casa estaba perdida al final de un camino delimitado por dos hileras de eucaliptus. La tranquera se abrió con un chirrido insoportable. Su hermano la aseguró al alambrado con el candado para evitar que esto volviera a ocurrir. Abrieron las puertas y ventanas con exagerada suavidad, como si cada abertura estuviera a punto de desprenderse de sus bisagras. Dejaron el bolso y las provisiones sobre la mesa. Su hermano se dirigió al auto y levantó la mano para saludarlo, se había acostumbrado a hablar solo cuando fuera absolutamente necesario.
Juan esperó a que el auto se alejara, se sentó debajo de la morera y se quitó los protectores auditivos. Escuchó el viento entre las hojas, los pájaros, y lo soportaba, aunque hubiera preferido que los sonidos se extinguieran completamente. Se echó sobre el pasto para adaptar sus sentidos a las nuevas percepciones. Sintió su cuerpo y, sobre todo, su cabeza más livianos, como si flotara, respiró profundamente y se entregó a la serenidad del campo, al tacto de la hierba húmeda, el aroma de los eucaliptos en primavera.
Estaba a punto de atravesar la delgadísima frontera que lo separaba del mundo de los sueños cuando un sonido inverosímil lo alertó. Era un sonido de rozamiento, como si una lámina de hule o resinosa se deslizara sobre otra. Aguzó el oído y notó que el sonido se repetía como un eco infinito, en todas las direcciones y con diferente intensidad, se multiplicaba como las primeras gotas de lluvia que dan paso al aguacero. Instintivamente se levantó, no tenía dudas, el sonido provenía del suelo. Con terror advirtió que el pasto estaba creciendo.
Palabras del jurado
José Pérez Reyes dijo: “Hiperacusia presta oídos a una particular temática en estos tiempos acelerados. Su buena prosa nos traspasa como un amplio sonido. Es cuestión de aguzar el oído para captar lo que nos cuenta más allá del diagnóstico”.
Andrés Neuman indicó: “Un texto de perturbadora extrañeza, donde la narratividad importa menos que la materialización poética de una obsesión sensorial. Como un Funes del oído, el protagonista no puede evitar registrar todos y cada uno de los ruidos del mundo. Su enfermedad acústica se transforma aquí en estilo y también en punto de vista, hasta alcanzar el sutil horror de la epifanía final.”
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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