Formas de escuchar
La muy complicada situación judicial, con serios ribetes institucionales, por la que atraviesa el jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri se convirtió en la vedette noticiosa de la semana. Superó en segundos radiales y televisivos, y centímetros de gráfica a cualquier movida K. Hasta al amago de la Presidenta de postularse para una reelección por encima de su marido.
La oposición, a excepción de un oficialismo nacional decidido a sacar de la cancha al potencial adversario, se mostró desorientada a la hora de adoptar una postura en torno al empresario ingeniero. Sobre todo cuando sospecha que más allá de las escuchas y de la tozuda y caprichosa torpeza del hombre ahora sin bigote se esconde un montaje K, aunque mucho más superficial que el acusado por el imputado.
Entonces, optó por un golpe de timón, y bajo el argumento de la inexcusable crisis institucional, ensayó una maniobra de despegue del todavía presidenciable más bien tardía.
Los tiempos judiciales y políticos decidirán la suerte del dirigente que desoyó la advertencia de distintos sectores políticos y sociales, justo es remarcarlo, sobre la inconveniencia del nombramiento del Fino Palacios al frente de la Metropolitana. Después llegaría el espionaje, una suerte de aparato paraestatal, y hasta la cuestión familiar como dato no precisamente de color.
Macri, mal acostumbrado a gozar de exageradas prerrogativas en todos los sillones que ocupó, sea en empresas familiares, la presidencia de Boca y ?ahora- la Jefatura de Gobierno, tomó de su propia medicina. Incursionó en el barroso camino cuyo tránsito, con razón, le criticaba al Gobierno K.
En el orden local, las aguas bajan de una manera menos turbia. Por eso los medios de comunicación pudieron ocuparse relajadamente del frío polar y del receso invernal, por caso.
La cuestión política volvió a centrarse en el debate por el déficit habitacional, y en las encontradas posturas que surgen desde los sin techo, la gestión Lunghi, la oposición y sus representados, y los vecinos que no aceptan la demanda de sus pares bajo el argumento de una adecuada dosis de justicia.
En ese contexto, el Gobierno trató de avanzar en el proceso licitatorio para la construcción de 50 viviendas en La Movediza, con recursos aportados por la Anses, pero continúa trabado en lo que respecta a los ocupantes del barrio Smata.
Las razones de su posición son archiconocidas. Como archisabido es también que, durante décadas, el Estado municipal no tomó como prioridad un fondo de vivienda que viniera a sumar su granito de arena al médano que deberían aportar Nación y Provincia.
Más o menos en eso anduvo la helada semana política en las sierras. Donde, como una ironía paradojal respecto a lo que sucede en Capital, el Gobierno L, montado al corcel de sus votos, no escucha a sus críticos.
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