Francisco Vistalli y su vínculo con la Asociación de Básquetbol
En la universidad, no estaba ausente en los equipos de fútbol y básquetbol, frecuentando diferentes clubes en los que se entrenaba en las diferentes variedades que ofrece el atletismo, según él, fundamento de todos los deportes.
Cuenta que a poco de su arribo a Tandil, con las inquietudes propias de quien les dedicó buena parte de su tiempo a las disciplinas deportivas, encendiéndose en su interior una incipiente chispa de dirigente que luego fue una llamarada, empezó a buscar un lugar en el que se pudiera armar una cancha de básquetbol.
Luego de recorrer varios sitios inconvenientes, le indicaron que en el fondo de la vieja casa de los Santamarina (en la calle 9 de Julio, donde hoy funciona la Galería de los Puentes) había un excelente solar con medidas más que suficientes para concretar el proyecto.
También le advirtieron que no le iba a ser fácil conseguir una respuesta afirmativa, puesto que el administrador de la familia Santamarina, que en ese momento era quien tomaba las decisiones sobre ese predio, no era una persona fácil. Más bien, estaba considerado como un viejo generoso, pero de pocas pulgas y trato bastante áspero con arranques de cascarrabias. Encima, sumamente cuidadoso en cuestiones de mangazo, más aún tratándose de bienes de terceros que estaban a su cargo.
Con las peores recomendaciones sobre su administrador y su mejor predisposición, Vistalli logró entrevistarse con esa especie de ogro que le habían pintado. El resultado finalmente fue positivo, el viejo no era tan amargo y no sólo lo atendió correctamente sino que allí pudo poner los tableros y los aros, marcar los límites y las llaves para finalmente concretar su propósito: Tener la cancha de básquetbol.
Nada tendría de curioso esta historia si no fuera porque años después ese supuesto viejo intratable, Aquilino Brivio, mi abuelo, se convertía en su suegro al casarse con su hija María Alicia, mi madre.
Felices 75 años Asociación Tandilense de Básquetbol, que ha transitado épocas brillantes y otras no tanto, pero que siempre, a través del espíritu de sus dirigentes se ha mantenido vigente y recordando permanentemente a quienes fueron las figuras que le dieron brillo e identidad.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil
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